El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

La Separación

leave a comment »

En esta ocasión, en el curso de Relatos se nos pidió que escribiéramos una historia con tres personajes que dejasen el final abierto. Le di muchas vueltas a qué tipo de historia podría contar, pero de una forma u otra siempre acababa volviendo a la fantasía. Hasta que un día antes del curso se me ocurrió una idea: ¿y si los personajes, en lugar de ser personas, fueran Dioses?

Llevo trabajando el trasfondo de Vilia desde hace más de quince años, y si bien siempre me había referido a la Separación como el momento de la creación del mundo, nunca había tenido la oportunidad de describirla. Durante este último año he trabajado en la definición del mundo con la intención de proponerlo como marco de campaña. Durante ese trabajo tuve la oportunidad de visitar la religión de la Terra Conocida y definirla con mayor detalle. Este pasaje que escribo a continuación me parece un ejemplo perfecto de los extractos que podrían tomarse de los textos sagrados que modelan las religiones existentes en este mundo fantástico.

Sería muy interesante captar las diferencias que podrían existir entre las versiones del culto a los diferentes Dioses de Vilia, que aunque relacionados entre sí, tienden a dar mayor importancia a aspectos concretos.

Este texto también está disponible en el blog de Vilia, en el siguiente enlace: http://vilia.es/2018/12/14/la-separacion/


El choque de sus espadas y de sus voluntades fue tan intenso que hizo temblar las estrellas del firmamento.

El vacío fue atravesado por destellos de luz divina y por zarcillos de oscuridad primigenia. Toda la creación se estremeció bajo la lucha feroz de dos hermanos que pugnaban por imponer sus designios sobre el lienzo hecho pedazos de la realidad.

Thrain empuñaba su espada con la ira justa del que había sido llamado Padre de los Dioses. Un halo de luz lo envolvía, convirtiendo el caos a su alrededor en titilantes lanzas que, como relámpagos, eran enviados contra su hermano y mortal enemigo. Levain, envuelto en un aura de caos y destrucción, se defendía deshaciendo los ataques que recibía en pura entropía, deslizándola de nuevo con sibilino ahínco contra el Gran Padre. Su espada hendía el espacio que separaba a ambos Dioses, deshaciendo la energía y la materia en polvo y en Caos; chocando contra el arma de Thrain en busca de un resquicio donde poder socavar su tenacidad desde el interior.

Los Dioses lucharon durante siglos, los cuerpos yacientes de sus aliados dispersos por el campo de batalla. Solo Liveta, la Diosa de la Luz y consorte de Thrain, observaba entre lágrimas el horror que tan desproporcionado combate había causado. No osaba intervenir.

La batalla parecía no tener fin. Ninguno de los Dioses cedía un solo milímetro. Cada estocada era detenida en un choque desgarrador. Cada finta era respondida con una defensa férrea. Cada argucia era desarticulada con una imparable fuerza de voluntad.

Entonces, Levain, sabiendo la imposibilidad de ganar a su hermano en una lucha justa, utilizó su última argucia. Bajando sus defensas se dejó golpear. El cuerpo y la consciencia del Dios Olvidado se estremecieron y cayeron al Caos Primordial que envolvía el campo de batalla. Thrain, viendo a su enemigo vencido, dejó descansar su espada y se dirigió a él, su justa furia ardiendo en su mirada:

-Tu traición acaba aquí, hermano. Prepárate para perderte en el caos eterno que tanto atesoras. No puedes vencerme.

Levain rio con sorna antes de contestar.

-Ya te he vencido, hermano -dijo haciendo un gesto con su mano, que comenzaba ya a deshacerse-. Mira a tu alrededor. ¿Qué queda de la creación que tanto anhelabas proteger? Todo lo que hay alrededor es Caos. La Separación que había predicho se ha cumplido.

Y Thrain observó y se dio cuenta de que su hermano, aún vencido, tenía razón. Su creación yacía en pedazos, dispersa por el firmamento. Muerta.

-Lo que fue creado una vez puede ser creado de nuevo -anunció Thrain con determinación.

E introduciendo sus manos en el Caos Primordial tomó los fragmentos de su creación anterior. Con sus dedos, guiados por su voluntad inquebrantable, fue creando un mundo: un lugar de orden en mitad del firmamento. Y lo iluminó con la luz y el fuego divino que eran suyos por derecho. Así fue creada la Terra Conocida.

Pero Levain volvió a reír entre estertores mientras su esencia se disipaba en el Caos a su alrededor.

-Estúpido -dijo-. Has llevado a cabo tu creación partiendo del Caos más absoluto. Este nuevo mundo porta mi propia semilla en su interior y algún día dará fruto. ¡He vuelto a ganar!

