El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

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Introducción a Vilia

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“Siéntate, joven, y haz un poco de compañía a este anciano.

“Me buscabas, ¿no es verdad? Claro que sí. No te sorprendas, muchos lo hacen. Ni eres el primero, si serás el último. Pero por ahora, eres tú quien me tiene aquí delante. ¿Qué vas a hacer?

“¡Ah! Reconozco esa mirada. No la confundiría con ninguna otra. Buscas respuestas, ¿no es así? Entonces empiezas con buen pie: el primer paso para encontrar la verdad es ser consciente de que, posiblemente, no la conozcas. No te diré que mis palabras encierran esa verdad que tanto ansías. Más allá de lo que han visto estos viejos ojos puede esconderse cualquier cosa. Sï, cualquier cosa… ¡Y no han visto poco, estos ojos! No señor. Pero como bien decía el bardo: ‘afortunado sería cambiar todo lo que uno sabe por la mitad de lo que desconoce’…

“Pero me pierdo entre desvaríos, y veo que que te corroe la impaciencia, ¿no es así? Lo entiendo, lo entiendo perfectamente. Yo también fui como tú, hace ya muchos años. Un aventurero en busca de gloria, de riquezas. Deseaba que mi nombre figurara en la historia. Y logré todo eso, y muchas cosas más… Tristeza. Dolor. Pérdida… A veces me pregunto: ¿mereció la pena? Pero si bien yo tengo mi propia respuesta, en tu caso es algo que debes descubrir tú, amigo… Si bien te digo que solo aquél que no se arriesga a sufrir y a perder, es quien descubre con toda seguridad que su vida ha sido en vano.

“Pero vamos a lo que nos interesa…

Tavern - by anotherwanderer

Tavern – by anotherwanderer

 

“¿Qué es Vilia? Debo reconocer que no es una palabra que escuche muy a menudo… y desde luego no es algo que sea sencillo de explicar.

“Veamos… Vilia no es algo. Lo es… todo.

“Sí, sé que suena extraño, pero es lo más cerca de la realidad que soy capaz de expresar con palabras. Vilia es una palabra antigua, Ya casi olvidada. Y menos aún se recuerda su significado. ¿Yo? Tan solo la escuché de boca de un adivino, hace ya muchos años. Sus palabras, de hecho, fueron las mismas que te he dicho yo a ti.

“Estoy seguro de que hay más. Siempre lo hay cuando se trata del pasado. Pero temo que no soy yo quien puede añadir nada más. ¿Quién sabe? Quizás seas tú quien llegue a explicarme lo que es Vilia algún día.

“¿No eres filósofo? Es una pena. Estoy seguro de que un tema como éste llamaría mucho la atención en más de un círculo de historiadores de Escisión, y a mí personalmente me apasiona. Pero si así lo deseas, concretemos aún más.

“Vilia, este mundo, es enorme. No me preguntes como lo sé. Sencillamente lo sé.

“Abarca mucho más de lo que has podido llegar a ver hasta hoy, y es probable que nunca llegues a verlo todo. Existen fronteras que impiden el acceso a determinadas regiones, tan antiguas e infranqueables como el tiempo. Eso no significa, por supuesto, que nadie haya intentado cruzarlas. La humanidad es por naturaleza inquieta, y siempre surgen aventureros dispuestos a embarcarse en cualquier misión arriesgada y no dejar ninguna piedra sin remover. Aún así, lo único que ha quedado de esos valerosos intentos a lo largo de la historia se limita a leyendas extravagantes e imaginativos cuentos. Justo el tipo de historias que suelen acabar en boca de trovadores excéntricos. Más aún: poco ha quedado escrito en papel de estas peripecias, y menos aún se ha contrastado de forma alguna. Si hay algo más allá de estos límites, nadie lo sabe. Y si alguien llegó a averiguarlo alguna vez, no ha regresado para contarlo.

“La Terra Conocida. Así es como llamamos el pedazo de terreno en el que nos ha tocado vivir. Y no te confundas: es mucho más grande y más interesante de lo que parece. Podríamos dividir esta tierra en cuatro partes bien diferenciadas: los reinos de Entanas y Westfallia, antiguos vecinos que han luchado en tres Grandes Guerras durante el transcurso de su historia; las Tierras Heladas de Nebin, un lugar inhóspito donde la tierra cultivada por hombres recios y duros va cediendo terreno poco a poco a la tundra; e Inkairu, un misterioso reino gobernado por gentes de costumbres aún más misteriosas, donde adoran a los espíritus y a exóticas versiones de nuestros Dioses, y donde las leyes que rigen sus vidas se enredan confusamente en protocolos enrevesados y excéntricos.

