El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

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Reencuentro – Parte I

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-Acercaos a mí -ordenó Iridal. Todos los presentes obedecieron con prontitud, y se congregaron alrededor de la hechicera en el salón de recepciones del Castillo de Media Esuarth-. Voy a volvernos invisibles, y luego lanzaré un conjuro que nos llevará a la entrada de Qumran.

>>Cuando lleguemos allí, procurad no soltaros. No podremos vernos los unos a los otros, estando invisibles. Y si alguno se pierde en la niebla…

Dejó la frase sin terminar, paseando sus profundos y acerados ojos pardos y deteniéndolos en cada uno de los allí presentes.

Dart-Dos sintió cómo los dedos de Kaith se aferraban con fuerza a su hombro. A excepción de ese pequeño detalle que tan solo pudo percibir el enano, la semi-atlante, todavía con cicatrices en el rostro, ofrecía un aspecto decidido e impasible.

-¿Qué haremos una vez estemos dentro? -preguntó Nessa, impaciente-. ¿Solo tenemos que buscar a esa enana y ya está? ¿Ella tiene las gemas de Taryc?

Taryc asintió a las palabras de la salvaje, pero no añadió nada más. Dart-Dos sabía que le estaba observando, y no pudo evitar un escalofrío. Frunció el ceño, molesto.

-Es posible que, si tal y como dice Taryc, esa enana se encuentra en una situación temporal extraña, se trate de la perturbación que siento en las Montañas Azules -añadió Kaith-. Si es así, quiero hablar con ella.

-Insisto en que me parece muy peligroso, Kaith. En estos momentos las Montañas Azules son el territorio de Levain. El riesgo es enorme -era Ashazaar quien, con gran educación, casi con cariño, increpó a Kaith en estos términos.

-Si esa enana está en la misma situación que yo, quizás sea la única persona que pueda decirme qué me está ocurriendo. No hay otra opción: debo ir -contestó Kaith, tajante.

-Y no irás sola -declaró Ashazaar sin dudarlo.

El grupo se sumió en un ominoso silencio, mientras unos y otros se dedicaban miradas de confianza, de determinación. Cualquier cosa, se dijo Dart-Dos, que pudiese calmar el incipiente miedo que se iba extendiendo en cada uno de sus corazones.

Él lo conocía. Ya lo había visto y lo había sentido en innumerables ocasiones, siempre antes de una batalla, durante la Guerra de la Separación. Con la experiencia había llegado a la conclusión de que ese miedo era lo único que los  podía mantener vivos.

Solo los locos no tienen miedo.

El delicado silenció se rompió cuando Iridal comenzó a entonar su hechizo. Con una mano, fue tocando a cada uno de sus compañeros, que se apresuraron a agarrarse a ella y aferrarse entre ellos mismos. Y súbitamente, con un fuerte tirón, como si algo los estuviese arrancando de la tierra misma, desaparecieron.

—–

Maeron se quedó solo en el gran salón de recepciones, sentado en un pequeño trono de madera que todavía no había sido reparado del todo. Se mesaba una barba incipiente, negra como el carbón, mientras no dejaba de mirar el lugar exacto donde el grupo había estado hacía escasos segundos, antes de ser transportados por la magia.

-Odio que hagan eso -murmuró.

Un vez más, tocaba esperar.

—————-

Castillo de Media Esuarth. 27 de Febrero del 1509 d.S.

Written by Erizo

17/02/2016 at 0:15

Leyendas

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Gothic Angel holding Demon - Luis Royo

Gothic Angel holding Demon – Luis Royo

-Había una vez -comenzó el bardo-, hace muchos años, antes de que los Dioses hiciesen a Terra tal y como es ahora, todos ellos vivían juntos y en paz. No existían el bien ni el mal. Tan solo había futuro y prosperidad. Y fue precisamente en esos días, los ultimos antes de la Separación, cuando ocurrió esta historia.

>>Habla de dos Dioses: Marmain, Diosa del agua, y Bahamut, Dios de la Fuerza… éste no era su verdadero nombre, pero más tarde pasaría a ser llamado así, quedando escrito en la historia… pero bueno, no nos adelantemos.

>>Estos dioses se amaban.

>>Eran felices el uno en la compañía del otro, y les gustaba volar sobre todo lo que habían creado: montañas, valles, ríos, glaciares… Y todas las cosas vivas que eran sus hijos, y que por aquel entonces habitaban el mundo.

>>Pero llegó un día en que los dioses se pelearon entre sí. Thrain, Dios de la Justicia, y Levain, Dios del Mal, hermanos en un principio y creadores del mundo, se separaron, y comenzaron una guerra devastadora. Bahamut era un gran amigo de Levain, mientras q Marmain era hija de Thrain. El odio entre ambas familias los separó sin que ellos pudieran hacer nada al respecto.

>>Y un día, Bahamut fue llamado por su amigo Levain para q formase parte de su ejercito.

>>A Bahamut se le presentó un gran dilema. Cómo decírselo a su amada? No soportaría verla llorar, y si ella le pedía que se quedase a su lado… era consciente de que entonces no podría cumplir con el encargo de Levain.

>>Así pues, esa misma noche, mientras la hermosa Marmain dormía, Bahamut abandonó el lecho que compartían, miró por última vez los azulados cabellos de su amada, y con lágrimas en los ojos se dirigió hacia la ventana. Y desplegando sus blancas alas, echó a volar…

>>Cuando Marmain se despertó al día siguiente, no encontró a su amado, y la preocupación y la pena la envolvieron. Durante varias semanas, Marmain no pudo comer (sea lo que sea lo que coman los dioses), y la pena empezó a consumirla.

>>Y entonces estalló la guerra.

>>El cielo se volvió rojo. El sol era un disco de un tono dorado muy gastado, como si estuviera viejo y cansado. De las nubes llovía ácido, y los mares se habían teñidos de sangre. Los Dioses lucharon, el bien contra el mal.

>>Y durante la lucha resonaban con fuerza varios nombres entre los seguidores de Thrain. Uno de ellos era el de Marmain.

>>Levain, Dios del Mal, había invocado demonios y dragones, ayudados por aquél que se hizo llamar el Señor de los Dragones. Los dioses benignos no tuvieron más remedio que defenderse. Convocaron seres d gran poder para ayudar en su lucha, pero la guerra parecía no tener fin.

>>Un día, Marmain fue llamada a presencia de Thrain, su padre. Se había corrido la voz de que el Señor de los Dragones se dirigía hacia ellos por el mar, y ella era la más indicada para detenerlo. Acompañada de 7 ángeles, se dirigió a la costa teñida de color rojo y dorado, y allí esperó a su odiado enemigo.

>>Y la batalla comenzó.

>>Mientras los dragones y los ángeles se enzarzaban en una peligrosa batalla aérea, Marmain buscó al Dios enemigo, y pudo divisarlo cubierto de una poderosa armadura negra, embozado su rostro en un yelmo, y con sus poderosas alas negras susurrando al viento. Se acercaba a su posición empuñando una maza de guerra rebosante de poder.

>>Marmain se lanzó al ataque, y cuál fue su sorpresa al ver que conseguía vencer al hombre de la armadura apenas sin dificultad. Ensangrentado y vencido, el enemigo descendió a tierra seguido de Marmain. Y una vez abajo… -el bardo se detuvo, su joven audiencia parecía contener la respiración.

>>Una vez abajo, el yelmo que llevaba se cayó, y reveló un rostro más que conocido para Marmain: Bahamut, Dios de la Fuerza. Señor de los Dragones.

Bardomero esperó a que las expresiones de sorpresa de los presentes se desvaneciesen por sí solos, regodeándose en la expectación.

-No se sabe exactamente lo que pasó después. Algunos dicen que Marmain asesinó a su marido por orden de su padre. Otros dicen que lo dejó marchar, y que nunca se volvió a dejar ver a causa de la vergüenza y la tristeza que vio en el rostro de su amada.

>>Lo q sí se sabe es que Marmain volvió a su pueblo victoriosa ese día. Sin embargo, aquellos que la vieron no encontraron ningún atisbo de regocijo en su mirada.

>>Pocos días después, Marmain murió. Fue, según se dice, la primera vez que un Dios dejó la vida eterna.

>>De nuevo, no se saben las causas. Algunos dicen que se dejó morir de pena, que la tristeza la consumió. Otros, que dejó escapar su inmortalidad para reunirse con el hombre al que días antes había vencido, en otro mundo donde estuviesen siempre juntos.