Y Levain se desvaneció por siempre, dejando a Thrain con un mundo iluminado pero no eterno, un trozo de orden envuelto en Caos, nacido del Caos. El Dios se lamentó, viendo su eterna derrota en la derrota del propio Levain, sabedor de que su destino sería el mismo que el de su hermano. Y fue entonces cuando Liveta, acercándose con afecto a su amado, le susurró al oído:

-No sufras, amor, porque tu creación no sea pura. No sufras por el odio de Levain ni por su engaño envenenado. Observa este nuevo mundo: inocente, recién nacido.

Thrain lo hizo y pudo ver infinidad de detalles en sus montañas, hermosas llanuras y largos valles, profundidades abisales en sus siempre oscilantes océanos. Y en todo ello vio Thrain lo quería decirle su amada y que, juntos, dieron a luz: esperanza.

-Este mundo merece ser guiado y cuidado para que pueda existir eternamente -concluyó el Justo Padre, y Liveta asintió.

-Tu deseo se hará realidad.

Y acto seguido Liveta, la Gran Madre, se inclinó sobre la Terra Conocida y la envolvió entre sus brazos. Con un suspiro dejó escapar una parte de su divinidad, impregnando con ella el mundo y dando forma a centenares de seres que lo habitasen. Con su último hálito, el más profundo, dio forma al ser humano y lo colocó a sus pies, envolviéndolo en su infinito amor.

-Esta creación es tanto tuya como mía -anunció Liveta volviéndose hacia Thrain-. Yo les enseñaré la bondad y el amor que los acerquen a la divinidad. Tú le inculcarás la fuerza, la lealtad y el sentido de la justicia necesario para que se mantengan firmes en su cometido divino.

>>Y juntos podremos salvar este mundo de la depredación del Caos.

Y así, ambos Dioses observaron su creación, complacidos.

Ninguno de ellos pudo sentir como una voz susurraba desde las profundidades del firmamento, como una letanía proveniente del Caos más infinito y primordial:

-…y el Caos llegará a todos los rincones de la existencia…

Written by Erizo

14/12/2018 at 11:31

Publicado en Uncategorized

Cruzadas

leave a comment »

El segundo día del curso no pude asistir. A través de correo electrónico recibí las instrucciones para el siguiente relato: debía elegir tres palabras y utilizarlas en la historia que escribiese. Pero había una particularidad: si elegía palabras positivas debía utilizarlas en un contexto completamente negativo, y si las palabras elegidas eran negativas debía utilizarlas en un contexto alegre o hermoso. Las tres primeras palabras que se me vinieron a la mente fueron: día, luz y gloria. Sabía que con ellas podría escribir un relato lúgubre y oscuro en los que metería alguna referencia religiosa, pero al principio no tenía muy claro si centrarme en la fantasía pura y dura o en algún momento histórico como el descubrimiento de américa o las batallas de la Armada Invencible. Fue a medida que iba dando forma al relato que me decidí por las cruzadas, convirtiendo al protagonista en el desafortunado Abdil.


Abdil despertó al chirrido de un chasquido de un látigo. Comenzó a alzar la mirada, pero un dolor agudo en el cuello y los hombros le hizo soltar un gemido. Un pitido agudo llenó su cabeza, martilleando sus sienes con fuerza.

Al mover las manos para masajearse la frente apenas logró levantarlas hasta su pecho. Unas pesadas argollas mantenían sus muñecas aprisionadas y, tan solo con su peso, le impedían moverlas con facilidad. Volvió a colocarlas con dificultad sobre la larga asta de madera que tenía ante sí y sobre la que había estado durmiendo.

Un nuevo chasquido. Un grito de dolor rasgando el aire salado.

Algunos gemidos se alzaron a su alrededor. Volaban preguntas en susurros, algunas en árabe y otras en cristiano. Cerca de Abdil un hombre sollozaba.

Entonces comenzó a amanecer un nuevo día. La luz del sol arrancó destellos de los escudos y las lanzas cristianas que se alzaban, amenazadoras, listas para la batalla. Un nuevo chasquido, un nuevo grito de dolor. Un remero caía al suelo, su sangre bañando las botas del caballero cristiano que traía en sus manos una promesa de gloria y rectitud. De tortura y muerte.

Abdil se inclinó, intentando ocultarse de su vista. Pecador a los ojos del conquistador, ya lo había perdido todo. Pero aún conservaba el deseo más primario de cualquier ser: el de sobrevivir un nuevo día.

Pero no sabía durante cuánto tiempo más podría hacerlo.