“Estas cuatro divisiones que hemos hecho nos impiden movernos más allá. Poco sabemos del mundo de Inakiru, si bien sabemos que sus tierras están delimitadas por el mar. Lo mismo ocurre con Nebin, Westfallia y Entanas. Aquí además, la mayor parte de la costa oeste está formada por acantilados enormes y peligrosos: formados, se dice, por la mano de los Dioses durante la Separación. Tan solo en la Península de Ibium, donde se halla Cartago, la única ciudad pesquera de Westfallia, se desarrolla el marinaje y la pesca de alta mar. Allí además se alzan los más hermosos templos de Marmain y Vation, señores de los mares, las aguas y la pesca.

“Al mismo tiempo, Inkairu está separado de los demás reinos por un frondoso bosque, tenebroso y oscuro, habitado por los espíritus de los orientales que deciden quién puede llegar a sus tierras y quién no. Muchas vidas se han perdido en este Bosque Oscuro, y sin embargo algunas compañías mercantiles, con pactos hechos con los Inkaurianos, lo atraviesan diariamente sin grandes contratiempos.

“Con respecto al sur, una enorme cadena montañosa nos impide explorar el resto de Terra: las Montañas Azules. Los clérigos te contarán que a la sombra de las cumbres nevadas vivieron durante siglos los Dioses antes de producirse la Separación. Lo cierto es que de vez en cuando pueden encontrarse ruinas que atestiguan su paso por el mundo, pero poco más puede decirse al respecto. Las Montañas Azules son inhóspitas y crueles, y los caminos acaban por desaparecer llegado cierto punto, fundiéndose con la roca desnuda y las escasos matojos que logran sobrevivir en las zonas más bajas de las montañas. Más allá, tan solo los monjes Taoístas se atreven a adentrarse. Algunos hablan de la existencia de un enorme monasterio que impide el paso a cualquiera que pretenda cruzar las montañas, siguiendo los designios del Dios Helm.

“¿Y qué tiene en común toda la Terra Conocida? Pues no pocas cosas.

“La época de los castillos y los señores feudales parece estar llegando a su fin. El ejército profesional entánico, las mejoras en la producción agrícola, la investigación en ese campo que algunos se empeñan en llamar “ciencia”… El mundo ha progresado mucho desde hace tan solo un siglo, y su progreso ha venido de mano de la pólvora, los cañones y los arcabuces. Las armaduras de láminas de metal van dando paso poco a poco a la cota de malla trenzada y el cuero curtido, mucho más cómodo para el movimiento y para esquivar los balines de plomo. La ingeniería naval ha avanzado hasta el punto de que los barcos se atreven a echarse a la mar leguas y leguas lejos de la costa.

“Y al mismo tiempo, las leyendas y la presencia de los Dioses se hace presente en nuestro día a día. Estoy seguro de que te habrás dado cuenta de que la mayoría de la gente es muy supersticiosa. No son pocos los que aseguran haber visto fantasmas perdiéndose entre la niebla que suele cubrir Media Esuarth, o que achacan a la magia cosas que ahora esa extraña ciencia consigue explicar cada vez con mayor facilidad.

“No quedan muy lejos los tiempos en los que se quemaban “brujas” en la hoguera: muchachas inocentes que se veían muertas debido a alguna excentricidad. Incluso los adivinos y los médiums que de vez en cuando se dejan ver por alguna feria no son más que charlatanes y estafadores, aunque acierten alguna que otra vez. Hazme caso: verás muchas maravillas por estas tierras, pero ninguna tendrá ni la más remota posibilidad de parecerse a la magia de la que has oido hablar cuando eras niño. Así que espero que ya hayas dejado de creer en las hadas.

