El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

Archive for the ‘Política’ Category

Odio

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Odio (m) – Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

A lo que añado que produce ceguera irracional, dirigida a algo o alguien que percibimos como una amenaza. Muchas veces dirigida al exterior cuando, en realidad, es a uno mismo a quien se detesta. A quien se teme.

Un odio que lleva a la desconfianza, a la búsqueda de diferencias que justifiquen la separación entre los “odiantes” y los odiados. Brechas que separan a las personas y que no logran más que fomentar aún más razones para odiarse. Aún más separación. Un ciclo sin final.

En las últimas semanas he tenido oportunidad de comentar este tema bastante a menudo con algunos seres queridos y de pasar un tiempo reflexionando sobre el tema. Coincide además que algunas series que veo lo han tratado también y tan solo es necesario poner las noticias para encontrar casos en el día a día. No me considero ni un filósofo ni un moralista. Sin embargo, creo que tener una opinión al respecto es importante y hoy se me escapan las palabras a través del teclado. Palabras que no pretenden más que hacer pensar, si acaso, a quien le apetezca hacerlo.

Viendo el odio

-Son diferentes.

-No pertenecen a esta tierra.

-No son como nosotros.

-Apestan.

-Son pobres.

-Son ricos.

-Nos roban lo que nos pertenece.

Hay algunas similitudes en estas frases. En ellas siempre hay un “nosotros” y, por encima de todo, siempre hay un “ellos”: una amenaza invisible que nos ayuda a creer que todo lo malo que nos ocurre tiene un culpable. Que está ahí, que puede verse y tocarse. Que uno puede enfrentarse a ellos. Incluso derrotarlos.

Y sin embargo raras veces es así. Raras veces un problema es tan sencillo como para resolverse quitando de la ecuación a un grupo de personas.

Es más fácil tener un enemigo a quien culpar y a quien enfrentarse que buscar formas de resolver los problemas que tenemos entendiendo sus causas y buscando soluciones. Hacerlo así obliga a pensar, a negociar, a invertir un tiempo que es mucho más importante que los objetos de ese odio. Y si el tiempo necesario para solucionar problemas (personales, sociales…) es demasiado para que merezca la pena, ¿no serán también esos problemas menos importantes? ¿Es mejor crear enemigos imaginarios que, además, puedan llegar a convertirse en enemigos reales?

Porque el odio engendra odio. Y todo ese odio lleva a la sangre.

Tiempos de Odio

En el último siglo hemos visto, en nuestro “civilizado” “primer” mundo, algunos de los ejemplos de odio más extremos de los que tenemos constancia en la historia de la humanidad. El epítome de ello se encuentra en el holocausto, sin duda, donde los judíos fueron masacrados solo por ser judíos. Pero desde entonces hemos visto muchos más ejemplos: en el racismo y la lucha por los derechos de la población de color, en el sexismo y la lucha de género, en la homofobia y los movimientos LGBTQ, en los nacionalismos de toda bandera y color.

En todos estos casos vemos el mismo eslogan disfrazado de rostros diversos y palabras diferentes: son antinaturales, son distintos, son obscenos. Son menos que nosotros. Son la culpa de nuestros problemas.

Volvamos a hacer nuestra nación grande de nuevo.

Imagen de Tumisu en Pixabay

El Odio como Herramienta

No nos damos cuenta de un par de cosas de vital importancia.

Por un lado, de que crear la división entre las personas solo nos va a llevar a un mundo dividido y en conflicto, olvidando que todos somos, en última instancia, humanos y que merecemos por ello ser tratados con respecto y con dignidad. Que las personas no son solo una etiqueta, una estrella en el pecho, un color de piel, una religión o una bandera sino mucho más. Señalando un rasgo particular de un conjunto de la población estamos olvidándonos de lo que los hace humanos: sus sueños, sus miedos, sus necesidades, su situación y su contexto social. Los convertimos en enemigos al otro lado de un campo de batalla al que podemos culpar de todos nuestros males y que no son, sin embargo, más que los objetos de descarga de miedos y frustraciones profundas que no nos van a solucionar nada.

Y por otro lado, no nos damos cuenta de que hay personas y movimientos que promuevan estas ideas. Deshumanizan a una parte de la población, personifican en ellos nuestros miedos y nos convierten en carne de cañón de un movimiento político, social o económico. Estas ideas y quienes hacen uso de ellas nos manipulan, dándonos esperanza de un mundo mejor en cuanto hayamos ganado la batalla contra quienes son distintos.

Odio en el Tiempo

No nos damos cuenta de que una vez que comenzamos a odiar, el odio nunca se acaba. Habrá ataques. Se librarán batallas, dialécticas y de muchas otras formas. Todas las partes, personas individuales en última instancia, harán cosas de las que en el futuro se arrepentirán. Y que darán razones a los agredidos para continuar con el ciclo de odio, a propagarlo en el tiempo, extenderlo en una espiral eterna.

Incluso si un bando venciese, los problemas por los que la batalla comenzó no tienen por qué desaparecer. Será entonces necesario un nuevo objeto del odio, enraizado ya, para seguir corriendo en una huida sin fin hacia delante.

