El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

Alegría

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Escisión vivía a oscuras, aún a pesar de estar bañada en aquellos momentos por la rojiza luz del mediodía. La guerra se cernía como una guadaña invisible que amenazase todas las gargantas de sus habitantes. Las batallas se habían librado muy lejos de allí, y la sangre no bañaría nunca, con toda probabilidad, las calles adoquinadas de la ciudad. Sin embargo, todos conocían a algún amigo, algún primo, algún vecino que se había marchado varias semanas antes y que no había vuelto aún. Que probablemente no volvería.

El ánimo general se cerraba asfixiante sobre cada plaza, cada esquina, cada edificio. Las calles estaban muy poco transitadas, y el mercado vivía sus horas más bajas. Cuando algún vecino se aventuraba a salir de su vivienda lo hacía con prisas, furtivamente, esquivando los rayos del malsano sol rojizo que vertía dedos de cobre que apenas llegaban a calentar los huesos. Las conversaciones, cuando sucedían, estaban cargadas de susurros. La tristeza impregnaba la mayoría de las palabras, y el desasosiego culebreaba entre miradas llenas de ansia y desconfianza.

Y sin embargo, como dicen los sabios, hasta en la oscuridad más profunda puedes encontrar un atisbo de luz.

Una sonrisa cargada de estrellas alzándose inocentemente hacia el cielo, inundando sin darse cuenta a todos los que podían verla. Risas de marfil, frescas como el agua clara, salpicando sus alrededores sin cesar. Iluminando con un destello propio cada paraje sombrío, cada rincón de unas almas que el peso de los acontecimientos han dejado rotas y desesperanzadas.

A su paso, muchos hablarían de fantasía. Muchos hablarían de Magia. Y se equvocarían tan solo a medias. Rue era una niña especial en muchos sentidos, más de los que su padre o ella sabían (aunque Rue, a sus diez años, ya podía intuir algo a esas alturas). Sin embargo, lo que en esos momentos atravesaba Escisión en uno de sus días más negros no era un hada o una hechicera. Tan solo era una niña: inocente todavía, llena de sueños que no habían sido pisoteados por la condición humana; pues ella aún era pura y llena de vida. De posibilidades.

De esperanza.

A su alrededor, la luz fue llenando rostros en sonrisas. Otros niños la siguieron, y hablaron con ella. Durante un rato, en la plaza del mercado, incluso jugaron bajo la atenta mirada de los soldados entánicos, que aún a pesar de la situación de estado marcial que debían mantener en la ciudad no pudieron evitar observarlos con una sonrisa. Las madres los miraban inundadas de amor. Los ancianos lo hacían con entendida misericordia, mezcla de envidia y alivio. Los mercaderes detenían sus carretas y los increpaban, ociosos, para que se apartaran del camino.

Las risas rompieron por primera vez en meses el denso ambiente de Escisión. Y aunque solo fuese durante un rato, muchas fueron las personas que, de manos de una niña, recordaron lo que era la esperanza. Y que esa esperanza se encuentra, siempre, envuelta en un manto de Alegría.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Escisión, Entanas.
33 de Enero del 1509 d.S.

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Quote: “Alegría es el rostro de una niña brillante de sonrisas, sus ojos abiertos al mundo, un nexo entre fantasía y realidad”.

Mood: “Time goes by too fast!! >.<”

A game: Darksiders. Vigil Games, enero de 2010.

A song:
“I see a spark of life shining
Alegria
I hear a young minstrel sing
Alegria”
– Alegria. Cirque du Soleil, 1994.
http://grooveshark.com/#!/s/Alegria/2vwL7H?src=5

Written by Erizo

06/07/2012 a 0:32

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