“Sin embargo, sí que existen los Dioses, y harías bien en respetarlos y temerlos. Ellos nos han creado tal y como somos, y ellos nos guían pacientemente hacia nuestros destinos. Gracias a ellos los campos producen comida, y los enfermos sanan sus heridas. Gracias a ellos cuando morimos nuestras almas encuentran descanso. Los Dioses se hacen visibles a nuestros ojos a través de los numerosos sacerdotes que pueblan las ciudades. Algunos viven en lujosos templos adornados con estatuas de mármol y oro. Otros viajan incansablemente en busca de conocimiento y contemplación. Y aún otros los verás entre la gente común, arando la tierra como cualquiera de nosotros lo ha hecho en su juventud. Respétalos por lo que son, y no olvides que ellos transmiten la palabra de los Dioses; pero no te fíes de ellos a ciegas, pues no son pocos quienes traen esas palabras adaptadas a sus propios designios. Al fin y al cabo, el poder corrompe…

The roof of the world - foureyes

The roof of the world – foureyes

 

“Nuestro mundo es grande, mi joven amigo. Y lo mejor de todo es que aún no conocemos ni la mitad de su tamaño.

“¿Quién sabe? Quizás el destino te está esperando para que puedas descubrir sus más oscuros secretos y sus más impresionantes maravillas. Podrías salvar a alguna damisela en apuros de algun noble malvado y poco escrupuloso, de los que hay muchos… o quizás podrías aumentar la fé de algún condado remoto en algún Dios que pueda beneficiarles. Quizás llegues a salvar a algún que otro pueblo de grupos de bandidos, o explores antiguas ruinas de seres ya desaparecidos. Podrías inmiscuirte en la política local y ganar dinero a raudales con el comercio. Así conocerías a mucha gente interesante y dispuesta a secundar tus opiniones… o a clavarte una daga la próxima vez que les vuelvas la espalda. Podrías llegar a ser capitán de alguno de los ejércitos de la próxima guerra entre los Reinos. O incluso podrías aventurarte en la mar para explorar ese nuevo continente que, segun dicen ahora los rumores que vienen de Cartago, parecen haber encontrado recientemente. Quizás, solo quizás, podrías ampliar nuestros mapas, y ver aquello que nadie antes ha podido ver. Combatir algún antiguo mal, luchar junto a los héroes que pueblan Terra…

“Quizás, solo quizás, podrías llegar a convertir Vilia en un lugar mejor… o podrías salvarte a ti mismo de tus propias pesadillas. De ti mismo…

“Al fin y al cabo… ¿Quién sabe?”

– Bergen Ungstar, aventurero retirado, animando al joven Bardomero, que llegaría a ser conocido más adelante como “el Bardo”.
Nitre, 1498 después de la Separación.

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Post Original: http://vilia.mforos.com/1820597/8852386-introduccion/

Quote: “Remember, remember, the fifth of november”. – V de Vendetta, de Alan Moore.
https://www.goodreads.com/book/show/5805.V_for_Vendetta?from_search=true

Written by Erizo

29/07/2014 at 2:52

Famous Last Words

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Sun ardía. Todo su cuerpo, todo su ser, parecía incinerarse traspasado por el poder. Pero era necesario. Esta vez, por fin, ganaría. Aún a costa de su vida. Solo de su vida.

Sabía perfectamente que eran sus últimos momentos, y aún así se sentía orgulloso. Sentía orgullo por su raza, por lo que había sido y por lo que podría volver a ser. Sentía orgullo por los mensch, por aquello en lo que se habían convertido. Por aquello en que podrían convertirse, moldeando la tierra, SU tierra, SUS vidas, a sus deseos.

Y sobre todo, sentía orgullo por Kaith. Ella sería, sin duda, lo que más echaría de menos.

Como un cántico, sus palabras resonaron en el firmamento mientras su esencia se consumía, tal y como estaba escrito. Y mientras lo hacía, no dejaba de ver en su mente los rostros de todos los que lo habían ayudado, en muchos casos sin saberlo, a que él llegara hasta allí:

-El tiempo es un sendero por el que todos estamos destinados a pasar.
Por él caminamos solos, caminamos a ciegas
Sin darnos cuenta de cuántos otros caminan a nuestro lado.
El tiempo es un sendero sin intersecciones, una linea recta
que invariablemente nos llevará a un mismo final, a un mismo destino.
Nunca puedes salirte del camino. Porque más allá de él no hay nada.
Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado.
Y me empujó, tal y como planeó, a realizar este acto. El que será el último.
Y tú… perecerás conmigo…

Y en ese momento, con un desesperado esfuerzo de voluntad, un deseo sobrehumano, casi titánico, Sun prosiguió allí donde debería haber acabado. Y el mundo, el tiempo, se estremecieron…

-Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado, y a ti te puso en el mío.
Y ése fue su mayor error.
Allí donde caigamos, tú seguirás andando. Allí donde habíamos de morir, mi amor, tú seguirás viviendo.
Porque ese no era tu destino, mas así es como será.
Porque hoy ganamos una batalla como no se ha ganado nunca. Contra el verdadero enemigo:
Contra el tiempo.