>>Pero lo que sí se sabe es que desde ese día, cuando vas a las playas de la Peninsula de Ibium, en Westfalia, puedes escuchar al atardecer un rumor extraño en el ir y venir de las olas. Como si alguien cantase tristemente una melodía lenta, hermosa y triste, a un amor perdido y por siempre anhelado.

>>Y bueno, la imagen que que tanto os ha impresionar, es aquella que se dice que se vio en la playa el día de la batalla, cuando Marmain encontró a su amado como enemigo.

Todos los muchachos presentes observaron el fresco del templo de Marmain con renovado respeto, sus ojos brillantes de expectación.

-Entonces, ¿ambos Dioses murieron? ¿Y por qué se los sigue adorando? -preguntó una muchacha pelirroja, pecosa, de profundos ojos pardos.

Bardomero sonrió mientras se encogía de hombros:

-No te sabría decir. Esa pregunta es para un sacerdote.

-¿Y cómo sabes entonces que lo que nos has contado es verdad? -contraatacó la joven.

-Porque el ser humano guarda su sabiduría en forma de palabras. Algunas escritas, y otras cantadas. Historias. Algunas son claras como el agua, mientras que en otras debes encontrar tú mismo qué parte es cierta, y qué parte no.

>>Pero te puedo decir que, en este caso, ésta es una leyenda que no me he inventado yo. Los ancianos la cuentan alrededor de hogueras en las playas de la península de Ibium a todo aquel que quiera escucharlos.

>>Y hay bardos que, como yo, la cantan en tabernas cuando quieren hacer que sus oyentes se pongan sentimentales.

Bardomero volvió a encogerse de hombros, mientras se levantaba. Su audiencia dejó escapar una queja débil y lastimera, deseosa de escuchar más historias. Pero el bardo se limitó a tomar sus pertenencias y encaminarse hacia la salida del Templo.

Sin embargo, antes de marcharse, se volvió de repente hacia la chica que le había preguntado y, con su eterna sonrisa en el rostro, depositó una pluma larga, blanca, en sus manos:

-Si alguna vez vas a Cartago -la invitó-, busca el Alto Templo de Marmain, o visita las playas. Allí estarán más que dispuestos a volver a contarte esta historia.

Capilla de Marmain en Kipavilla. 28 de Diciembre del 1508 d.S.

————

Esta historia fue contada por primera vez a través de Messenger en 2007, creada al momento para alguien importante por una razón importante… la misma que mueve la historia que se cuenta en Vilia. Como prueba de ello, este relato se ha acabado convirtiendo en una trama principal del misterio que rodea a los Dragoons y a los Atlantes. Y aún hoy, lo que pasó entonces y lo que ocurre en el momento presente de la historia con Marmain y Bahamut sigue sin estar del todo claro.

Este cuento fue un regalo. No ya un conjunto de palabras medianamente bien encadenadas que hablaban de Dioses, ángeles y seres con alas; sino un homenaje a un sentimiento y a dos personas.

Y así, mientras quede memoria, quedarán también los recuerdos. Permanecen de la misma forma que las imágenes de los álbumes que han pasado cerrados durante demasiado tiempo: desenfocadas y cubiertas de polvo, pero todavía reconocibles. Y así perdura también este homenaje, presente en la memoria de los adoradores de una Diosa en un mundo olvidado. Presente en un rincón, también cubierto de polvo, si bien cálido, de mi corazón.

Song: If I lay here
if I just lay here
Would you lie with me
and just forget the world?
– Chasing Cars, Jasmine Thompson, feat Snow Patrol
http://www.metrolyrics.com/chasing-cars-lyrics-snow-patrol.html

Written by Erizo

16/03/2015 at 1:11

Extractos de las Cartas a Athros

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Angel and Sea - by Ms-Typo

Angel and Sea – by Ms-Typo

“Segundo día de la primera dekhana del mes de Myrtul, Año de los Espejos.

Mi querido Athros,

Esta mañana me he levantado pensando en ti. En nosotros.

No dejo de ver el fulgor tenue y anaranjado de los últimos rayos del sol al mecerse, al bailar sobre las olas. Parece como si el gran astro guiase el interminable vaivén de las mareas para venir a estrellarse contra los acantilados a mis pies, bañando las rocas de espuma y de destellos dorados. Pequeñas gotas, heladas como la nieve que cubre esta región, empapan poco a poco mi vestido. Pero no siento frío. El mar es tan hermoso, amor…

Juegan entre las rocas las gaviotas. Desde aquí no dejo de escucharlas, en su continuo parloteo. Disimulan. Parece que discuten sobre cuál será el bocado más sabroso. Pero en el corazón sé que hablar de ti y de mí, que hablan de nosotros, celosas.

Así hablan también los vientos y la roca, el sol y la marea. Resuenan sus palabras, mudas, en mi corazón. Y no puedo evitar sonreír.

Y entonces, cierro los ojos. Y un beso tuyo, amor, que me acompaña desde anoche. Tu aroma me cubre aún, como cubre las sábanas en las que me envuelvo. Como cubre cada rincón de esta caverna que hemos hecho aventura. Que hemos hecho hogar.

Solos aquí, tú y yo, el sol y el mar, la nieve y la roca… ¿Qué más necesitamos? El mundo se rinde ante nosotros en insuperable belleza, nos abraza con incontables colores y sonidos. ¿Para qué queremos torres de cristal? El cielo es nuestro, como lo son las nubes y las estrellas. ¿Para qué queremos Concilios, Familias y Política? Cuando nos baña el mar y nos lava de pecados y de dolor, ¿para qué queremos la opinión de otros? ¿Ni siquiera la de mi padre? ¿De qué nos sirve, si todo lo que necesitamos somos el uno al otro?

Mas tu deber te llama, y acudes raudo. Y yo te espero, pues tu sacrificio, tu deber, te engalana aún más a mis ojos. Te hace merecedor del sol y del mar, de la nieve y de la montaña. De mi corazón, por siempre.

Vuelve esta noche, amor. Vuelve al hogar, a estas montañas bañadas por el mar y cubiertas por la nieve. Vuelve a mis brazos.

Vuelve a casa.

Marmain.”

“Quinto día de la cuarta dekhana del mes de Marpenoth. Año de los Espejos.

Mi querido Athros,

Te escribo estas lineas apresuradamente mientras termino de recoger las escasas pertenencias de nuestro pequeño hogar entre las montañas y el mar que puedo permitirme llevar conmigo. El resto descansará aquí, imbuidos de los recuerdos que tan solo pueden contener estas paredes de roca.

Tal y como se queda aquí mi corazón.

El amanecer ha traído palabra de mi padre. Se me ha ordenado que vuelva a Txultal-Chib inmediatamente, abandonando mis dominios y a los mensch que están a mi cuidado.

Al cuestionarlos, los enviados de mi padre no han querido darme detalles; pero si han dado conmigo tan rápido es porque los Áugures tiene algo que ver en el asunto. Temo que vaya a estallar otro conflicto en esta zona, y quieran mantenerme segura. No saben que tú me proteges… Ingenuos.

Pero debo prevenirte: han hablado también de ti, mi amor. Es probable que recibas la visita de los enviados de mi padre antes de que puedas leer esta carta. Quizás se te inste a volver a la capital, al igual que a mí. Vernos allí me llena de alegría. Será arriesgado, y podrían descubrirnos… pero el riesgo añade un oscuro atractivo a la situación.

Cuando nos encontremos, quizás sea en la sala de Audiencias de la Espira de Marfil, rodeados de atlantes. Te fijarás en mí, pero no podrás hacerlo abiertamente. Ni siquiera un gesto. Y descubrirás que yo misma te observo. Y me verás sonreír. Y aunque no puedas reflejarlo en tu rostro, sabrás de mi regocijo. Y yo sabré del tuyo, y de lo que estará por venir.

Puede que este viaje no sea tan terrible, después de todo.

Deseando posar pronto mi mirada en tus ojos dorados, mi amor, me despido con un tierno beso.

Marmain”

“Noveno día de la primera dekhana de Hammer. Año de la Desdicha

Mi querido Athros,

Han pasado ya casi tres meses sin que podamos vernos, y comienzo a temer que tal cosa aún tarde en ocurrir.

Las noticias que nos llegan del norte son preocupantes e inundan mi corazón de pesar. Esta mañana un enlace ha confirmado a nuestros Telépatas lo que los Áugures presagiaron cuando volví a Txultal-Chib: las tierras que gobernaba han caido a manos de mensch brutales y sin compasión. La tierra de nuestro hogar está manchada de sangre.