Written by Erizo

27/11/2018 at 23:47

Publicado en Relatos

Un nuevo comienzo

leave a comment »

En Octubre decidí apuntarme a un curso de relatos en Sevilla. Hacemos encuentros cada dos semanas y en cada uno de ellos se nos encarga hacer un relato para la siguiente sesión con algún tema o condición concretos. El primer día del curso nos pusimos por parejas y se nos animó a hacernos tres preguntas mutuamente. En base a las respuestas debíamos realizar un relato sobre la persona con la que estábamos hablando. Yo empecé a hablar con Alicia, una mujer que estudió Ingeniería Informática en la Universidad de Sevilla, igual que yo. La diferencia era que ella lo había hecho en 1989. Me imaginé cómo tenía que haber sido llegar a Sevilla en esa época para comenzar a estudiar una carrera desde Jaén, y de esa imagen nació este relato que, si se parece en algo a la realidad, apuesto a que es pura coincidencia. Gracias por la inspiración Alicia.

—-

Tras varias horas, el traqueteo del tren se había convertido tan solo en un murmullo y un rítmico balanceo. Ningún sonido del exterior lograba atravesar el espeso manto de cristal y conversaciones que aislaban a los pasajeros del resto del mundo, por lo demás brillante, que se extendía hasta el horizonte.

Los rayos de sol de un atardecer de finales de verano acunaban a Alicia, que se dejaba arrullar con la sien apoyada contra la ventana. Sus ojos parecían observar los campos amarillos de la ribera del Guadalquivir que pasaban con rapidez, pero su mirada estaba fija mucho más allá: entre frondosos y fragantes olivos. Junto a ellos todavía veía a sus padres como los había visto aquella mañana al amanecer: sonrisas preñadas de alegría y orgullo escondiendo el dolor por imaginar siquiera a su niña yéndose lejos. “¡Tan pequeña!”, parecían gritar sin palabras. “¡Pero tan lista!”.

Alicia suspiró, y su sonido se perdió entre el traqueteo del tren, las conversaciones y sus propios sentimientos, tan encontrados como los de sus padres. ¿Qué se le había pasado por la cabeza para decidir marcharse a Sevilla? Una ciudad tan lejana… Todo lo que encontraría allí eran desconocidos que la mirarían por hablar raro.

“Te van a decir que suenas como si fueras de pueblo”, le había advertido su madre. “Allí todos se creen que son señoritos”.

¿Se convertiría ella también en una señorita sevillana? ¿Tendría que cambiar su forma de hablar? Alicia se estremeció solo de pensarlo. Ni siquiera era consciente de cómo sonaba exactamente su voz, pero no le parecía ni más bonita ni más fea que la de los demás. Quizás un poco aguda, pero…

-Mi voz no es fea -dejó escapar en un susurro que se sobresaltó al escuchar.

-Puede ser, pero si no hablas más alto no te lo voy a saber decir.

Alicia se quedó completamente rígida, tanto que su asiento comenzó a parecerle incómodo. Conteniendo la respiración se volvió para ver como a su lado un joven la miraba con una amplia sonrisa.

-¿Disculpa? -fue todo lo que pudo decir. Un calor asfixiante comenzó a subirle por el cuello hasta las mejillas.

-Pues no -contestó el joven, su ancha sonrisa brillando a la par que sus ojos verdes-. Tu voz no es nada fea. Aún así, yo probaría otra vez.

-¿Te estás riendo de mí? -se atrevió a decir Alicia, convirtiendo su vergüenza en enfado.

-¡No, no! ¡Por la Virgen! No me estoy metiendo contigo. Es solo que el viaje se está haciendo ya muy largo y me apetecía charlar un rato con alguien. No tengo más ganas de leer.

Un viejo libro yacía sobre el regazo del muchacho, sus esquinas dobladas por el uso. Parecía pesado, casi tanto como su contenido, que venía titulado como: Aplicaciones del Cálculo Infinitesimal y Teorías de la Computación.

-¿Estudias informática? -preguntó entonces Alicia, sorprendida.

-Sí, éste es mi segundo año. Aunque todavía no he aprobado ninguna asignatura. Voy a presentarme a los exámenes de Septiembre.

-Me habían dicho que era una carrera muy difícil, pero no sabía que lo eran tanto como para no aprobar ninguna.

-Bueno -respondió el muchacho, su ancha sonrisa iluminando de nuevo su rostro-. En el campus de Reina Mercedes hay muchas distracciones. ¿Lo has visto alguna vez?

-No, pero espero hacerlo pronto. La semana que viene empiezo a estudiar allí.

-No me digas. ¿Informática, también?

Alicia asintió.

-¡Entonces vamos a ser compañeros! -concluyó su vecino de asiento, y frotándose la mano contra el pantalón se la tendió con alegría-. Me llamo Daniel.