Ciudad independiente de Media Esuarth.
Batalla de Media Esuarth, 10 de Enero del 1509 d.S.

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Han pasado diez días, y el cuerpo de Sun yace en un camastro destrozado en una pequeña alcoba sucia y destartalada. Los rayos de un sol rojizo se cuelan a través de enormes agujeros por el tejado de piedra, y bañan el rostro del que fue atlante, así como los rizos avellanados de Kaith, que caen en pequeños bucles alrededor de su joven y hermoso rostro.

Y sin embargo, ella ya no se siente hermosa. No se siente joven. De hecho, ya no siente nada. No es solo a causa de las llagas que recorren su cuerpo, sus brazos, que hasta ahora han demostrado no tener cura. Tampoco, siquiera, a su condición actual, a sus percepciones aumentadas, ultraterrenas.

Sencillamente, Kaith ha perdido aquello que más amaba, aquello que se había convertido en lo más importante del mundo. De su mundo.

Su frente se posa contra la piel fría del que una vez fuera atlante, hijo de Thrain, general del ejercito alado durante la Separación, faro de esperanza para la humanidad… Y en silencio, llora.

Ruinas de una capilla de Thrain en el Distrito Mercantil de Media Esuarth. Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Iridal se detiene ante el pequeño templo destrozado de Thrain. A pesar de los daños sufridos, es uno de los pocos edificios que queda todavía en pie en lo que fuera la ciudad entánica de Media Esuarth. Ante ella, un joven y mugriento sacerdote permanece haciendo guardia con una lanza rota en ristre. Al hacer la mujer un ademán para entrar en el edificio, el muchacho se enfrenta a ella anteponiendo estóicamente su arma. Su mirada destila decisión, a la vez que cansancio y tristeza.

-No podéis pasar, señora.

Iridal frunce el ceño con impaciencia y contesta:

-Busco a Kaith,
-Ella está dentro, pero lo lamento: no podéis pasar.
-¿Y por qué no puedo pasar? -preguntó, exasperada.
-Porque en este sitio yace un Dios, y tan solo alguien de porte sacro puede traspasar este umbral.
-¿Y acaso Kaith tiene tal “porte”, sacerdote? -imprecó Iridal, sin saber si quitar al joven de en medio de un puñetazo.
-Ella murió y volvió a la vida. Siempre ha seguido al Hijo de Thrain. Ha sido su discípula, y lo ha amado. Aún lo ama. La respetamos.

Iridal pudo haber seguido discutiendo. Pudo haberse deshecho del joven clérigo con una palabra y un leve gesto de la mano. Incluso creía probable que hubiese podido dejarlo inconsciente y pasar sobre su cuerpo inerte. Pero en vez de eso, asintió y continuó su camino.

Ahora entendía. No solo respetaban a Kaith: la comprendían. Todos los supervivientes de la gran batalla que se había librado alrededor de la ciudad diez días atrás eran conscientes del sacrificio que el atlante había realizado. Eran conscientes, aunque fuera mínimamente, de cuánto se había perdido, de todo lo que se había ganado a cambio. Kaith no era la única que sufría por la pérdida de Sun. Todos ellos también lo hacían, y compartían su dolor.

La protegían, como mudo agradecimiento al hijo muerto de un Dios muerto.

Iridal comprendió que así es como nacían en realidad los lugares sagrados.

Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Song: “‘Cause I see you lying next to me
With words I thought I’d never speak
Awake and unafraid
Asleep or dead”
– Famous Last Words, My Chemical Romance.
http://grooveshark.com/#!/s/Famous+Last+Words/6RoihB?src=5

Movie: “There’s no one I’ld rather be than me.” – Wreck-it Ralph.
http://www.imdb.com/title/tt1772341/

Written by Erizo

13/05/2014 at 1:30

Abismos del alma

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Sigmund sentía el doloroso contacto del suelo desnudo sobre su espalda. Llevaba sintiéndolo ya bastante rato, pero algo en su subconsciente lo hacía resistirse a salir del sopor en el que se hallaba. Giró sobre sí mismo para intentar aliviar la molestia, y se dio cuenta de que estaba encogido y que apenas podía sentir las piernas ni los brazos. Estaba aterido de frío, y un viento helado azotaba su rostro.