El odio solo lleva al sufrimiento. A la división. A la violencia. A la muerte.

Marko Nikolic / EyeEm / Getty Images

Consciencia y Futuro

Pensemos. Seamos conscientes de la situación, de nuestras emociones. De nuestros problemas.

Es cierto que no nos han enseñado a hacerlo, por lo que ese camino es doblemente más difícil. Pero también es el que puede llevarnos a un mundo en el que nos podamos sentir mejor, más satisfechos, más humanos. Un mundo en el que podamos luchar todos juntos por derribar las barreras que nos separan, para lograr que podamos trabajar codo con codo para encontrar la solución de los problemas.

Es duro, sí. Requerirá esfuerzo continuo, sin duda. Habrá que trabajar todos los días en nosotros mismos y en nuestros problemas, tendremos que aprender a escuchar, a comunicar y a negociar. Tendremos que luchar contra el odio, contra la salida fácil que no es ni salida ni, en última instancia, fácil.

Pero todo ese trabajo y ese esfuerzo merecerá la pena.

¿Es capaz el ser humano de enfrentarse a sus sentimientos más oscuros, sin embargo? Ah, ésa es una reflexión para otro día.

Written by Erizo

17/08/2020 at 14:06

Disensión

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Hay muchas opiniones en el día de hoy en internet. Muchos análisis de los hechos, muchas voces proclamando su visión sobre lo que ha ocurrido, porqué y qué es lo que va a ocurrir.

Hoy no quiero hablar de opiniones. Hoy quiero hablar de hechos.

Hoy se ha intentado llevar a cabo una acción que, en base a la legislación actual, es ilegal.

Hoy se han llevado a cabo actuaciones para, supuestamente, asegurar el cumplimiento de la ley que ha prohibido las acciones del día de hoy.

Hoy se han enfrentado personas con distintos puntos de vista, distintos cometidos y sentidos del deber. Lo han hecho como dos bandos, dos enemigos con objetivos opuestos que necesitaban librarse del otro para llevar a cabo sus objetivos.

Hoy ha habido heridos en ese enfrentamiento.

Hoy se ha impedido que gente que quiere expresarse lo haga. Quizás no como podrían hacerlo en la calle de forma individual, pero sí a través de un cauce que les está vedado. Supuestamente por ley. En última instancia, debido a la decisión (o los intereses, quién sabe) de alguien.

Hoy han aparecido los líderes de ambos “bandos” animando a sus seguidores a que lleven a cabo sus mandatos, sus objetivos. Ellos no estaban en la calle en el enfrentamiento, bien se han cuidado. Ellos no están heridos.

Ellos siguen hablando.

Y la gente, el pueblo, sigue sufriendo. Sigue sin poder hablar, ni expresarse. Quizás porque no sabe, entre tanto análisis enfrentado, entre tanta palabra vacía. Quizás porque no puede, porque no quiere, porque piensa que de todos modos, aunque hable, quién iba a escucharle.

Hoy, como viene ocurriendo en las últimas semanas, el pueblo español se ha dividido en dos. Un pueblo, una gente que es más parecida, que tiene… que tenemos mucho más en común que aquello que nos diferencia.

Hoy España se rompe, quizás porque nunca supo estar unida.

Written by Erizo

02/10/2017 at 0:31

Publicado en Política, Reflexiones

A matter of Trust

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Empezaré diciendo que acabo de terminar de ver el último programa de Salvados, de Jordi Evole. En esta ocasión, ha tratado sobre el Sistema Autonómico Español, y me siento inclinado a decir que el programa es todo un ejemplo a seguir en cuestión de investigación periodística y presentación de resultados. Cabe destacar que, en relación a un tema tan controvertido, Jordi y su equipo han logrado reflejar numerosos y muy diversos puntos de vista sobre el tema. No solo es muy útil para presentar una situación que estamos viviendo en nuestro país y la forma en que éste funciona con mucha cercanía, sencillez y gran número de datos; sino que para cualquier persona que disfrute dándole vueltas a este tipo de cosas y contrastando opiniones distintas es toda una oportunidad de contemplación.

Aprovecho para recomendar el programa, que se está mereciendo todas las alabanzas (y críticas) que recibe. Realmente es un chorro de agua fresca en el estanque denso y opaco en el que venimos nadando: Cafe para todos.

Continuaré diciendo que a mí personalmente, esta úlima edición me ha dado mucho, muchísimo en lo que pensar. La verdad, no soy un experto en materia política, ni conozco tan profundamente como me gustaría el sistema guvernamental español, mucho menos la legislación (con minúsculas excepciones). Lo que sí soy, en todo caso, es un analista de negocio y de sistemas. Y como tal, me siento tentado (creedme… muy, MUY tentado) a entrar a estudiar cada uno de los sistemas propuestos: sus ventajas, sus inconventes, los posibles riesgos y el grado en que pueden afectar al sistema… entrar a estudiar como se coordina con el resto de sistemas vigentes, ver cómo pueden acoplarse, relacionarse unos con otros, buscar una armonía… A exponer mis propias conclusiones, relacionadas con cada uno de ellos. Con la idea de sistemas de este tipo en sí, incluso. ¿Qué puedo decir? Me confieso ser un metagamer. Y un perfeccionista también, más aún en todo lo que se relaciona de alguna forma con mi trabajo. Pero en el fondo sé que entrar a observar todo esto en profundidad me llevaría más tiempo del que dispongo para ello. Muy a mi pesar, dejaré este tema aparcado para las charlas de café, comedor, y algún que otro post en twitter.