Pero estoy segura de que tú ya has visto más sangre de la que querría ver ningún miembro de nuestro pueblo en sus muchos siglos de vida. Han llegado hasta mí las noticias de las batallas que se están librando en las tierras heladas, y de las incursiones que estáis llevando a cabo para aliviar la presión de nuestros aliados elfos. Tu nombre se susurra con respeto y veneración en los palacios de cristal de la ciudad.

Mi padre está orgulloso de que seas su amigo.

Pero yo lo conozco, y sé que le inunda la preocupación, mi amor. Los Áugures nombraron este nuevo año tan solo hace nueve días, y lo hicieron con lágrimas de pesar en los ojos. Uno de ellos cayó inconsciente durante su trance y aún no ha despertado. Y todos coincidían en su visión. Alas negras…

¿Se referirán a esas horribles criaturas que parecen liderar a los mensch, mi amor? Uno de los archimagos elfos me ha contado que no son de este mundo, que vienen de más allá y que encarnan el Mal más profundo. Dicen que libran una guerra a través de las dimensiones, y que ahora han llegado hasta la nuestra. Dice que a su paso tan solo queda desolación…

Mi padre acaba de anunciarme que mañana partirá junto a mi tío Levain al frente. Se muestra decidido y contundente, pero yo puedo notar su preocupación. Tan solo desearía que me permitiese ir con ellos para poder estar a tu lado, amor mío.

Mandaré esta carta junto a alguno de los soldados. Se marcha con ella todo mi amor y mis ansias por volver a verte, a abrazarte. Y queda sellada con un beso.

Cuídate, amor. Vuelve pronto a mis brazos. Te espero.

Marmain”

Carta sin fechar, garabateada a toda prisa.

Athros,

Aléjate de Levain. ¡Nos han traicionado! Está aliado con esas bestias. ¡Ha vendido a nuestro pueblo, a nuestro mundo! No le debes lealtad, ni amistad. ¡No le debes nada!

Por favor, vuelve. Protege a mi padre. ¡Vuelve a mí!

Carta sin firmar“.

Cartas encontradas en el Refugio de Athros, en la Torre de Hielo de Nebin. Traducción del idioma atlante.
24 de Febrero del 1509 después de la Separación.

Written by Erizo

29/10/2014 at 1:42

Introducción a Vilia

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“Siéntate, joven, y haz un poco de compañía a este anciano.

“Me buscabas, ¿no es verdad? Claro que sí. No te sorprendas, muchos lo hacen. Ni eres el primero, si serás el último. Pero por ahora, eres tú quien me tiene aquí delante. ¿Qué vas a hacer?

“¡Ah! Reconozco esa mirada. No la confundiría con ninguna otra. Buscas respuestas, ¿no es así? Entonces empiezas con buen pie: el primer paso para encontrar la verdad es ser consciente de que, posiblemente, no la conozcas. No te diré que mis palabras encierran esa verdad que tanto ansías. Más allá de lo que han visto estos viejos ojos puede esconderse cualquier cosa. Sï, cualquier cosa… ¡Y no han visto poco, estos ojos! No señor. Pero como bien decía el bardo: ‘afortunado sería cambiar todo lo que uno sabe por la mitad de lo que desconoce’…

“Pero me pierdo entre desvaríos, y veo que que te corroe la impaciencia, ¿no es así? Lo entiendo, lo entiendo perfectamente. Yo también fui como tú, hace ya muchos años. Un aventurero en busca de gloria, de riquezas. Deseaba que mi nombre figurara en la historia. Y logré todo eso, y muchas cosas más… Tristeza. Dolor. Pérdida… A veces me pregunto: ¿mereció la pena? Pero si bien yo tengo mi propia respuesta, en tu caso es algo que debes descubrir tú, amigo… Si bien te digo que solo aquél que no se arriesga a sufrir y a perder, es quien descubre con toda seguridad que su vida ha sido en vano.

“Pero vamos a lo que nos interesa…

Tavern - by anotherwanderer

Tavern – by anotherwanderer

 

“¿Qué es Vilia? Debo reconocer que no es una palabra que escuche muy a menudo… y desde luego no es algo que sea sencillo de explicar.

“Veamos… Vilia no es algo. Lo es… todo.

“Sí, sé que suena extraño, pero es lo más cerca de la realidad que soy capaz de expresar con palabras. Vilia es una palabra antigua, Ya casi olvidada. Y menos aún se recuerda su significado. ¿Yo? Tan solo la escuché de boca de un adivino, hace ya muchos años. Sus palabras, de hecho, fueron las mismas que te he dicho yo a ti.

“Estoy seguro de que hay más. Siempre lo hay cuando se trata del pasado. Pero temo que no soy yo quien puede añadir nada más. ¿Quién sabe? Quizás seas tú quien llegue a explicarme lo que es Vilia algún día.

“¿No eres filósofo? Es una pena. Estoy seguro de que un tema como éste llamaría mucho la atención en más de un círculo de historiadores de Escisión, y a mí personalmente me apasiona. Pero si así lo deseas, concretemos aún más.

“Vilia, este mundo, es enorme. No me preguntes como lo sé. Sencillamente lo sé.

“Abarca mucho más de lo que has podido llegar a ver hasta hoy, y es probable que nunca llegues a verlo todo. Existen fronteras que impiden el acceso a determinadas regiones, tan antiguas e infranqueables como el tiempo. Eso no significa, por supuesto, que nadie haya intentado cruzarlas. La humanidad es por naturaleza inquieta, y siempre surgen aventureros dispuestos a embarcarse en cualquier misión arriesgada y no dejar ninguna piedra sin remover. Aún así, lo único que ha quedado de esos valerosos intentos a lo largo de la historia se limita a leyendas extravagantes e imaginativos cuentos. Justo el tipo de historias que suelen acabar en boca de trovadores excéntricos. Más aún: poco ha quedado escrito en papel de estas peripecias, y menos aún se ha contrastado de forma alguna. Si hay algo más allá de estos límites, nadie lo sabe. Y si alguien llegó a averiguarlo alguna vez, no ha regresado para contarlo.

“La Terra Conocida. Así es como llamamos el pedazo de terreno en el que nos ha tocado vivir. Y no te confundas: es mucho más grande y más interesante de lo que parece. Podríamos dividir esta tierra en cuatro partes bien diferenciadas: los reinos de Entanas y Westfallia, antiguos vecinos que han luchado en tres Grandes Guerras durante el transcurso de su historia; las Tierras Heladas de Nebin, un lugar inhóspito donde la tierra cultivada por hombres recios y duros va cediendo terreno poco a poco a la tundra; e Inkairu, un misterioso reino gobernado por gentes de costumbres aún más misteriosas, donde adoran a los espíritus y a exóticas versiones de nuestros Dioses, y donde las leyes que rigen sus vidas se enredan confusamente en protocolos enrevesados y excéntricos.

“Estas cuatro divisiones que hemos hecho nos impiden movernos más allá. Poco sabemos del mundo de Inakiru, si bien sabemos que sus tierras están delimitadas por el mar. Lo mismo ocurre con Nebin, Westfallia y Entanas. Aquí además, la mayor parte de la costa oeste está formada por acantilados enormes y peligrosos: formados, se dice, por la mano de los Dioses durante la Separación. Tan solo en la Península de Ibium, donde se halla Cartago, la única ciudad pesquera de Westfallia, se desarrolla el marinaje y la pesca de alta mar. Allí además se alzan los más hermosos templos de Marmain y Vation, señores de los mares, las aguas y la pesca.

“Al mismo tiempo, Inkairu está separado de los demás reinos por un frondoso bosque, tenebroso y oscuro, habitado por los espíritus de los orientales que deciden quién puede llegar a sus tierras y quién no. Muchas vidas se han perdido en este Bosque Oscuro, y sin embargo algunas compañías mercantiles, con pactos hechos con los Inkaurianos, lo atraviesan diariamente sin grandes contratiempos.

“Con respecto al sur, una enorme cadena montañosa nos impide explorar el resto de Terra: las Montañas Azules. Los clérigos te contarán que a la sombra de las cumbres nevadas vivieron durante siglos los Dioses antes de producirse la Separación. Lo cierto es que de vez en cuando pueden encontrarse ruinas que atestiguan su paso por el mundo, pero poco más puede decirse al respecto. Las Montañas Azules son inhóspitas y crueles, y los caminos acaban por desaparecer llegado cierto punto, fundiéndose con la roca desnuda y las escasos matojos que logran sobrevivir en las zonas más bajas de las montañas. Más allá, tan solo los monjes Taoístas se atreven a adentrarse. Algunos hablan de la existencia de un enorme monasterio que impide el paso a cualquiera que pretenda cruzar las montañas, siguiendo los designios del Dios Helm.