-Yo soy Alicia -respondió apretando la mano de Daniel extrañada-. ¿En Sevilla saludáis siempre así a las mujeres? ¿Dándoos la mano?

La carcajada de Daniel inundó el vagón, en el que los pasajeros comenzaban a levantarse para buscar su equipaje.

-Lo siento, mi padre siempre me dice que soy demasiado formal. Dos besos.

Los dos muchachos volvieron a saludarse mientras el tren se detenía por fin. No tardaron mucho en encontrar su equipaje y bajar al andén de la estación, atestado de gente.

De repente Alicia se detuvo. La estación tenía el techo abovedado, construido en barras de metal que atravesaban la plataforma de los trenes de lado a lado. Decenas de arcos cubrían el piso superior a ambos lados de la bóveda, como si fueran ventanas abiertas al interior. Al fondo, una cristalera semicircular dejaba entrar los rayos del sol que parecían dar la bienvenida a los recién llegados.

-Oye Alicia, ¿es la primera vez que vienes a Sevilla? -preguntó Daniel, que seguía a su lado.

-Sí, es la primera vez. Me han dicho que tengo que coger un autobús desde aquí hasta Reina Mercedes. ¿Está muy lejos de aquí?

-No mucho. Si quieres te puedo acompañar a la parada. Y no te preocupes, seguro que te va a encantar esta ciudad.

Alicia asintió con una sonrisa. Estaba de acuerdo.

Written by Erizo

27/11/2018 at 14:13

Publicado en Relatos

Disensión

leave a comment »

Hay muchas opiniones en el día de hoy en internet. Muchos análisis de los hechos, muchas voces proclamando su visión sobre lo que ha ocurrido, porqué y qué es lo que va a ocurrir.

Hoy no quiero hablar de opiniones. Hoy quiero hablar de hechos.

Hoy se ha intentado llevar a cabo una acción que, en base a la legislación actual, es ilegal.

Hoy se han llevado a cabo actuaciones para, supuestamente, asegurar el cumplimiento de la ley que ha prohibido las acciones del día de hoy.

Hoy se han enfrentado personas con distintos puntos de vista, distintos cometidos y sentidos del deber. Lo han hecho como dos bandos, dos enemigos con objetivos opuestos que necesitaban librarse del otro para llevar a cabo sus objetivos.

Hoy ha habido heridos en ese enfrentamiento.

Hoy se ha impedido que gente que quiere expresarse lo haga. Quizás no como podrían hacerlo en la calle de forma individual, pero sí a través de un cauce que les está vedado. Supuestamente por ley. En última instancia, debido a la decisión (o los intereses, quién sabe) de alguien.

Hoy han aparecido los líderes de ambos “bandos” animando a sus seguidores a que lleven a cabo sus mandatos, sus objetivos. Ellos no estaban en la calle en el enfrentamiento, bien se han cuidado. Ellos no están heridos.

Ellos siguen hablando.

Y la gente, el pueblo, sigue sufriendo. Sigue sin poder hablar, ni expresarse. Quizás porque no sabe, entre tanto análisis enfrentado, entre tanta palabra vacía. Quizás porque no puede, porque no quiere, porque piensa que de todos modos, aunque hable, quién iba a escucharle.

Hoy, como viene ocurriendo en las últimas semanas, el pueblo español se ha dividido en dos. Un pueblo, una gente que es más parecida, que tiene… que tenemos mucho más en común que aquello que nos diferencia.

Hoy España se rompe, quizás porque nunca supo estar unida.

Written by Erizo

02/10/2017 at 0:31

Publicado en Política, Reflexiones

Historias y Recuerdos

leave a comment »

Lo más importante en esta vida es ser generoso sin esperar nada a cambio.

Eso decía Dolores cuando la vida decidió que tenía que llevársela a ella, a su marido y a sus hijos, a Cataluña.

El pueblecito donde se asentaron era pequeño y lleno de gente humilde. Allí su marido había logrado encontrar un empleo, y el que sería su hogar durante varios años se le antojaba a su llegada exótico y misterioso, al mismo tiempo que gris y frío. Dolores, llena de juventud y de una alegría que tan solo puede encontrarse en el Sur, no podía evitar echar la vista en esa dirección buscando en el horizonte un rastro de otra tierra, otras gentes, otra vida que se le hacía ya inevitablemente destinada a quedarse en el pasado.

Tres consuelos tenía Dolores ante el dramático cambio que se había obrado en su vida: su familia, que veía crecer con salud y fuerza; el mar, que si bien parecía distinto, ella lo reconocía en su reconfortante olor y presencia; y la rutina, en forma de orden y concierto que se esforzaba en otorgar a su alrededor, de cuidado, de compras, de entradas y salidas en un afán de ayudar y guiar a su familia.