Algo andaba mal.

El semiatlante se incorporó pesadamente, con esfuerzo, y comenzó a masajearse las piernas con los ojos entrecerrados. Durante un segundo echó de menos sus guantes, pero desechó rápidamente la idea con una sonrisa triste.

Se dio cuenta de que se encontraba a la intemperie, rodeado de cajas y de otras personas que también yacían encogidos. El sol comenzaba a alzarse sobre las Montañas Azules, y pudo ver que algunos de ellos temblaban. La mayoría, sin embargo, no se movían en absoluto. Trazos carmesí se mezclaban con el tono azulado de su piel.

¿Qué podía haber pasado? La noche anterior había sido tranquila. Sus compañeros y él habían encontrado indicios de que la Secta estaba preparando algún tipo de ritual. Parecía peligroso… muy peligroso. Pero no inminente. Recordaba haberse ido a dormir en las habitaciones del templo de Helm del Monasterio del Búho Rojo. Recordaba haber querido rezar, y haberse obligado a no hacerlo. Recordaba que había pedido a sus compañeros que mantuvieran los ojos abiertos.

Entonces, Sigmund se incorporó y miró a su alrededor. El Monasterio del Búho Rojo había desaparecido.

Sigmund no pudo hacer más que quedarse inmóvil. No se lo creía. No podía creérselo. ¿Qué había sucedido allí? ¿Qué había ocurrido en tan solo una noche?

-¡Sigmund! -el que fuera sacerdote escuchó que alguien lo llamaba, pero no fue sino hasta que notó que lo zarandeaban que no se dio cuenta de quién le estaba hablando. Coren lo miraba preocupado mientras intentaba conducirlo cerca de una inmensa carpa de tela que estaban alzando en aquél momento-. Sigmund, ¿estás bien? ¡Dioses, sigues vivo! Pensamos que te habíamos perdido.

Sigmund se apartó bruscamente del adivino y se detuvo.

-¿Qué ha pasado? -consiguió murmurar, con una voz tan ronca que lo sorprendió a él mismo. Tosió, notando por primera vez desde que había despertado que tenía la garganta seca y dolorida.

Coren lo miró fijamente, atónito.

-¿No lo has visto? ¿No te has enterado?

Sigmund negó con la cabeza, incapaz de hablar.

Con un suspiro, Coren respondió:

-Entonces será mejor que te sientes…

Sigmund observó a Coren atentamente, casi sin pestañear, mientras éste contaba su relato. Cuando terminó, el semiatlante continuó observándolo, inmóvil. O casi. Sigmund no podía evitar el temblor que en ese momento dominaba sus manos. Sabía que pronto se extendería al resto de su cuerpo. Y que llegaría a su alma…

Tenía que hacer algo antes de eso.

-Voy a avisar a Taryc -anunció con un murmullo apagado, que a Coren le costó escuchar. Sigmund comenzó a concentrarse, a abrir y expandir su mente.

-Espera -lo detuvo el adivino-. Si vas a hacer tu… lo que sea que hagas… Si vas a hablar con Taryc, pregúntale por su paradero y por lo que saben ellos. Pregúntales por Kaith y por Sun. Quizás estén con ellos.

Sigmund lo miró sin dar señales de comprensión, y acto seguido cerró los ojos. Coren suspiró, irritado.

-No sé para qué me preocupo… -dijo sin dirigirse a nadie en particular.

Nightmare, by kalessaradan

Nightmare, by kalessaradan

Taryc dormía. Al menos, su cuerpo lo hacía. Su mente no hacía más que seguir trabajando sin cesar, dando vueltas una y otra vez a lo mismo: la secta, el dragón, Luanor, los drow, Lescrom, los atlantes, Thurvack… su hermano…

Sentía que se acercaba la mañana. No sabía cómo, pero sabía que pronto llegaría el momento de levantarse y encarar un nuevo día. De nuevo el horror, la desesperación. Un mundo que se llenaba de tinieblas por momentos. Y en el que parecía que solo ella podía ofrecer un pequeño atisbo de luz. De esperanza.