“¿Y qué tiene en común toda la Terra Conocida? Pues no pocas cosas.

“La época de los castillos y los señores feudales parece estar llegando a su fin. El ejército profesional entánico, las mejoras en la producción agrícola, la investigación en ese campo que algunos se empeñan en llamar “ciencia”… El mundo ha progresado mucho desde hace tan solo un siglo, y su progreso ha venido de mano de la pólvora, los cañones y los arcabuces. Las armaduras de láminas de metal van dando paso poco a poco a la cota de malla trenzada y el cuero curtido, mucho más cómodo para el movimiento y para esquivar los balines de plomo. La ingeniería naval ha avanzado hasta el punto de que los barcos se atreven a echarse a la mar leguas y leguas lejos de la costa.

“Y al mismo tiempo, las leyendas y la presencia de los Dioses se hace presente en nuestro día a día. Estoy seguro de que te habrás dado cuenta de que la mayoría de la gente es muy supersticiosa. No son pocos los que aseguran haber visto fantasmas perdiéndose entre la niebla que suele cubrir Media Esuarth, o que achacan a la magia cosas que ahora esa extraña ciencia consigue explicar cada vez con mayor facilidad.

“No quedan muy lejos los tiempos en los que se quemaban “brujas” en la hoguera: muchachas inocentes que se veían muertas debido a alguna excentricidad. Incluso los adivinos y los médiums que de vez en cuando se dejan ver por alguna feria no son más que charlatanes y estafadores, aunque acierten alguna que otra vez. Hazme caso: verás muchas maravillas por estas tierras, pero ninguna tendrá ni la más remota posibilidad de parecerse a la magia de la que has oido hablar cuando eras niño. Así que espero que ya hayas dejado de creer en las hadas.

“Sin embargo, sí que existen los Dioses, y harías bien en respetarlos y temerlos. Ellos nos han creado tal y como somos, y ellos nos guían pacientemente hacia nuestros destinos. Gracias a ellos los campos producen comida, y los enfermos sanan sus heridas. Gracias a ellos cuando morimos nuestras almas encuentran descanso. Los Dioses se hacen visibles a nuestros ojos a través de los numerosos sacerdotes que pueblan las ciudades. Algunos viven en lujosos templos adornados con estatuas de mármol y oro. Otros viajan incansablemente en busca de conocimiento y contemplación. Y aún otros los verás entre la gente común, arando la tierra como cualquiera de nosotros lo ha hecho en su juventud. Respétalos por lo que son, y no olvides que ellos transmiten la palabra de los Dioses; pero no te fíes de ellos a ciegas, pues no son pocos quienes traen esas palabras adaptadas a sus propios designios. Al fin y al cabo, el poder corrompe…

The roof of the world - foureyes

The roof of the world – foureyes

 

“Nuestro mundo es grande, mi joven amigo. Y lo mejor de todo es que aún no conocemos ni la mitad de su tamaño.

“¿Quién sabe? Quizás el destino te está esperando para que puedas descubrir sus más oscuros secretos y sus más impresionantes maravillas. Podrías salvar a alguna damisela en apuros de algun noble malvado y poco escrupuloso, de los que hay muchos… o quizás podrías aumentar la fé de algún condado remoto en algún Dios que pueda beneficiarles. Quizás llegues a salvar a algún que otro pueblo de grupos de bandidos, o explores antiguas ruinas de seres ya desaparecidos. Podrías inmiscuirte en la política local y ganar dinero a raudales con el comercio. Así conocerías a mucha gente interesante y dispuesta a secundar tus opiniones… o a clavarte una daga la próxima vez que les vuelvas la espalda. Podrías llegar a ser capitán de alguno de los ejércitos de la próxima guerra entre los Reinos. O incluso podrías aventurarte en la mar para explorar ese nuevo continente que, segun dicen ahora los rumores que vienen de Cartago, parecen haber encontrado recientemente. Quizás, solo quizás, podrías ampliar nuestros mapas, y ver aquello que nadie antes ha podido ver. Combatir algún antiguo mal, luchar junto a los héroes que pueblan Terra…

“Quizás, solo quizás, podrías llegar a convertir Vilia en un lugar mejor… o podrías salvarte a ti mismo de tus propias pesadillas. De ti mismo…

“Al fin y al cabo… ¿Quién sabe?”

– Bergen Ungstar, aventurero retirado, animando al joven Bardomero, que llegaría a ser conocido más adelante como “el Bardo”.
Nitre, 1498 después de la Separación.

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Post Original: http://vilia.mforos.com/1820597/8852386-introduccion/

Quote: “Remember, remember, the fifth of november”. – V de Vendetta, de Alan Moore.
https://www.goodreads.com/book/show/5805.V_for_Vendetta?from_search=true

Written by Erizo

29/07/2014 at 2:52

Famous Last Words

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Sun ardía. Todo su cuerpo, todo su ser, parecía incinerarse traspasado por el poder. Pero era necesario. Esta vez, por fin, ganaría. Aún a costa de su vida. Solo de su vida.

Sabía perfectamente que eran sus últimos momentos, y aún así se sentía orgulloso. Sentía orgullo por su raza, por lo que había sido y por lo que podría volver a ser. Sentía orgullo por los mensch, por aquello en lo que se habían convertido. Por aquello en que podrían convertirse, moldeando la tierra, SU tierra, SUS vidas, a sus deseos.

Y sobre todo, sentía orgullo por Kaith. Ella sería, sin duda, lo que más echaría de menos.

Como un cántico, sus palabras resonaron en el firmamento mientras su esencia se consumía, tal y como estaba escrito. Y mientras lo hacía, no dejaba de ver en su mente los rostros de todos los que lo habían ayudado, en muchos casos sin saberlo, a que él llegara hasta allí:

-El tiempo es un sendero por el que todos estamos destinados a pasar.
Por él caminamos solos, caminamos a ciegas
Sin darnos cuenta de cuántos otros caminan a nuestro lado.
El tiempo es un sendero sin intersecciones, una linea recta
que invariablemente nos llevará a un mismo final, a un mismo destino.
Nunca puedes salirte del camino. Porque más allá de él no hay nada.
Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado.
Y me empujó, tal y como planeó, a realizar este acto. El que será el último.
Y tú… perecerás conmigo…

Y en ese momento, con un desesperado esfuerzo de voluntad, un deseo sobrehumano, casi titánico, Sun prosiguió allí donde debería haber acabado. Y el mundo, el tiempo, se estremecieron…

-Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado, y a ti te puso en el mío.
Y ése fue su mayor error.
Allí donde caigamos, tú seguirás andando. Allí donde habíamos de morir, mi amor, tú seguirás viviendo.
Porque ese no era tu destino, mas así es como será.
Porque hoy ganamos una batalla como no se ha ganado nunca. Contra el verdadero enemigo:
Contra el tiempo.

Ciudad independiente de Media Esuarth.
Batalla de Media Esuarth, 10 de Enero del 1509 d.S.

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Han pasado diez días, y el cuerpo de Sun yace en un camastro destrozado en una pequeña alcoba sucia y destartalada. Los rayos de un sol rojizo se cuelan a través de enormes agujeros por el tejado de piedra, y bañan el rostro del que fue atlante, así como los rizos avellanados de Kaith, que caen en pequeños bucles alrededor de su joven y hermoso rostro.

Y sin embargo, ella ya no se siente hermosa. No se siente joven. De hecho, ya no siente nada. No es solo a causa de las llagas que recorren su cuerpo, sus brazos, que hasta ahora han demostrado no tener cura. Tampoco, siquiera, a su condición actual, a sus percepciones aumentadas, ultraterrenas.

Sencillamente, Kaith ha perdido aquello que más amaba, aquello que se había convertido en lo más importante del mundo. De su mundo.

Su frente se posa contra la piel fría del que una vez fuera atlante, hijo de Thrain, general del ejercito alado durante la Separación, faro de esperanza para la humanidad… Y en silencio, llora.

Ruinas de una capilla de Thrain en el Distrito Mercantil de Media Esuarth. Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Iridal se detiene ante el pequeño templo destrozado de Thrain. A pesar de los daños sufridos, es uno de los pocos edificios que queda todavía en pie en lo que fuera la ciudad entánica de Media Esuarth. Ante ella, un joven y mugriento sacerdote permanece haciendo guardia con una lanza rota en ristre. Al hacer la mujer un ademán para entrar en el edificio, el muchacho se enfrenta a ella anteponiendo estóicamente su arma. Su mirada destila decisión, a la vez que cansancio y tristeza.