Como parte de esta rutina, Dolores visitaba regularmente la iglesia, al igual que el resto de sus vecinos. Esta pequeña iglesia dominaba el también pequeño pueblo en el que ahora vivían, alzándose una corta torre de piedra sobre los tejados de las casas colindantes. Una campana repicaba cada media hora, anunciando el paso de un tiempo que aún a aquellas alturas Dolores no sabía determinar si, al pasar, lo hacía rápido o lento. Y en sus ventanas cuadradas, en su fachada seria y cubierta de musgo, en su puerta de pesada y oscura madera, ella veía un nuevo símbolo de calma, de familiaridad en un mundo y una vida que había cambiado de repente, sin haber tenido la decencia de avisarla.

El párroco de la iglesia era tan austero como el propio edificio. Hombre alto y extremadamente delgado, producto quizás de los años de guerra y de posguerra que parecían no quedar nunca lo suficientemente lejos. Su hábito negro con sotana y sus sienes orladas de un fino pelo grisaceo no hacían sino acentuar unas profundas ojeras y los huesudos y prominentes pómulos que configuraban su por lo demás pálido rostro. Sus palabras al decir misa, que mezclaban el catalán, el castellano y el latín, le parecían a Dolores tan grises como aquella iglesia, aquel pueblecito… en definitiva, aquella tierra lejana. Y se preguntó si en aquél lugar el color se había marchado como lo habían hecho ellos de su hogar, y en ese caso, cuál sería la dirección que habría tomado.

El regular paseo desde su pequeña casa hasta la iglesia, la penumbra de la capilla bañada por sendos haces de luz que se colaban por las ventanas de cristal cubierto de polvo, las palabras monótonas y el recitar martilleante de plegarias en latín coreadas por los asistentes… todo ello conjugaba un ambiente que, en definitiva, le resultaba conocido y familiar, y que la reconfortaba, le proporcionaba un punto de apoyo sólido en un mundo súbitamente cambiante.

Las horas de recitar plegarias casi de forma ausente, que Dolores sabía al dedillo desde su más tierna infancia, las amenizaba contemplando la imagen de una virgen que, tras el altar, dejaba caer tres lágrimas pétreas que parecían querer descender por el rostro de madera de la imagen. Al contemplarla, Dolores se encontraba probablemente a sí misma, doliente pero fuerte y tenaz. Y se preguntaba si también la Virgen sería capaz de, como ella, ver el gris que las rodeaba en aquel pequeño pueblo, aquella maltrecha tierra en aquellos tristes tiempos. Y se consolaba pensando que quizás, si bien pudiera no encontrar nada más en común con nadie en aquel lugar, ya sentía que alguien podía entenderla y acompañarla.

Un día, Dolores decidió que aquél retablo donde se encontraba su amiga y patrona debía antojársele descarnado y frío, aún a pesar de las pequeñas imágenes que decoraban sus facetas, y el oro que remataba los bordes y los marcos de noble madera. Fue el sábado antes de la misa cuando, aprovechando para hacer un mandado, se escabulló a las afueras del pueblo, casi perdiéndose en mitad del campo, para entretenerse en recoger flores. Así lo hizo una vez, y dos y tres ese mismo día de comienzos de primavera, cuando las flores comenzaban a despuntar con brillantes colores. Y cada vez que regresaba al pueblo con una cesta llena de flores, perfectamente ordenadas en manojos, se dirigía a la iglesia que permanecía abierta todo el día. Una vez allí, entre la lúgubre penumbra y los ominosos haces de luz, vestía Dolores a su Virgen decorando el retablo con cariño y paciencia.

El domingo llegó, y Dolores subió feliz de nuevo a la Iglesia, una inocente sonrisa bailando en su rostro, contenta de volver a su amiga y señora adornada en flores. Y en tal felicidad se perdieron sus pensamientos, que no se percató de que sus vecinos observaban también el retablo, asombados y cuchicheando.

Preguntas surgían en castellano y catalán, a las que Dolores no lograba prestar oidos; tamaña era su dicha. Y fue la profunda voz del párroco la que, retumbando en la pequeña capilla, silenció a los presentes y sacó a Dolores de su ensimismamiento.

-¡Mirad todos! ¡Mirad a nuestra virgen, cubierta de flores frescas y arreglada hasta el más mínimo detalle! -decía, su otrora severo rostro iluminado por una tenue sonrisa.