Y sin embargo, lo único que podía sentir era fatiga… Sabía que despertaría, y seguiría fatigada. ¿Dónde estaba su luz? Solo podía ver tinieblas. Y tras ellas…

-¡Sigmund! -dijo en voz alta, y se incorporó en el lecho. Su mano ya se había cerrado alrededor de la daga que guardaba bajo la almohada. Miró a su alrededor, pero no vió nada. ¿Había escuchado realmente la voz de su amigo?

“Hola Taryc. -sintió, más que oír, una voz en su cabeza-. Hacía mucho tiempo que no hablábamos. Espero que aun recuerdes mi voz.”

-¿Sigmund? -preguntó la muchacha al aire, aún confusa.

“Veo que aun la recuerdas, me alegra oírlo. -las palabras de Sigmund parecían neutras, casuales. Pero Taryc pudo percibir que, en el fondo, estaban huecas-. ¿Qué tal os encontráis todos? ¿Por dónde andáis? ¿Estáis todos sanos y a salvo? ¿Sabéis algo del enano, o de Kaith y Sun?”

Eran muchas preguntas, y muy de repente. Aún así, Taryc intentó acometerlas tan bien como los vestigios de su sueño le permitían.

-Bueno… Estamos todos bien por ahora.. Nos encontramos ahora mismo en Media Esuarth, una ciudad entánica.. Han ocurrido tantas cosas… Por ahora hemos conseguido que esta ciudad sea nuestra aliada…

Y entonces se detuvo, dándose cuenta de sus palabras. Dándose cuenta de que aún no se creía lo que había sucedido en los días anteriores. Sonrió levemente y continuó:

-Sí, Sigmund. ¡Alguien nos cree!

>>Y sí, Kaith y Sun están aquí con nosotros… Pero el enano no… ¿No estaba con vosotros? -preguntó, extrañada.

“Sí, el enano estaba con nosotros -contestó Sigmund por su parte. No parecía que las palabras de Taryc lo hubiesen alegrado lo más mínimo-. Pero tuvo que separarse de nuestro grupo. Al parecer tenía cosas pendientes que arreglar por su cuenta. Pero, la verdad, no nos dijo el qué.”

A Taryc no le gustó aquello. Dart-Dos era un cabezota, pero era leal. La mayor parte del tiempo, al menos… ¿Qué había sido tan importante como para que abandonase a Sigmund en mitad del viaje? Esperaba que no fuese nada grave, ni nada personal entre él y el sacerdote de Crues.

-Bueno, pues cuéntame. -continuó Taryc ante el pesado silencio de su amigo-. ¿Cómo estáis vosotros? ¿Qué estáis haciendo?

“¿Nosotros? Bueno… -la voz de Sigmund tembló. La preocupación de Taryc aumentaba por momentos-. Nosotros nos encontramos todo lo bien que nos podemos encontrar después de alguna que otra rencilla, ya sabes… cosas que pasan…

“Durante mi camino nos tuvimos también que despedirnos de Azareus -continuó, cambiando bruscamente de tema-. Al parecer decidió dejar todo esto, y lo último que sé es que ahora mismo está en un monasterio Taoísta, en Wingstar. 
“También me encontré con Coren, espero que lo recuerdes: Sigue tan “gracioso” como siempre. Sigue siendo un buen compañero a pesar de eso.”

Eso podría explicar la marcha de Dart-Dos, pensó Taryc. Sin embargo, se abstuvo de interrumpir a su amigo.

“Me alegra saber que Kaith y Sun están bien. Dales recuerdos de mi parte…”

Sigmund volvió a detenerse. Taryc estaba a punto de gritarle a su amigo para que dejase la charla casual. Sus palabras eran tan vacías… La muchacha estaba segura de que ocultaba algo, pero que no se atrevía a decirlo. Le hubiese gustado tenerlo delante para darle un buen bofetón y que se centrase.

“Bueno ahora que sabemos dónde estás… -continuó el semiatlante-. Deberán ir a buscarte… Sí, deben encontrarte…

“Antes de que cierre, ¿quieres saber algo más?”

¿Cómo? ¿Ya? ¿No tenía nada más que decirle? Decididamente algo andaba muy mal. Taryc dudó tan solo un segundo. No permitiría que la comunicación se cortase.