-No podéis pasar, señora.

Iridal frunce el ceño con impaciencia y contesta:

-Busco a Kaith,
-Ella está dentro, pero lo lamento: no podéis pasar.
-¿Y por qué no puedo pasar? -preguntó, exasperada.
-Porque en este sitio yace un Dios, y tan solo alguien de porte sacro puede traspasar este umbral.
-¿Y acaso Kaith tiene tal “porte”, sacerdote? -imprecó Iridal, sin saber si quitar al joven de en medio de un puñetazo.
-Ella murió y volvió a la vida. Siempre ha seguido al Hijo de Thrain. Ha sido su discípula, y lo ha amado. Aún lo ama. La respetamos.

Iridal pudo haber seguido discutiendo. Pudo haberse deshecho del joven clérigo con una palabra y un leve gesto de la mano. Incluso creía probable que hubiese podido dejarlo inconsciente y pasar sobre su cuerpo inerte. Pero en vez de eso, asintió y continuó su camino.

Ahora entendía. No solo respetaban a Kaith: la comprendían. Todos los supervivientes de la gran batalla que se había librado alrededor de la ciudad diez días atrás eran conscientes del sacrificio que el atlante había realizado. Eran conscientes, aunque fuera mínimamente, de cuánto se había perdido, de todo lo que se había ganado a cambio. Kaith no era la única que sufría por la pérdida de Sun. Todos ellos también lo hacían, y compartían su dolor.

La protegían, como mudo agradecimiento al hijo muerto de un Dios muerto.

Iridal comprendió que así es como nacían en realidad los lugares sagrados.

Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Song: “‘Cause I see you lying next to me
With words I thought I’d never speak
Awake and unafraid
Asleep or dead”
– Famous Last Words, My Chemical Romance.
http://grooveshark.com/#!/s/Famous+Last+Words/6RoihB?src=5

Movie: “There’s no one I’ld rather be than me.” – Wreck-it Ralph.
http://www.imdb.com/title/tt1772341/

Written by Erizo

13/05/2014 at 1:30

Abismos del alma

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Sigmund sentía el doloroso contacto del suelo desnudo sobre su espalda. Llevaba sintiéndolo ya bastante rato, pero algo en su subconsciente lo hacía resistirse a salir del sopor en el que se hallaba. Giró sobre sí mismo para intentar aliviar la molestia, y se dio cuenta de que estaba encogido y que apenas podía sentir las piernas ni los brazos. Estaba aterido de frío, y un viento helado azotaba su rostro.

Algo andaba mal.

El semiatlante se incorporó pesadamente, con esfuerzo, y comenzó a masajearse las piernas con los ojos entrecerrados. Durante un segundo echó de menos sus guantes, pero desechó rápidamente la idea con una sonrisa triste.

Se dio cuenta de que se encontraba a la intemperie, rodeado de cajas y de otras personas que también yacían encogidos. El sol comenzaba a alzarse sobre las Montañas Azules, y pudo ver que algunos de ellos temblaban. La mayoría, sin embargo, no se movían en absoluto. Trazos carmesí se mezclaban con el tono azulado de su piel.

¿Qué podía haber pasado? La noche anterior había sido tranquila. Sus compañeros y él habían encontrado indicios de que la Secta estaba preparando algún tipo de ritual. Parecía peligroso… muy peligroso. Pero no inminente. Recordaba haberse ido a dormir en las habitaciones del templo de Helm del Monasterio del Búho Rojo. Recordaba haber querido rezar, y haberse obligado a no hacerlo. Recordaba que había pedido a sus compañeros que mantuvieran los ojos abiertos.

Entonces, Sigmund se incorporó y miró a su alrededor. El Monasterio del Búho Rojo había desaparecido.

Sigmund no pudo hacer más que quedarse inmóvil. No se lo creía. No podía creérselo. ¿Qué había sucedido allí? ¿Qué había ocurrido en tan solo una noche?

-¡Sigmund! -el que fuera sacerdote escuchó que alguien lo llamaba, pero no fue sino hasta que notó que lo zarandeaban que no se dio cuenta de quién le estaba hablando. Coren lo miraba preocupado mientras intentaba conducirlo cerca de una inmensa carpa de tela que estaban alzando en aquél momento-. Sigmund, ¿estás bien? ¡Dioses, sigues vivo! Pensamos que te habíamos perdido.

Sigmund se apartó bruscamente del adivino y se detuvo.

-¿Qué ha pasado? -consiguió murmurar, con una voz tan ronca que lo sorprendió a él mismo. Tosió, notando por primera vez desde que había despertado que tenía la garganta seca y dolorida.

Coren lo miró fijamente, atónito.

-¿No lo has visto? ¿No te has enterado?

Sigmund negó con la cabeza, incapaz de hablar.

Con un suspiro, Coren respondió:

-Entonces será mejor que te sientes…

Sigmund observó a Coren atentamente, casi sin pestañear, mientras éste contaba su relato. Cuando terminó, el semiatlante continuó observándolo, inmóvil. O casi. Sigmund no podía evitar el temblor que en ese momento dominaba sus manos. Sabía que pronto se extendería al resto de su cuerpo. Y que llegaría a su alma…

Tenía que hacer algo antes de eso.

-Voy a avisar a Taryc -anunció con un murmullo apagado, que a Coren le costó escuchar. Sigmund comenzó a concentrarse, a abrir y expandir su mente.

-Espera -lo detuvo el adivino-. Si vas a hacer tu… lo que sea que hagas… Si vas a hablar con Taryc, pregúntale por su paradero y por lo que saben ellos. Pregúntales por Kaith y por Sun. Quizás estén con ellos.

Sigmund lo miró sin dar señales de comprensión, y acto seguido cerró los ojos. Coren suspiró, irritado.

-No sé para qué me preocupo… -dijo sin dirigirse a nadie en particular.

Nightmare, by kalessaradan

Nightmare, by kalessaradan

Taryc dormía. Al menos, su cuerpo lo hacía. Su mente no hacía más que seguir trabajando sin cesar, dando vueltas una y otra vez a lo mismo: la secta, el dragón, Luanor, los drow, Lescrom, los atlantes, Thurvack… su hermano…

Sentía que se acercaba la mañana. No sabía cómo, pero sabía que pronto llegaría el momento de levantarse y encarar un nuevo día. De nuevo el horror, la desesperación. Un mundo que se llenaba de tinieblas por momentos. Y en el que parecía que solo ella podía ofrecer un pequeño atisbo de luz. De esperanza.

Y sin embargo, lo único que podía sentir era fatiga… Sabía que despertaría, y seguiría fatigada. ¿Dónde estaba su luz? Solo podía ver tinieblas. Y tras ellas…

-¡Sigmund! -dijo en voz alta, y se incorporó en el lecho. Su mano ya se había cerrado alrededor de la daga que guardaba bajo la almohada. Miró a su alrededor, pero no vió nada. ¿Había escuchado realmente la voz de su amigo?

“Hola Taryc. -sintió, más que oír, una voz en su cabeza-. Hacía mucho tiempo que no hablábamos. Espero que aun recuerdes mi voz.”

-¿Sigmund? -preguntó la muchacha al aire, aún confusa.

“Veo que aun la recuerdas, me alegra oírlo. -las palabras de Sigmund parecían neutras, casuales. Pero Taryc pudo percibir que, en el fondo, estaban huecas-. ¿Qué tal os encontráis todos? ¿Por dónde andáis? ¿Estáis todos sanos y a salvo? ¿Sabéis algo del enano, o de Kaith y Sun?”

Eran muchas preguntas, y muy de repente. Aún así, Taryc intentó acometerlas tan bien como los vestigios de su sueño le permitían.

-Bueno… Estamos todos bien por ahora.. Nos encontramos ahora mismo en Media Esuarth, una ciudad entánica.. Han ocurrido tantas cosas… Por ahora hemos conseguido que esta ciudad sea nuestra aliada…

Y entonces se detuvo, dándose cuenta de sus palabras. Dándose cuenta de que aún no se creía lo que había sucedido en los días anteriores. Sonrió levemente y continuó:

-Sí, Sigmund. ¡Alguien nos cree!

>>Y sí, Kaith y Sun están aquí con nosotros… Pero el enano no… ¿No estaba con vosotros? -preguntó, extrañada.