Y sus palabras dieron paso a un breve silencio donde se hizo patente lo obrado en aquél retablo. Tal había sido la humildad, tal la sencillez, tal el cariño que la imagen de aquella virgen parecía brillar con una luz propia hasta entonces desapercibida, iluminando a los presentes y las almas de cada uno de ellos. Por unos brevísimos segundos, todo un pueblo gris, sufridor y áspero debido a su historia reciente, halló un atisbo de luz y de color en su corazón, producto de una composición de flores silvestres tan sencilla y a la vez tan dulce que el frío que gobernaba huesos y ánimo se entibió ligeramente.

-¡Y mirad! -continuó el cura-. ¡Mirad que ha tenido que ser alguien que no es de este pueblo, ni de esta tierra… Ni siquiera de Cataluña, quien ha encontrado el tiempo y el amor en su corazón para vestir a nuestra virgen! ¡Bendita sea!

Y Dolores se sintió enrojecer, mientras todos los presentes la observaban entre admirados, agradecidos y humildes ante su propia demostración de humildad.

Prosiguió la misa, pero aquél día parecía una pizca más alegre, una pizca más cálida. Y saliendo de la iglesia, se acercaron todos los asistentes a felicitar a Dolores por su arte, por su gracia y por su demostración de cariño para con su pueblo.

Un pueblo donde Dolores pasaría años, ni más ni menos del que, posteriormente, querría haber pasado.

————–

Hay historias que no se olvidan, quizás no solo por haberlas escuchado muchas veces, sino porque desprenden una calidez que acaba achacándose al alma de algunas personas.

Son historias que no deberían perderse.

————–

Movie: “A man tells his stories stories so many times, that he becomes the stories. They live on after him, and in that way he becomes immortal.” – Big fish, with Ewan McGregor. Directed by Tim Burton. http://www.imdb.com/title/tt0319061/?ref_=ttqt_qt_tt

Written by Erizo

27/02/2016 at 12:55

Publicado en Reflexiones

Reencuentro – Parte I

leave a comment »

-Acercaos a mí -ordenó Iridal. Todos los presentes obedecieron con prontitud, y se congregaron alrededor de la hechicera en el salón de recepciones del Castillo de Media Esuarth-. Voy a volvernos invisibles, y luego lanzaré un conjuro que nos llevará a la entrada de Qumran.

>>Cuando lleguemos allí, procurad no soltaros. No podremos vernos los unos a los otros, estando invisibles. Y si alguno se pierde en la niebla…

Dejó la frase sin terminar, paseando sus profundos y acerados ojos pardos y deteniéndolos en cada uno de los allí presentes.

Dart-Dos sintió cómo los dedos de Kaith se aferraban con fuerza a su hombro. A excepción de ese pequeño detalle que tan solo pudo percibir el enano, la semi-atlante, todavía con cicatrices en el rostro, ofrecía un aspecto decidido e impasible.

-¿Qué haremos una vez estemos dentro? -preguntó Nessa, impaciente-. ¿Solo tenemos que buscar a esa enana y ya está? ¿Ella tiene las gemas de Taryc?

Taryc asintió a las palabras de la salvaje, pero no añadió nada más. Dart-Dos sabía que le estaba observando, y no pudo evitar un escalofrío. Frunció el ceño, molesto.

-Es posible que, si tal y como dice Taryc, esa enana se encuentra en una situación temporal extraña, se trate de la perturbación que siento en las Montañas Azules -añadió Kaith-. Si es así, quiero hablar con ella.

-Insisto en que me parece muy peligroso, Kaith. En estos momentos las Montañas Azules son el territorio de Levain. El riesgo es enorme -era Ashazaar quien, con gran educación, casi con cariño, increpó a Kaith en estos términos.

-Si esa enana está en la misma situación que yo, quizás sea la única persona que pueda decirme qué me está ocurriendo. No hay otra opción: debo ir -contestó Kaith, tajante.

-Y no irás sola -declaró Ashazaar sin dudarlo.

El grupo se sumió en un ominoso silencio, mientras unos y otros se dedicaban miradas de confianza, de determinación. Cualquier cosa, se dijo Dart-Dos, que pudiese calmar el incipiente miedo que se iba extendiendo en cada uno de sus corazones.

Él lo conocía. Ya lo había visto y lo había sentido en innumerables ocasiones, siempre antes de una batalla, durante la Guerra de la Separación. Con la experiencia había llegado a la conclusión de que ese miedo era lo único que los  podía mantener vivos.

Solo los locos no tienen miedo.

El delicado silenció se rompió cuando Iridal comenzó a entonar su hechizo. Con una mano, fue tocando a cada uno de sus compañeros, que se apresuraron a agarrarse a ella y aferrarse entre ellos mismos. Y súbitamente, con un fuerte tirón, como si algo los estuviese arrancando de la tierra misma, desaparecieron.

