El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

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Viaje a Gante, I

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Damas y caballeros, si hay dos ciudades de Bélgica a las que os aconsejo ir, si tenéis oportunidad, estas son Gante y Brujas.

Cierto, no he visto ninguna otra hasta el momento XD Cierto, tampoco es que sea yo aquí un viajero empedernido que ha visto cientos y cientos de ciudades y pueda comparar con todas ellas… Pero eso no quita las sensación que me ha producido visitar estas dos ciudades y, además, hacerlo mientras la nieve cubría sus calles.

Pero vayamos por partes. Como sin duda ya os habréis fijado, el título del post aparece numerados (sí, esa ‘i’ es en realidad un uno… números romanos, y esas cosas. Lo clásico nunca pierde su encanto). Y es que son tantas las cosas que tengo que contar sobre el viaje, que voy a dividir el post es tres partes. Por supuesto, todo irá acompañado por sus fotos correspondientes!

Empezaremos por el viernes. Esa mañana, como suele ser habitual en mí, me levanté bastante temprano. Sobre las nueve de la mañana sonó el despertador. Lo apagué. Comenzaba un nuevo día.

Volví a despertarme sobre las 10:30 de la mañana. Mierda, ya se me había hecho tarde… Pero bueno, entraba dentro de lo aceptable. No iba a poder trabajar mucho esa mañana, pero ya ves tú que pena…… (que no sirva de precedente, soy un buen trabajador y mi proyecto de fin de carrera lo demostrará XD). Tenía una cita preeliminar antes de ir a la universidad: tenía que comprar una bufanda del PSV para un amigo de mi querida amiga Peebles, que me esperaba allí en Gante. Salí a las nevadas calles eindhovenesas y no tardé en hacerme con una. For the record, os informo que el precio estandard de una bufanda oficial del PSV son 15 pavazos XD Si alguno quiere una, ya sabe lo que hay XD

Parque Infantil cercano a mi casa, totalmente cubierto de nieve.

Parque Infantil cercano a mi casa, totalmente cubierto de nieve.

La mañana en la universidad fue…. corta. Tal como llegué a la oficina, monté el portátil y nos fuimos a comer al Kennyspoort. No sé si os he hablado ya del Kennyspoort… aunque dado el tiempo que no escribo, es probable que no os haya hablado de muchas cosas. El Kennyspoort, según nos han contado, es una “Cámara de Comercio”… cosa que aún no sabemos exactamente qué significa, ya que no tenemos ni siquiera la más remota idea de para qué se usa ese edificio.

Eso sí, se come de puta madre, y muy baratito. Es un edificio bastante alto que se encuentra en las afueras del campus universitario. Parece bastante elegante, y suelen poner parte de las exposiciones que colocan por el resto de los edificios de la universidad (lo que alienta la sospecha de que el cometido del edificio está relacionado con la universidad, de alguna forma). El horario de comidas allí es de 11:45 a 13:30, y dentro de la variada oferta de viandas que podemos encontrar a nuestra disposición se encuentran bocadillos a dos euros, piezas de pan a diversos precios, chacina y queso, postres, leche (a los netherlandeses les pirra la leche en todas sus formas y expresiones), dos tipos de sopas distintas cada día, costando el cuenco cincuenta céntimos (probablemente el mejor producto del comedor en relación calidad/precio), frititos de esos que gustan tanto por aquí con precios entre un euro y dos euros y medio (más baratos que en cualquier otro sitio, exceptuando el supermercado), fruta, dulces, etc. No esperéis encontraros aquí un plato de lentejas de primero y un filetito de segundo, eso sí. En Netherlandia lo que se gasta es este tipo de comidas para almorzar, y hasta en precio es lo más barato que hemos encontrado.