“Sí, el enano estaba con nosotros -contestó Sigmund por su parte. No parecía que las palabras de Taryc lo hubiesen alegrado lo más mínimo-. Pero tuvo que separarse de nuestro grupo. Al parecer tenía cosas pendientes que arreglar por su cuenta. Pero, la verdad, no nos dijo el qué.”

A Taryc no le gustó aquello. Dart-Dos era un cabezota, pero era leal. La mayor parte del tiempo, al menos… ¿Qué había sido tan importante como para que abandonase a Sigmund en mitad del viaje? Esperaba que no fuese nada grave, ni nada personal entre él y el sacerdote de Crues.

-Bueno, pues cuéntame. -continuó Taryc ante el pesado silencio de su amigo-. ¿Cómo estáis vosotros? ¿Qué estáis haciendo?

“¿Nosotros? Bueno… -la voz de Sigmund tembló. La preocupación de Taryc aumentaba por momentos-. Nosotros nos encontramos todo lo bien que nos podemos encontrar después de alguna que otra rencilla, ya sabes… cosas que pasan…

“Durante mi camino nos tuvimos también que despedirnos de Azareus -continuó, cambiando bruscamente de tema-. Al parecer decidió dejar todo esto, y lo último que sé es que ahora mismo está en un monasterio Taoísta, en Wingstar. 
“También me encontré con Coren, espero que lo recuerdes: Sigue tan “gracioso” como siempre. Sigue siendo un buen compañero a pesar de eso.”

Eso podría explicar la marcha de Dart-Dos, pensó Taryc. Sin embargo, se abstuvo de interrumpir a su amigo.

“Me alegra saber que Kaith y Sun están bien. Dales recuerdos de mi parte…”

Sigmund volvió a detenerse. Taryc estaba a punto de gritarle a su amigo para que dejase la charla casual. Sus palabras eran tan vacías… La muchacha estaba segura de que ocultaba algo, pero que no se atrevía a decirlo. Le hubiese gustado tenerlo delante para darle un buen bofetón y que se centrase.

“Bueno ahora que sabemos dónde estás… -continuó el semiatlante-. Deberán ir a buscarte… Sí, deben encontrarte…

“Antes de que cierre, ¿quieres saber algo más?”

¿Cómo? ¿Ya? ¿No tenía nada más que decirle? Decididamente algo andaba muy mal. Taryc dudó tan solo un segundo. No permitiría que la comunicación se cortase.

-Nosotros también hemos encontrado compañeros nuevos. -comenzó a trompicones-. Por ejemplo, a Hansi y a su amiga Tarja. Ayudamos a salvar a la madre d Hansi, que había sido secuestrada por José Luanor… Recuerdas a Luanor, ¿verdad? Y además, hace unos días, conocimos a Raaven pero… -aquí se detuvo, pesarosa, y con un murmulló concluyó- Murió…

La tristeza la inundó, y por un instante esperó escuchar la voz de Sigmund, bondadosa, consolándola, guiándola. Pero el semiatlante no dijo nada. Taryc continuó con pesar, sintiendo como si un puño estuviese oprimiendo su corazón.

-Y concretamente ayer nos encontramos también a un grupo de caza recompensas. Venían buscándonos, ¿sabes? Por lo que pasó en Escisión, y el cartel de “Se busca”… Pero bueno, al final parece que nos van a ayudar.

>>La marcha de Daga, Hansi y Tarja ha sido inminente. Nuestros caminos se han separado. Por ahora, Ashazaar, algunos miembros del grupo de caza recompensas, Rielek, dos amigos más, un explorador y yo vamos a ir en busca d una nueva piedra del Dragoon que se encuentra, al parecer, en el desierto de Krilie. Que, bueno, no te lo he dicho, pero ahora somos cuatro Dragoons en total. Se nos han unido Idan y su mujer Iridal. Dragoon del fuego y de la luz, respectivamente.

>>Por supuesto, pasaremos por las Montañas Azules antes para buscar a la mujer de Ashazaar.
Daga, junto con otra de las personas que nos estaba dando caza, va a ir al bosque de Warath. Cosas extrañas están allí ocurriendo…

Taryc se quedaba sin nada más que contar, y Sigmund parecía seguir inmutable.

-Y bueno -continuó a la desesperada-, te vuelvo a decir que tenemos a un archiduque a nuestra disposición, junto con unos cuatrocientos soldados… Son muy pocos, pero la verdad es que es una alegría tener a gente que por fin cree en nosotros. Nos han ayudado todo lo que han podido. Les estoy eternamente agradecidos…

>>¿Y vosotros qué habéis averiguado? Cuéntame, porque quizás pueda ser crucial para nuestros próximos pasos.

El enlace mental quedó en silencio. Taryc llegó a preguntarse si los últimos minutos los había pasado hablando sola, en su cuarto. Pero entonces, las lejanas palabras de Sigmund llegaron hasta su mente de nuevo. Lentas, cautelosas. Amargas.

“Tal vez. Nosotros no hemos hecho cosas tan sumamente importantes como vosotros, siento decirlo. Nos hemos unido también a algunos nuevos compañeros, pero no hemos hecho demasiado.

“Encontramos unas excavaciones lideradas por un grupo de arqueólogos. Exploraban una tumba cerca de Wingstar, en mitad de las Montañas Azules. Descubrimos y conseguimos derrotar a una criatura que aterrorizaba al campamento, aunque con patético resultado, lamentablemente. Tuvimos que huir de allí debido a que el kender tuvo algunos pequeños problemas con un par de dagas… y un par de muertos…

“Poco después seguimos nuestro camino, hasta que éste desapareció a los pies de una pequeña villa que estaba gobernada por una abadía… se llama… llamaba… el Monasterio del Búho Rojo. Este monasterio, dedicado a Helm, guardaba una Muralla que separa la torre de Crues del resto del mundo. Aquí nos separamos de Kaith y de Sun.

“Estuvimos intentando ayudar a los sacerdotes que guardaban la muralla con un pequeño problema que tenian, pero…”

Entonces la voz de Sigmund se quiebra por fin, rompiendo su soniquete monótono, distante y vacío. Los instantes de silencio que lo sucedieron parecieron alargarse horas.

“Taryk… -la voz de Sigmund sonaba ronca, débil… destrozada. La muchacha no podía verlo, pero sabía que en aquél momento, en las mejillas del que fuera sacerdote de los muertos, relucían las lágrimas-. ¿Que he hecho? ¿Cómo he podido hacer lo que he hecho? ¿Por qué he sido tan sumamente egoísta?”

-Sigmund… -empezó Taryc débilmente, pero no tuvo tiempo de continuar.

“Taryc, escúchame… He dejado que una gran sierpe alada azul destruya toda la villa que yo estaba protegiendo… Y lo peor es que no pude hacer nada, quedé inconsciente… ¡Me dormí! Debí de haber muerto… O debí de haberme enfrentado con ese ser y haberlo destruido… pero sin embargo… no hice nada… por mi completa estupidez…

“Debo… He de pedirte un último favor. Quiero que os encontréis con Coren y el resto de mi grupo. En el pueblo en que nos separamos. En Wingstar. Debes dejar que ellos se unan a vosotros. Al menos ellos podrán ayudar en la guerra. Prométeme que harás eso, por mí. Por favor…”

-Más dragones… -dijo Taryc, alarmada-. Nosotros ya nos hemos encontrado con dos, Sigmund. Parece que la Secta está consiguiendo lo que se propone. Tres dragones, y saben los Dioses cuantos más…

-Los Dioses no existen… -la interrumpió Sigmund, destrozado. La muchacha lamentó al momento sus palabras.

-Sigmund, tú no tienes la culpa de lo que ha ocurrido. Es imposible luchar con esos seres. Por ahora sólo te pido que no flaquees, no huyas… Sigue con tus compañeros. Estamos todos juntos en esto, ¿no es así? ¡Tú mismo lo dijiste!

>>Por favor, Sigmund. No caigas ahora… Hemos visto mucha muerte… Mucha destrucción… Mucho odio… Pero a pesar de ello seguimos juntos, por muy lejos que estemos… Míranos, estamos hablando ahora como si estuviésemos uno al lado del otro. ¡Tú nos has reunido!

>>No sé en qué estás pensando, pero por favor… sea lo que sea, no lo hagas solo… Recuerda que somos amigos. Somos un grupo…

>>En una semana habremos llegado a las Montañas Azules, y entonces podremos reunirnos en persona. Pero mientras, no te atormentes… Puedo sentir que vamos por buen camino, Sigmund…

“No Taryc, ya no puedo más -lo interrumpió el semiatlante, desesperado-. Aún oigo los lamentos de aquellos que quedaron encerrados en la abadía. Fueron destruidos por el mortífero ataque de la sierpe. Los relámpagos en la noche, los gritos, el olor a carne quemada…

“No. He decidido quedarme aquí. Ayudaré a los pocos supervivientes que han quedado. Voy a ayudarlos a reconstruir el lugar y a que vuelvan, como mínimo, a su estado anterior. Se lo debo.”