Así pues, iré al meollo que me ha traido hoy al editor de WordPress una vez más, que está relacionado con todo lo expuesto, y que me aleja en este caso de la tónica épica y fantástica de Vilia.

Si hay algo que quisiera resaltar de este programa, son dos cosas. La primera es que, al final, no importa realmente el sistema autonómico que escojamos. Sobre el papel, y en definitiva, cualquiera de ellos funcionaría. Pero no me quiero quedar en sistemas autonómicos: en general esto se puede aplicar a cualquier sistema de gobierno, de organización, de gestión… puede haberlos más eficientes o menos, más definidos, más complicados, más costosos… en el momento de la aplicación, eso da igual. Un sistema va creciendo a medida que se utiliza, y en cuanto esté bien definido el objetivo, el sistema en sí mismo irá encontrando, por fuerza del uso, todos aquellos atolladeros en los que pueda caer. Y los irá analizando y resolviendo.

Un problema no aparece cuando es necesario revisar y mejorar un sistema. El problema viene cuando quienes están encargados de administrarlo, de gestionarlo y de lograr que cumpla sus objetivos, no lo hacen correctamente.

Y volviendo a extrapolar todo esto, en este caso a nuestro sistema de govierno, llego a una conclusión a la que llevo dándole vueltas a la cabeza durante un tiempo ya: el problema que tenemos en España no es el sistema. Somos las personas.

Eso no quita que no haya que continuar arreglando, remendando y mejorando el sistema. Ése, al fin y al cabo, es parte de su propósito para con el objetivo inicialmente marcado. Lo que significa es que estamos preocupándonos de algo que, al fin y al cabo, no es realmente el fondo del problema.

Y podemos ver esta situación en nuestro día a día. No es algo que podamos aplicar tan solo a la política o a las empresas. Que, por supuesto también, teniendo en cuenta además su mayor impacto en su entorno. Tan solo es necesario mirar a nuestro alrededor, darnos cuenta de que todos incurrimos en este problema, en mayor o menor medida, queriendo o sin querer. Que antes de que empezamos a ver en qué nos hemos equivocado, estamos buscando la forma de que no se nos culpe, de desviar la atención, de no aceptar las consecuencias de la situación en la que estemos. No nos importa no hacer las cosas bien, pero todos esperamos que los demás (o al menos los que no “importan”) sí las hagan.

Si se han equivocado con el cambio en el supermercado y me han dado de más, qué bien, ¿no? Si voy con la música a todo volúmen y molesto a la gente a mi alrededor, ¿qué más da? Si no ayudo a alguien que está perdido, ya vendrá alguien que lo haga, ¿verdad? Si puedo cobrar mi sueldo en negro, ¡tengo el sueldo limpio! Si puedo cobrar sin facturar, no pago impuestos por este trabajo. ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Si me quedo con mil euretes de los que le han dado a mi proyecto, ¿quién se va a enterar? Si construyo este edificio con el dinero del presupuesto que me han dado para este año, ¿qué más da si el dinero me lo tengo que gastar? Y bueno, si ya me quedo con un pico, pues ole mis huevos. Oye, ¿y qué tal si metemos en factura a toda la familia de mi cuñado. Si son mucha gente, ¡pues creamos más cargos públicos y ya está!

Es esta cultura de “listos” que tenemos la que realmente nos está llevando a todos por el mal camino. Y si alguna vez nos pillan, ¡podemos excusarnos en que no somos los únicos que lo hacemos! “Si total, ¡no veas lo que se ha gastado el Gobierno Central!”

En esta situación, ¿cómo podemos esperar realmente que funcione sistema alguno? Un sistema se crea, como ya hemos dicho, para cumplir un objetivo. Debe ser mantenido, mejorado y optimizado. Pero eso es algo que debemos hacer las personas. Y por mucho que un sistema esté diseñado para cumplir con el objetivo que se le fijó inicialmente, si aquellos que deben llevarlo a cabo han olvidado, o han decidido olvidar, cuál era ese objetivo… no importará cuánto queramos confiar en el sistema. Siempre nos traicionaremos a nosotros mismos.

Me encuentro en un punto en que, si de verdad alguna vez confío en alguien, ya sea ciudadano, profesional o político, será porque lo oiga diciendo que quienes le acusan tienen razón, que se ha equivocado. Que acepta la responsabilidad de sus acciones.

Y que, de la forma que presenta a continuación, piensa hacer las cosas bien. Piensa arreglarlo.

Ya discutiremos cómo es esa forma. Al fin y al cabo, todos somos humanos.

Written by Erizo

28/11/2012 at 1:49

Publicado en Política, Reflexiones