-Nosotros también hemos encontrado compañeros nuevos. -comenzó a trompicones-. Por ejemplo, a Hansi y a su amiga Tarja. Ayudamos a salvar a la madre d Hansi, que había sido secuestrada por José Luanor… Recuerdas a Luanor, ¿verdad? Y además, hace unos días, conocimos a Raaven pero… -aquí se detuvo, pesarosa, y con un murmulló concluyó- Murió…

La tristeza la inundó, y por un instante esperó escuchar la voz de Sigmund, bondadosa, consolándola, guiándola. Pero el semiatlante no dijo nada. Taryc continuó con pesar, sintiendo como si un puño estuviese oprimiendo su corazón.

-Y concretamente ayer nos encontramos también a un grupo de caza recompensas. Venían buscándonos, ¿sabes? Por lo que pasó en Escisión, y el cartel de “Se busca”… Pero bueno, al final parece que nos van a ayudar.

>>La marcha de Daga, Hansi y Tarja ha sido inminente. Nuestros caminos se han separado. Por ahora, Ashazaar, algunos miembros del grupo de caza recompensas, Rielek, dos amigos más, un explorador y yo vamos a ir en busca d una nueva piedra del Dragoon que se encuentra, al parecer, en el desierto de Krilie. Que, bueno, no te lo he dicho, pero ahora somos cuatro Dragoons en total. Se nos han unido Idan y su mujer Iridal. Dragoon del fuego y de la luz, respectivamente.

>>Por supuesto, pasaremos por las Montañas Azules antes para buscar a la mujer de Ashazaar.
Daga, junto con otra de las personas que nos estaba dando caza, va a ir al bosque de Warath. Cosas extrañas están allí ocurriendo…

Taryc se quedaba sin nada más que contar, y Sigmund parecía seguir inmutable.

-Y bueno -continuó a la desesperada-, te vuelvo a decir que tenemos a un archiduque a nuestra disposición, junto con unos cuatrocientos soldados… Son muy pocos, pero la verdad es que es una alegría tener a gente que por fin cree en nosotros. Nos han ayudado todo lo que han podido. Les estoy eternamente agradecidos…

>>¿Y vosotros qué habéis averiguado? Cuéntame, porque quizás pueda ser crucial para nuestros próximos pasos.

El enlace mental quedó en silencio. Taryc llegó a preguntarse si los últimos minutos los había pasado hablando sola, en su cuarto. Pero entonces, las lejanas palabras de Sigmund llegaron hasta su mente de nuevo. Lentas, cautelosas. Amargas.

“Tal vez. Nosotros no hemos hecho cosas tan sumamente importantes como vosotros, siento decirlo. Nos hemos unido también a algunos nuevos compañeros, pero no hemos hecho demasiado.

“Encontramos unas excavaciones lideradas por un grupo de arqueólogos. Exploraban una tumba cerca de Wingstar, en mitad de las Montañas Azules. Descubrimos y conseguimos derrotar a una criatura que aterrorizaba al campamento, aunque con patético resultado, lamentablemente. Tuvimos que huir de allí debido a que el kender tuvo algunos pequeños problemas con un par de dagas… y un par de muertos…

“Poco después seguimos nuestro camino, hasta que éste desapareció a los pies de una pequeña villa que estaba gobernada por una abadía… se llama… llamaba… el Monasterio del Búho Rojo. Este monasterio, dedicado a Helm, guardaba una Muralla que separa la torre de Crues del resto del mundo. Aquí nos separamos de Kaith y de Sun.

“Estuvimos intentando ayudar a los sacerdotes que guardaban la muralla con un pequeño problema que tenian, pero…”

Entonces la voz de Sigmund se quiebra por fin, rompiendo su soniquete monótono, distante y vacío. Los instantes de silencio que lo sucedieron parecieron alargarse horas.

“Taryk… -la voz de Sigmund sonaba ronca, débil… destrozada. La muchacha no podía verlo, pero sabía que en aquél momento, en las mejillas del que fuera sacerdote de los muertos, relucían las lágrimas-. ¿Que he hecho? ¿Cómo he podido hacer lo que he hecho? ¿Por qué he sido tan sumamente egoísta?”

-Sigmund… -empezó Taryc débilmente, pero no tuvo tiempo de continuar.