-Pero Sigmund, ¡puedes hacer mucho más que eso!

“Por favor, Taryc -la interrumpió Sigmund, y Taryc pudo sentir el restallido de cada palabra en su cabeza. Se llevó las manos a la frente mientras apretaba los dientes para mitigar el dolor-. Por favor… Espero que vayáis a encontraros con Coren y los demás. Tienen documentos de suma importancia. Y, además, ellos aun pueden ser útiles en este sin sentido.

“-Por favor, respetad mi decisión. Espero que nos volvamos a ver, cuando todo esto haya acabado. No vengáis a por mí, no quiero tener que enfrentarme a ninguno de vosotros…

“Adios Taryc. Por favor, vive, y no mueras… como yo he hecho.”

La joven pudo sentir como su mente se despejaba, y una profunda sensación de soledad la envolvía en su lugar. Se quedó allí, tiritando, con los brazos apretados contra su cuerpo, sin saber exactamente qué había pasado.

Así la encontró el amanecer, cuyos rayos de sol bañaron su habitación y trajeron luz hasta su rostro. Allí se reflejaron en lágrimas, que recorrían sus mejillas. Lagrimas por un amigo muerto en vida.

-Adios Sigmun… -susurró al aire-. Cuidate.

Lágrimas que nadie más vería.

Sigmund y Coren: Ruinas del Monasterio del Búho Rojo, Montañas Azules. Al norte de la Muralla de los Dioses.
Taryc: Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
8 de Diciembre del 1508 d.S.

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Song: “Devil came to me, and he said: You belong to me”.
– Devil Came to Me, Dover.
http://grooveshark.com/#!/s/Devil+Come+To+Me/4oB2I8?src=5

Original Threadhttp://vilia.mforos.com/982396/4515008-the-contact/

Book: “Do what you will, you cannot annihilate that eternal relic in the heart of man, love”.
– Les Misérables, Victor Hugo
https://www.goodreads.com/book/show/24280.Les_Mis_rables?from_search=true

Quote: “Acepta que no tienes control, que puede pasar cualqueir cosa, que puede salir mal, incluso… Y disfruta del viaje.” – Erizo.

Fighting in the Alleyways

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Snowing Alleyway

Snowing Alleyway

 

El cielo, cubierto de nubes, brillaba con una tonalidad anaranjada rojiza enfermiza y cargada de malos presagios. “Una noche perfecta para buscarse problemas”, se dijo Idan. Mientras continuaba avanzando en dirección a las letrinas, situadas en la parte trasera de la posada, sintió como algo frío se posaba en su rostro. Había comenzado a nevar.

El susurro de unos pasos a su espalda llamó su atención. No es que no los esperara. Más bien es que le pareció curioso que avanzasen con tan poco disimulo. Se detuvo y se apoyó contra el muro de la posada, como si estuviese mareado. Les daría tiempo para que lo alcanzaran, y la oportunidad de que pasaran de largo. Asintió levemente, satisfecho, cuando no la aprovecharon.

-¡Eh, tú! -lo llamó uno de sus perseguidores en entánico, en un alarde de inspiración creativa y en absoluto estereotipada.

Idan se volvió lentamente, todavía apoyándose en la pared, y tratando de resguardarse en la capa. Para asombro de sus perseguidores, sonreía levemente.

Ante él se hallaban dos hombres de unos treinta años, de tez morena y cabellos cortos, ralos y negros. Tenían pinta de personas curtidas, aunque se movían con un aire furtivo poco propio de los hombres de armas comunes. No eran soldados, de eso no había duda. Iban embozados con sendas capas negras, sencillas, que aún a pesar de estar algo raídas todavía conservaban cierto lustre y denotaban calidad.

-No sé quién eres -continuó el hombre que había hablado, de mandíbula robusta y barba incipiente, mientras hacía crujir sus nudillos-, pero haces muchas preguntas. Quizás sea hora de que empieces a dar respuestas.

La sonrisa de Idan se ensanchó, tomando un matiz sardónico. Sus ojos no se alzaban del suelo, ofreciendo todavía la imagen de la borrachera.

-Se está riendo de nosotros, James -dijo el segundo matón, de nariz bulbosa y ojos pequeños. Se echó hacia atrás la capa y mostró un cuchillo, que reflejó la luz titilante de una antorcha cercana.

-Está borracho -respondió el primero despectivamente-. Vamos, soldadito -continuó dirigiéndose a Idan-. Contesta. ¿Qué sabes de los inkaurianos que han venido a Nívola? ¿Quién te ha hablado de una princesa?

Los matones dieron un paso hacia él.

-Cometéis un error -los detuvo Idan, su tono de voz bajo e imperioso.

Estaba cansado, había viajado durante muchas horas, casi sin detenerse… y a pesar de todo, esperaba con anticipación el momento en que pondría a aquellos dos idiotas en su lugar. Sus músculos se tensaron y sintió el flujo de la adrenalina. Sus ojos se alzaron en busca de sus enemigos. Estos se miraron entre sí.

-James, creo que está loco -susurró el hombre del cuchillo a su compañero.

-Razón de más para quitarlo de su miseria -respondió el llamado James en un alarde de valor. Su voz se quebró al terminar la frase, sin embargo. Dudaba.

En este caso fue Idan quien se acercó un paso a sus interlocutores, que se alarmaron visiblemente y se pusieron en guardia.

-Voy a deciros lo que va a pasar -continuó diciendo el paladín-. Vais a decirme todo lo que sepáis sobre una princesa inkauriana. En especial si esa princesa está en la ciudad. O si ha pasado por aquí.

Un bufido que pretendía ser valiente lo interrumpió en su explicación. Sin embargo, quien lo emitiera no se atrevió a añadir nada más. El silencio cayó de nuevo entre los tres hombres, hasta que Idan lo rompió para continuar:

-Podéis intentar atacarme. Adelante. De hecho, por Thrain, espero que lo hagáis. Pero si tenéis ganas de acabar la noche en vuestra casa, en vuestro propio catre, y no sangrando en mitad de la calle o en un calabozo, os animo encarecidamente a que empecéis a hablar ahora. Porque hablaréis. Que no os quepa duda. De un modo u otro, hablaréis.

-Verdaderamente está loco -dijo James a su compañero, que miraba a su pretendida víctima con desconfianza-. Es solo un hombre, y está borracho. Ni siquiera va a tocarnos.

-No sé, James. Quizás deberíamos…

En ese momento James saltó. Idan, que lo estaba esperando, se apartó ágilmente y alzó su capa en mitad de la trayectoria de su asaltante. Éste no pudo evitar enredarse con ella al caer en el lugar donde un momento antes había estado su objetivo. De un fuerte tirón, Idan pudo sentir como los pies de su enemigo abandonaban el suelo y su cuerpo giraba en el aire, movido por su propio impulso. Pudo escuchar un satisfactorio gemido cuando el matón cayó de bruces.

Su segundo asaltante se lanzaba en ese momento hacia él, empuñando la daga. Idan esquivó dos puñaladas rápidas y consiguió desviar una tercera agarrándole la muñeca. Lanzó un puñetazo que fue a estrellarse en el rostro de su enemigo. Éste, con un grito, soltó la daga para llevarse las manos a la nariz. Estaba rota.

El llamado James se levantaba en aquél instante, barbotando insultos en su lengua, y se lanzó de nuevo contra el paladín. Intercambiaron puñetazos durante algunos segundos, pero mientras que los del matón se estrellaban contra los brazos o la capa del paladín, los de éste acertaban en el rostro, el cuello, el pecho y los costados de su enemigo. Por fin, Idan logró encajar un puñetazo en la mandíbula que dejó a su contrincante tembloroso y confuso.

-Y esto -dijo el paladín-, de parte de todos los inkaurianos.

Y giró rápidamente sobre sí mismo lanzando una patada que golpeó a James en el rostro, lanzándolo de espaldas al suelo. Una vez allí, no volvió a moverse.

Idan sonrió satisfecho. Respiraba con algo de pesadez, debido al cansancio acumulado, pero concluyó que el ejercicio le había sentado bien. Estiró un poco los brazos, y se dirigió con decisión hacia el hombre que lo había atacado con la daga, que seguía en el suelo palpándose la nariz.