Pero si este lugar tiene algo que le proporcione encanto, eso son dos detalles muy, muy importantes. Uno: que hay un piano en el comedor para que cualquiera que lo desee lo toque. No es raro estar comiendo mientras te amenizan con alguna canción de alguna banda sonora de película, o algo parecido. Además, a mí me encanta el piano… aunque es una pena que no lo sepa tocar mejor. Y dos, pero no por ello menos importante: hay máquina de café y chocolate caliente que dispensa gratuitamente. Ningún español, y repito: ningún español dejaría pasar ante sí semejante oportunidad. Y sí, el café no es que sea el mejor de Holanda… pero el chocolate está bastante aceptable! Y entra genial después de la comida, mientras charlas con los colegas!!

Zona arbolada cubierta de nieve, junto al Kennyspoort

Zona arbolada cubierta de nieve, junto al Kennyspoort

Pues bien, tras la comida y algo que podría catalogarse de trabajo si realmente no me conoces, mis dos compañeras preferidas (que por cierto, ya podríais ir pensando un mote o algo para poneros XD) y yo nos dirigimos a la estación de Eindhoven para tomar el tren que nos llevaría a Gante.

En total, el tiempo de viaje consistía en unas tres horas aproximadamente, y sería necesario hacer dos cambios de tren. No parecía muy compicado, y mientras estuviéramos en Holanda contaríamos con mi móvil para comprobar horarios y conexiones (sí, tengo móvil nuevo XD no se nota? XD).

La primera parada fue el Doordrecht, un pequeño pueblo que básicamente ni vimos, pues no salimos de la estación. Allí teníamos que enlazar con el tren internacional que nos llevaría a Bélgica. Sin embargo, el clima tan chungo que había estado habiendo todos estos días atrás nos pasó factura: el tren que teníamos que coger había sido cancelado, y teníamos que esperar una hora para coger el siguiente.

A estas alturas sabíamos que teníamos que pasar por otra ciudad holandesa, Roosendaal, que hacía de ciudad fronteriza y punto de unión con Bélgica. El sentido común (y un vendedor de tickets al que preguntamos) nos dijo que probablemente desde allí tendríamos más probabilidades de coger un tren que nos llevara a nuestra siguiente parada, ya que quizás desde allí salían más de los que pasaban por Doordrecht.

Aquí llegamos a una de las maravillas del sistema ferroviario holandés y, por extensión, belga: tú te compras un billete un día, pero no lo haces para una hora concreta, ni para unos trenes en concreto. Ni siquiera para unas ciudades en concreto. Con ese solo billete puedes hacer todas las escalas que quieras en las ciudades intermedias a aquella que has elegido como destino, y mientras el revisor te pille dentro de uno de los trenes que llevan en la dirección correcta, ni se coscan, oiga. En nuestro caso, eso significaba que desde Doordrecht podíamos cogernos un tren a Roosendaal sin ningún problema, y desde allí mirar qué trenes llevaban a Amberes, nuestra siguiente parada.

Cogimos el primer tren que iba en esa dirección, veinte minutos después de nuestra llegada a Doordrecht. Pero una vez en Roosendaal, nos dimos de frente con el verdadero problema: la linea que unía Roosendal y Amberes estaba bastante chunga, y los trenes estaban retrasados, en el mejor de los casos. Uno de los trenes que pretendíamos coger se canceló delante de nuestras narices, y nos vimos obligados a esperar más de una hora hasta que otro, que venía con más de 40 minutos de retraso, nos permitiera hacer el salto que nos ayudara a cruzar la frontera. Allí en Roosendaal aprovechamos para tomar un chocolate en un bar cercano, aunque el frío y el hielo de las calles hacía complicado e incómodo pasear más. Pronto acabamos en la estación de nuevo, encerrados en las salas de espera (donde había calefacción) mientras llegaba el tren.