“Taryc, escúchame… He dejado que una gran sierpe alada azul destruya toda la villa que yo estaba protegiendo… Y lo peor es que no pude hacer nada, quedé inconsciente… ¡Me dormí! Debí de haber muerto… O debí de haberme enfrentado con ese ser y haberlo destruido… pero sin embargo… no hice nada… por mi completa estupidez…

“Debo… He de pedirte un último favor. Quiero que os encontréis con Coren y el resto de mi grupo. En el pueblo en que nos separamos. En Wingstar. Debes dejar que ellos se unan a vosotros. Al menos ellos podrán ayudar en la guerra. Prométeme que harás eso, por mí. Por favor…”

-Más dragones… -dijo Taryc, alarmada-. Nosotros ya nos hemos encontrado con dos, Sigmund. Parece que la Secta está consiguiendo lo que se propone. Tres dragones, y saben los Dioses cuantos más…

-Los Dioses no existen… -la interrumpió Sigmund, destrozado. La muchacha lamentó al momento sus palabras.

-Sigmund, tú no tienes la culpa de lo que ha ocurrido. Es imposible luchar con esos seres. Por ahora sólo te pido que no flaquees, no huyas… Sigue con tus compañeros. Estamos todos juntos en esto, ¿no es así? ¡Tú mismo lo dijiste!

>>Por favor, Sigmund. No caigas ahora… Hemos visto mucha muerte… Mucha destrucción… Mucho odio… Pero a pesar de ello seguimos juntos, por muy lejos que estemos… Míranos, estamos hablando ahora como si estuviésemos uno al lado del otro. ¡Tú nos has reunido!

>>No sé en qué estás pensando, pero por favor… sea lo que sea, no lo hagas solo… Recuerda que somos amigos. Somos un grupo…

>>En una semana habremos llegado a las Montañas Azules, y entonces podremos reunirnos en persona. Pero mientras, no te atormentes… Puedo sentir que vamos por buen camino, Sigmund…

“No Taryc, ya no puedo más -lo interrumpió el semiatlante, desesperado-. Aún oigo los lamentos de aquellos que quedaron encerrados en la abadía. Fueron destruidos por el mortífero ataque de la sierpe. Los relámpagos en la noche, los gritos, el olor a carne quemada…

“No. He decidido quedarme aquí. Ayudaré a los pocos supervivientes que han quedado. Voy a ayudarlos a reconstruir el lugar y a que vuelvan, como mínimo, a su estado anterior. Se lo debo.”

-Pero Sigmund, ¡puedes hacer mucho más que eso!

“Por favor, Taryc -la interrumpió Sigmund, y Taryc pudo sentir el restallido de cada palabra en su cabeza. Se llevó las manos a la frente mientras apretaba los dientes para mitigar el dolor-. Por favor… Espero que vayáis a encontraros con Coren y los demás. Tienen documentos de suma importancia. Y, además, ellos aun pueden ser útiles en este sin sentido.

“-Por favor, respetad mi decisión. Espero que nos volvamos a ver, cuando todo esto haya acabado. No vengáis a por mí, no quiero tener que enfrentarme a ninguno de vosotros…

“Adios Taryc. Por favor, vive, y no mueras… como yo he hecho.”

La joven pudo sentir como su mente se despejaba, y una profunda sensación de soledad la envolvía en su lugar. Se quedó allí, tiritando, con los brazos apretados contra su cuerpo, sin saber exactamente qué había pasado.

Así la encontró el amanecer, cuyos rayos de sol bañaron su habitación y trajeron luz hasta su rostro. Allí se reflejaron en lágrimas, que recorrían sus mejillas. Lagrimas por un amigo muerto en vida.

-Adios Sigmun… -susurró al aire-. Cuidate.

Lágrimas que nadie más vería.

Sigmund y Coren: Ruinas del Monasterio del Búho Rojo, Montañas Azules. Al norte de la Muralla de los Dioses.
Taryc: Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
8 de Diciembre del 1508 d.S.

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Song: “Devil came to me, and he said: You belong to me”.
– Devil Came to Me, Dover.
http://grooveshark.com/#!/s/Devil+Come+To+Me/4oB2I8?src=5

Original Threadhttp://vilia.mforos.com/982396/4515008-the-contact/

Book: “Do what you will, you cannot annihilate that eternal relic in the heart of man, love”.
– Les Misérables, Victor Hugo
https://www.goodreads.com/book/show/24280.Les_Mis_rables?from_search=true

Quote: “Acepta que no tienes control, que puede pasar cualqueir cosa, que puede salir mal, incluso… Y disfruta del viaje.” – Erizo.