—–

Maeron se quedó solo en el gran salón de recepciones, sentado en un pequeño trono de madera que todavía no había sido reparado del todo. Se mesaba una barba incipiente, negra como el carbón, mientras no dejaba de mirar el lugar exacto donde el grupo había estado hacía escasos segundos, antes de ser transportados por la magia.

-Odio que hagan eso -murmuró.

Un vez más, tocaba esperar.

—————-

Castillo de Media Esuarth. 27 de Febrero del 1509 d.S.

Written by Erizo

17/02/2016 at 0:15

Leyendas

leave a comment »

Gothic Angel holding Demon - Luis Royo

Gothic Angel holding Demon – Luis Royo

-Había una vez -comenzó el bardo-, hace muchos años, antes de que los Dioses hiciesen a Terra tal y como es ahora, todos ellos vivían juntos y en paz. No existían el bien ni el mal. Tan solo había futuro y prosperidad. Y fue precisamente en esos días, los ultimos antes de la Separación, cuando ocurrió esta historia.

>>Habla de dos Dioses: Marmain, Diosa del agua, y Bahamut, Dios de la Fuerza… éste no era su verdadero nombre, pero más tarde pasaría a ser llamado así, quedando escrito en la historia… pero bueno, no nos adelantemos.

>>Estos dioses se amaban.

>>Eran felices el uno en la compañía del otro, y les gustaba volar sobre todo lo que habían creado: montañas, valles, ríos, glaciares… Y todas las cosas vivas que eran sus hijos, y que por aquel entonces habitaban el mundo.

>>Pero llegó un día en que los dioses se pelearon entre sí. Thrain, Dios de la Justicia, y Levain, Dios del Mal, hermanos en un principio y creadores del mundo, se separaron, y comenzaron una guerra devastadora. Bahamut era un gran amigo de Levain, mientras q Marmain era hija de Thrain. El odio entre ambas familias los separó sin que ellos pudieran hacer nada al respecto.

>>Y un día, Bahamut fue llamado por su amigo Levain para q formase parte de su ejercito.

>>A Bahamut se le presentó un gran dilema. Cómo decírselo a su amada? No soportaría verla llorar, y si ella le pedía que se quedase a su lado… era consciente de que entonces no podría cumplir con el encargo de Levain.

>>Así pues, esa misma noche, mientras la hermosa Marmain dormía, Bahamut abandonó el lecho que compartían, miró por última vez los azulados cabellos de su amada, y con lágrimas en los ojos se dirigió hacia la ventana. Y desplegando sus blancas alas, echó a volar…

>>Cuando Marmain se despertó al día siguiente, no encontró a su amado, y la preocupación y la pena la envolvieron. Durante varias semanas, Marmain no pudo comer (sea lo que sea lo que coman los dioses), y la pena empezó a consumirla.

>>Y entonces estalló la guerra.

>>El cielo se volvió rojo. El sol era un disco de un tono dorado muy gastado, como si estuviera viejo y cansado. De las nubes llovía ácido, y los mares se habían teñidos de sangre. Los Dioses lucharon, el bien contra el mal.

>>Y durante la lucha resonaban con fuerza varios nombres entre los seguidores de Thrain. Uno de ellos era el de Marmain.

>>Levain, Dios del Mal, había invocado demonios y dragones, ayudados por aquél que se hizo llamar el Señor de los Dragones. Los dioses benignos no tuvieron más remedio que defenderse. Convocaron seres d gran poder para ayudar en su lucha, pero la guerra parecía no tener fin.

>>Un día, Marmain fue llamada a presencia de Thrain, su padre. Se había corrido la voz de que el Señor de los Dragones se dirigía hacia ellos por el mar, y ella era la más indicada para detenerlo. Acompañada de 7 ángeles, se dirigió a la costa teñida de color rojo y dorado, y allí esperó a su odiado enemigo.

>>Y la batalla comenzó.

>>Mientras los dragones y los ángeles se enzarzaban en una peligrosa batalla aérea, Marmain buscó al Dios enemigo, y pudo divisarlo cubierto de una poderosa armadura negra, embozado su rostro en un yelmo, y con sus poderosas alas negras susurrando al viento. Se acercaba a su posición empuñando una maza de guerra rebosante de poder.

>>Marmain se lanzó al ataque, y cuál fue su sorpresa al ver que conseguía vencer al hombre de la armadura apenas sin dificultad. Ensangrentado y vencido, el enemigo descendió a tierra seguido de Marmain. Y una vez abajo… -el bardo se detuvo, su joven audiencia parecía contener la respiración.

>>Una vez abajo, el yelmo que llevaba se cayó, y reveló un rostro más que conocido para Marmain: Bahamut, Dios de la Fuerza. Señor de los Dragones.