Estación de Roosendaal

Estación de Roosendaal

Pero mereció la pena. El viaje a Amberes fue, probablemente, el más divertido que he hecho en tren en mi vida. Como consecuencia directa de la escasez de trenes que estaba habiendo, tuvimos que hacer el viaje de pie durante los casi cuarenta minutos que tardamos. Sin embargo, se me hizo cortísimo. Resultó que justo delante mía coincidí con un marroquí que vivía en Bruselas, y que sabía hablar español y dutch. Estuvimos conversando sobre Bélgica y Holanda un rato, aunque de vez en cuando éramos interrumpidos por tres mujeres belgas que parecían tener una fiesta privada entre ellas, y que no dejaban de reirse. Sinceramente, no sé qué es lo que decían, pues casi todo lo hablaban en dutch, pero no me reí más en un tren en mi vida XD Comenzaron a tirar pequeños dulces navideños tradicionales de holanda aleatoriamente en el tren, e incluso nos ofrecieron a los presentes. Eso bastó para que mi nuevo colega marroquí sacase una pequeña caja de chocolates y nos invitase a todos también. Luego acabamos compartiendo música con el móvil (no sé porqué, no les gustó el heavy metal… -.-), y cuando llegamos a Amberes, el chico marroquí incluso me dió su teléfono para que lo llamara cuando fuese a Bruselas! Menudo viaje! XD

Y por fin estábamos en Amberes (Antwerpen, para los letrados XD). Nos fuimos con prisa en busca de los trenes que llevarían a Gante, pero pronto no pudimos hacer más que pararnos, fascinados, para observar la increible obra que constituía la estación en la que estábamos. El enorme edificio tenía cuatro plantas distintas, desde el subsuelo hasta la parte superior. En todas ellas, los railes se amontonaban en parejas a lo largo de las plataformas que iban alejándose progresivamente del centro del edificio. Así, en la planta baja podías encontrar varios andenes distintos que llenaban el suelo, y podías ver la primera planta, como si fuera un alfeizar por encima tuya, con otros tantos andenes adonde los viejos trenes belgas llegaban y desde los que partían sin cesar. Así progresivamente, encontrábamos los tres pisos altos bordeando el trazado inferior, el ruido de las ruedas y los railes impregnándolo todo, la gente serpenteando en todas direcciones…

Interior de la estación de Amberes, tomada desde el nivel inferior, y mostrando tres de los cuatro niveles de la estación

Interior de la estación de Amberes, tomada desde el nivel inferior, y mostrando tres de los cuatro niveles de la estación

Hoy me han comentado que la estación de Amberes es como la Catedral de los Trenes. Creo que no existe una descripción más acertada.

Interior de la Estación de Amberes, tomada desde el piso superior, y viendo los cuatro pisos que la conforman

Interior de la Estación de Amberes, tomada desde el piso superior, y viendo los cuatro pisos que la conforman

Eso sí, seguía haciendo un frío del carajo XD Mucho en calefacción no gastaban. Por lo tanto, tras un pequeño gofre puntual (había que celebrar que estábamos en Bélgica!!), localizamos y nos montamos en el último de los trenes que nos llevaría hasta nuestro destino: Gante.

Y allí, esperándonos en la estación, estaba mi querida Peebles ^^

Por ahora, lo dejo aquí. Mañana seguiré contándoos, porque aún no os he dicho nada de la propia ciudad de Gante, ni de Brujas. Por ahora, disfrutad de las pocas fotos que he podido hacer, y si habéis llegado hasta aquí, gracias por soportar semejante lectura.

Por lo demás, no tengo mucho que contar. Las temperaturas hoy han subido un poco (véase, durante un rato hemos estado por encima de 0ºC), y he podido retomar el gimnasio, que se echaba en falta… -.- Sin embargo, también tengo que ponerme a trabajar. Pronto marcharé para Sevilla a pasar las navidades, y me gustaría llevarme el menor trabajo posible. Esta semana y media que queda será dura, pero entretenida.

Y mañana, a las 8 en planta!!! Así que, de nuevo, muchas gracias por vuestra lectura/ojeada/visita, y cuidaros mucho.

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Mood: “Still amazed for the ton of things I’ve seen”.

Quote: “En este mundo no se puede crear algo de la nada… por eso mismo hace falta crear otros mundos” – Vilia, Lost Chapters.

Song: “Eagle fly free
let people see
just make it your own way
leave time behind
follow the sign
together we’ll fly someday”
– Eagle fly free, Helloween
http://www.youtube.com/watch?v=yEepPe0PE6s

Written by Erizo

07/12/2010 at 1:13

Publicado en Eindhoven, Erasmus, Gante, Lugares