-¡No, por favor, no me hagas daño! -dijo el asaltante, tembloroso.

Idan pudo confirmar que aquél hombre no era un guerrero ni un soldado. Se comportaba como un cobarde, y no era capaz de soportar una herida como aquella sin desmoronarse. O eso, pensó, o estaba fingiendo.

-¿Cómo te llamas, villano?

-Ronnald, mi señor. Por favor, me rindo. No deseo luchar. Tan solo dejad que me vaya.

-Me temo que es un poco tarde para esa opción, Ronnald. Será mejor que empieces a contarme…

En ese momento, un manto de oscuridad cubrió a ambos hombres, e hizo que se perdieran de vista el uno al otro. Idan no podía ver absolutamente nada, ni siquiera sus manos. Parecía como si se hubiese quedado ciego. Instintivamente se puso en guardia y se desplazó hacia atrás, intentando llegar hasta una pared donde poder montar una defensa, aunque fuera a ciegas. Podía escuchar los gritos asustados de Ronnald, aunque le parecieron amortiguados. Aquella oscuridad era densa y pegajosa.

Un horrible golpe lo sorprendió en el hombro izquierdo, y no pudo evitar un grito de dolor al sentirlo crujir. Notó como su cuerpo se estremeció como si una aguja helada lo atravesase y fuese consumiendo sus fuerzas. Se echó la mano derecha sobre el hombro herido y saltó a un lado pesadamente para ir a estrellarse contra la pared que inicialmente había estado buscando. Acto seguido echó a correr hacia delante. Sintió el viento provocado por algo pesado que rozó su cabello y estuvo a punto de estrellarse contra su sien. No se detuvo a preguntarse qué podía ser.

Se desplazó totalmente a ciegas en una carrera que se le hizo la más larga de toda su vida, aun a pesar de que recorriese quizás un total de treinta metros. Por fin su visión se aclaró, y pudo contemplar el callejón en el que se había internado hacía unos minutos. La luz se colaba a través de la rendija de la puerta principal de la posada, los copos de nieve caían suavemente sobre él. Idan respiró aliviado. Entonces se dio la vuelta, y pudo ver como un manto de completa negrura parecía haberse materializado en medio de la calle, absorbiendo un pedazo de la misma y haciéndola desaparecer. Era como si una cúpula de oscuridad hubiese engullido el suelo, las paredes, y el aire que formaban un trozo de aquél callejón. Los copos de nieve que tenían la desgracia de caer en aquella cúpula desaparecían entre las tinieblas. Los gritos de Ronnald todavía podían oírse como si llegasen desde más de un kilómetro de distancia.

Idan maldijo y se alejó un par de pasos más, dispuesto a echar a correr. Sea lo que fuese que hubiese convocado aquél manto de tinieblas, tenía poder. Y él estaba desarmado. Pero entonces se acordó de Rue. No podría dejarla allí sola. La encontrarían, y se la llevarían. No les resultaría difícil. Rue no era alguien que pudiese permanecer escondida mucha tiempo.

Entonces escuchó una carcajadas apagadas y crueles. De aquél pedazo de oscuridad infernal le pareció que un pedazo se desprendía con dificultad para recortarse poco a poco en una figura humana. Jirones de sombra se enredaron en brazos y piernas a medida que aquella criatura, que resultó ser un hombre, emergía lentamente. Una pesada maza de metal, que irradiaba un aura terrible e impía, pendía de uno de sus brazos, y bajo los rasgos retorcidos y los ojos brillantes y crueles de aquél rostro colgaba al cuello una cadena de hierro con un medallón negro como la sombra de la que parecía haberse creado. Dos serpientes casi se retorcían en la roca con una vida impura y malévola.

Idan retrocedió sin dejar de sostenerse el hombro, intentando sobreponerse al dolor y concentrarse. Aquél hombre despedía un aura maligna a su alrededor. Indudablemente se trataba de uno de los sacerdotes de la Secta. Acto seguido hizo un rápido repaso de sus opciones. Concluyó que no le quedaban muchas, desde luego.

-Tienes los ojos muy redondos para ser inkauriano, soldado -dijo aquél hombre con voz áspera y sibilina. Idan no pudo evitar estremecerse-. Sin embargo, eres claramente un aliado suyo. Incluso sabes de la existencia de la princesa cautiva. No sé si te das cuenta con quién estás tratando, infiel. Pero vas a tener la oportunidad de descubrir más de lo que te gustaría. Vamos a hablar, tú y yo.

¡Benditos fueran los Dioses! Aquél era una de esas personas que les gusta vanagloriarse en la victoria. Quizás, si tuviese suficiente tiempo…

-No sé de qué me hablas, monstruo -dijo Idan, fingiendo estar aterrado. Mientras, comenzó a murmurar unas palabras apresuradas. El dolor de su hombro izquierdo comenzó a remitir.

-¡Monstruo! ¿Me acusas de ser un monstruo, cuando eres tú quien te opones a los sagrados designios del Dios de los Dragones? Tu ignorancia es la que te hace un monstruo a mis ojos. ¿Qué eres? ¿Un peón de algún noble inkauriano? ¿Un mercenario a sueldo, un espía quizás? Veo el temor en tus ojos. Empiezas a comprender -dijo, acercándose a Idan-. Vamos, dime lo que quiero saber y tu muerte será… menos dolorosa.

-¡No, por favor! -exclamó Idan, que se echó de hinojos al suelo, implorando clemencia. Su mano derecha buscó la caña de la bota, donde solía guardar una daga. Reprimió un suspiro de alivio al rozar el mango con la punta de los dedos, y continuó-. Te diré lo que desees: el nombre de mi señor, sus planes… Pero por los Dioses, no me mates.

El sacerdote soltó una carcajada mientras continuaba acercándose a su presa, balanceando su maza a un costado. Un haz de luz negra seguía su movimiento en todo momento. Por fin, llegó al lado del paladín, que alzó la vista para observarlo con ojos asustados.

-Te diré un secreto, gusano -dijo el sacerdote, posando la mano sobre la frente del paladín. Estaba fría como el hielo-. Los Dioses no existen…

Aquél era el momento que esperaba.

-¡Por Thrain! -gritó Idan, y un fulgor azulado envolvió la hoja de su daga. En un movimiento fluido, el paladín se abalanzó cargando todo su peso en un único golpe. La fuerza que consiguió fue suficiente para penetrar las placas de cuero curtido de su enemigo y atravesar su pecho. Al mismo tiempo, la energía sagrada que contenía el golpe destrozó sus costillas y estuvo a punto de atravesar su espalda.

El sacerdote soltó la maza, que cayó al suelo perdiendo su brillo negro, y se aferró a los hombros de Idan con ambas manos. El dolor era evidente en sus ojos inyectados en sangre, pero aún así tuvo fuerzas suficientes para acercar las manos hasta su garganta.

-¡Un paladín! No puede ser… -susurró mientras hilos de sangre caían desde la comisura de sus labios. Sus manos heladas continuaron su camino hacia la garganta de Idan, y comenzaron a ejercer presión. Sus dedos parecían tiras de hierro helado, y sus uñas se clavaron en los músculos de su cuello, buscado las venas.

Idan apretó los dientes e intentó deshacerse del cuerpo del sacerdote, pero no logró romper su presa. Sus manos estaban guiadas en ese momento por una voluntad superior, un ente maléfico que había identificado a un enemigo peligroso, y que no dejaría que se le escapase. Idan se dio cuenta de esto, e hizo un nuevo intento por concentrarse. No sabía si era Thrain quien respondía a sus plegarias, pero fuera lo que fuese, esperaba que no le fallara en ese momento.

Asiendo el mango de su daga con ambas manos, el paladín volvió a sentir la calidez que lo había envuelto momentos antes, justo al lanzar su ataque. Supo que no estaba solo. Que no lo estaría nunca. Que algo o alguien lo cuidaba. Y que aquél no era su final. Con un nuevo impulso, la daga penetró más profundamente en el cuerpo del sacerdote, y una nueva descarga de fuerza sagrada hizo que éste soltara su presa y cayese un par de metros hacia atrás. En el mismo momento en que tocó el suelo, el campo de oscuridad se desvaneció.

El sacerdote había muerto.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos. 
Ciudad de Nívola, Entanas. 
22 de Enero del 1509 d.S.

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Song: “A warning to the people,
the good and the evil.
This is war…”
– This is War, 30 seconds to mars
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Written by Erizo

29/07/2013 at 1:53