Bardomero esperó a que las expresiones de sorpresa de los presentes se desvaneciesen por sí solos, regodeándose en la expectación.

-No se sabe exactamente lo que pasó después. Algunos dicen que Marmain asesinó a su marido por orden de su padre. Otros dicen que lo dejó marchar, y que nunca se volvió a dejar ver a causa de la vergüenza y la tristeza que vio en el rostro de su amada.

>>Lo q sí se sabe es que Marmain volvió a su pueblo victoriosa ese día. Sin embargo, aquellos que la vieron no encontraron ningún atisbo de regocijo en su mirada.

>>Pocos días después, Marmain murió. Fue, según se dice, la primera vez que un Dios dejó la vida eterna.

>>De nuevo, no se saben las causas. Algunos dicen que se dejó morir de pena, que la tristeza la consumió. Otros, que dejó escapar su inmortalidad para reunirse con el hombre al que días antes había vencido, en otro mundo donde estuviesen siempre juntos.

>>Pero lo que sí se sabe es que desde ese día, cuando vas a las playas de la Peninsula de Ibium, en Westfalia, puedes escuchar al atardecer un rumor extraño en el ir y venir de las olas. Como si alguien cantase tristemente una melodía lenta, hermosa y triste, a un amor perdido y por siempre anhelado.

>>Y bueno, la imagen que que tanto os ha impresionar, es aquella que se dice que se vio en la playa el día de la batalla, cuando Marmain encontró a su amado como enemigo.

Todos los muchachos presentes observaron el fresco del templo de Marmain con renovado respeto, sus ojos brillantes de expectación.

-Entonces, ¿ambos Dioses murieron? ¿Y por qué se los sigue adorando? -preguntó una muchacha pelirroja, pecosa, de profundos ojos pardos.

Bardomero sonrió mientras se encogía de hombros:

-No te sabría decir. Esa pregunta es para un sacerdote.

-¿Y cómo sabes entonces que lo que nos has contado es verdad? -contraatacó la joven.

-Porque el ser humano guarda su sabiduría en forma de palabras. Algunas escritas, y otras cantadas. Historias. Algunas son claras como el agua, mientras que en otras debes encontrar tú mismo qué parte es cierta, y qué parte no.

>>Pero te puedo decir que, en este caso, ésta es una leyenda que no me he inventado yo. Los ancianos la cuentan alrededor de hogueras en las playas de la península de Ibium a todo aquel que quiera escucharlos.

>>Y hay bardos que, como yo, la cantan en tabernas cuando quieren hacer que sus oyentes se pongan sentimentales.

Bardomero volvió a encogerse de hombros, mientras se levantaba. Su audiencia dejó escapar una queja débil y lastimera, deseosa de escuchar más historias. Pero el bardo se limitó a tomar sus pertenencias y encaminarse hacia la salida del Templo.

Sin embargo, antes de marcharse, se volvió de repente hacia la chica que le había preguntado y, con su eterna sonrisa en el rostro, depositó una pluma larga, blanca, en sus manos:

-Si alguna vez vas a Cartago -la invitó-, busca el Alto Templo de Marmain, o visita las playas. Allí estarán más que dispuestos a volver a contarte esta historia.

Capilla de Marmain en Kipavilla. 28 de Diciembre del 1508 d.S.

————

Esta historia fue contada por primera vez a través de Messenger en 2007, creada al momento para alguien importante por una razón importante… la misma que mueve la historia que se cuenta en Vilia. Como prueba de ello, este relato se ha acabado convirtiendo en una trama principal del misterio que rodea a los Dragoons y a los Atlantes. Y aún hoy, lo que pasó entonces y lo que ocurre en el momento presente de la historia con Marmain y Bahamut sigue sin estar del todo claro.

Este cuento fue un regalo. No ya un conjunto de palabras medianamente bien encadenadas que hablaban de Dioses, ángeles y seres con alas; sino un homenaje a un sentimiento y a dos personas.

Y así, mientras quede memoria, quedarán también los recuerdos. Permanecen de la misma forma que las imágenes de los álbumes que han pasado cerrados durante demasiado tiempo: desenfocadas y cubiertas de polvo, pero todavía reconocibles. Y así perdura también este homenaje, presente en la memoria de los adoradores de una Diosa en un mundo olvidado. Presente en un rincón, también cubierto de polvo, si bien cálido, de mi corazón.

Song: If I lay here
if I just lay here
Would you lie with me
and just forget the world?
– Chasing Cars, Jasmine Thompson, feat Snow Patrol
http://www.metrolyrics.com/chasing-cars-lyrics-snow-patrol.html

Written by Erizo

16/03/2015 at 1:11