El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

A matter of Trust

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Empezaré diciendo que acabo de terminar de ver el último programa de Salvados, de Jordi Evole. En esta ocasión, ha tratado sobre el Sistema Autonómico Español, y me siento inclinado a decir que el programa es todo un ejemplo a seguir en cuestión de investigación periodística y presentación de resultados. Cabe destacar que, en relación a un tema tan controvertido, Jordi y su equipo han logrado reflejar numerosos y muy diversos puntos de vista sobre el tema. No solo es muy útil para presentar una situación que estamos viviendo en nuestro país y la forma en que éste funciona con mucha cercanía, sencillez y gran número de datos; sino que para cualquier persona que disfrute dándole vueltas a este tipo de cosas y contrastando opiniones distintas es toda una oportunidad de contemplación.

Aprovecho para recomendar el programa, que se está mereciendo todas las alabanzas (y críticas) que recibe. Realmente es un chorro de agua fresca en el estanque denso y opaco en el que venimos nadando: Cafe para todos.

Continuaré diciendo que a mí personalmente, esta úlima edición me ha dado mucho, muchísimo en lo que pensar. La verdad, no soy un experto en materia política, ni conozco tan profundamente como me gustaría el sistema guvernamental español, mucho menos la legislación (con minúsculas excepciones). Lo que sí soy, en todo caso, es un analista de negocio y de sistemas. Y como tal, me siento tentado (creedme… muy, MUY tentado) a entrar a estudiar cada uno de los sistemas propuestos: sus ventajas, sus inconventes, los posibles riesgos y el grado en que pueden afectar al sistema… entrar a estudiar como se coordina con el resto de sistemas vigentes, ver cómo pueden acoplarse, relacionarse unos con otros, buscar una armonía… A exponer mis propias conclusiones, relacionadas con cada uno de ellos. Con la idea de sistemas de este tipo en sí, incluso. ¿Qué puedo decir? Me confieso ser un metagamer. Y un perfeccionista también, más aún en todo lo que se relaciona de alguna forma con mi trabajo. Pero en el fondo sé que entrar a observar todo esto en profundidad me llevaría más tiempo del que dispongo para ello. Muy a mi pesar, dejaré este tema aparcado para las charlas de café, comedor, y algún que otro post en twitter.

Así pues, iré al meollo que me ha traido hoy al editor de WordPress una vez más, que está relacionado con todo lo expuesto, y que me aleja en este caso de la tónica épica y fantástica de Vilia.

Si hay algo que quisiera resaltar de este programa, son dos cosas. La primera es que, al final, no importa realmente el sistema autonómico que escojamos. Sobre el papel, y en definitiva, cualquiera de ellos funcionaría. Pero no me quiero quedar en sistemas autonómicos: en general esto se puede aplicar a cualquier sistema de gobierno, de organización, de gestión… puede haberlos más eficientes o menos, más definidos, más complicados, más costosos… en el momento de la aplicación, eso da igual. Un sistema va creciendo a medida que se utiliza, y en cuanto esté bien definido el objetivo, el sistema en sí mismo irá encontrando, por fuerza del uso, todos aquellos atolladeros en los que pueda caer. Y los irá analizando y resolviendo.

Un problema no aparece cuando es necesario revisar y mejorar un sistema. El problema viene cuando quienes están encargados de administrarlo, de gestionarlo y de lograr que cumpla sus objetivos, no lo hacen correctamente.

Y volviendo a extrapolar todo esto, en este caso a nuestro sistema de govierno, llego a una conclusión a la que llevo dándole vueltas a la cabeza durante un tiempo ya: el problema que tenemos en España no es el sistema. Somos las personas.

Eso no quita que no haya que continuar arreglando, remendando y mejorando el sistema. Ése, al fin y al cabo, es parte de su propósito para con el objetivo inicialmente marcado. Lo que significa es que estamos preocupándonos de algo que, al fin y al cabo, no es realmente el fondo del problema.

Y podemos ver esta situación en nuestro día a día. No es algo que podamos aplicar tan solo a la política o a las empresas. Que, por supuesto también, teniendo en cuenta además su mayor impacto en su entorno. Tan solo es necesario mirar a nuestro alrededor, darnos cuenta de que todos incurrimos en este problema, en mayor o menor medida, queriendo o sin querer. Que antes de que empezamos a ver en qué nos hemos equivocado, estamos buscando la forma de que no se nos culpe, de desviar la atención, de no aceptar las consecuencias de la situación en la que estemos. No nos importa no hacer las cosas bien, pero todos esperamos que los demás (o al menos los que no “importan”) sí las hagan.

Si se han equivocado con el cambio en el supermercado y me han dado de más, qué bien, ¿no? Si voy con la música a todo volúmen y molesto a la gente a mi alrededor, ¿qué más da? Si no ayudo a alguien que está perdido, ya vendrá alguien que lo haga, ¿verdad? Si puedo cobrar mi sueldo en negro, ¡tengo el sueldo limpio! Si puedo cobrar sin facturar, no pago impuestos por este trabajo. ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Si me quedo con mil euretes de los que le han dado a mi proyecto, ¿quién se va a enterar? Si construyo este edificio con el dinero del presupuesto que me han dado para este año, ¿qué más da si el dinero me lo tengo que gastar? Y bueno, si ya me quedo con un pico, pues ole mis huevos. Oye, ¿y qué tal si metemos en factura a toda la familia de mi cuñado. Si son mucha gente, ¡pues creamos más cargos públicos y ya está!

Es esta cultura de “listos” que tenemos la que realmente nos está llevando a todos por el mal camino. Y si alguna vez nos pillan, ¡podemos excusarnos en que no somos los únicos que lo hacemos! “Si total, ¡no veas lo que se ha gastado el Gobierno Central!”

En esta situación, ¿cómo podemos esperar realmente que funcione sistema alguno? Un sistema se crea, como ya hemos dicho, para cumplir un objetivo. Debe ser mantenido, mejorado y optimizado. Pero eso es algo que debemos hacer las personas. Y por mucho que un sistema esté diseñado para cumplir con el objetivo que se le fijó inicialmente, si aquellos que deben llevarlo a cabo han olvidado, o han decidido olvidar, cuál era ese objetivo… no importará cuánto queramos confiar en el sistema. Siempre nos traicionaremos a nosotros mismos.

Me encuentro en un punto en que, si de verdad alguna vez confío en alguien, ya sea ciudadano, profesional o político, será porque lo oiga diciendo que quienes le acusan tienen razón, que se ha equivocado. Que acepta la responsabilidad de sus acciones.

Y que, de la forma que presenta a continuación, piensa hacer las cosas bien. Piensa arreglarlo.

Ya discutiremos cómo es esa forma. Al fin y al cabo, todos somos humanos.

Written by Erizo

28/11/2012 a 1:49

Publicado en Política, Reflexiones

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