El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

Archive for the ‘Maeron’ Category

Reencuentro – Parte I

leave a comment »

-Acercaos a mí -ordenó Iridal. Todos los presentes obedecieron con prontitud, y se congregaron alrededor de la hechicera en el salón de recepciones del Castillo de Media Esuarth-. Voy a volvernos invisibles, y luego lanzaré un conjuro que nos llevará a la entrada de Qumran.

>>Cuando lleguemos allí, procurad no soltaros. No podremos vernos los unos a los otros, estando invisibles. Y si alguno se pierde en la niebla…

Dejó la frase sin terminar, paseando sus profundos y acerados ojos pardos y deteniéndolos en cada uno de los allí presentes.

Dart-Dos sintió cómo los dedos de Kaith se aferraban con fuerza a su hombro. A excepción de ese pequeño detalle que tan solo pudo percibir el enano, la semi-atlante, todavía con cicatrices en el rostro, ofrecía un aspecto decidido e impasible.

-¿Qué haremos una vez estemos dentro? -preguntó Nessa, impaciente-. ¿Solo tenemos que buscar a esa enana y ya está? ¿Ella tiene las gemas de Taryc?

Taryc asintió a las palabras de la salvaje, pero no añadió nada más. Dart-Dos sabía que le estaba observando, y no pudo evitar un escalofrío. Frunció el ceño, molesto.

-Es posible que, si tal y como dice Taryc, esa enana se encuentra en una situación temporal extraña, se trate de la perturbación que siento en las Montañas Azules -añadió Kaith-. Si es así, quiero hablar con ella.

-Insisto en que me parece muy peligroso, Kaith. En estos momentos las Montañas Azules son el territorio de Levain. El riesgo es enorme -era Ashazaar quien, con gran educación, casi con cariño, increpó a Kaith en estos términos.

-Si esa enana está en la misma situación que yo, quizás sea la única persona que pueda decirme qué me está ocurriendo. No hay otra opción: debo ir -contestó Kaith, tajante.

-Y no irás sola -declaró Ashazaar sin dudarlo.

El grupo se sumió en un ominoso silencio, mientras unos y otros se dedicaban miradas de confianza, de determinación. Cualquier cosa, se dijo Dart-Dos, que pudiese calmar el incipiente miedo que se iba extendiendo en cada uno de sus corazones.

Él lo conocía. Ya lo había visto y lo había sentido en innumerables ocasiones, siempre antes de una batalla, durante la Guerra de la Separación. Con la experiencia había llegado a la conclusión de que ese miedo era lo único que los  podía mantener vivos.

Solo los locos no tienen miedo.

El delicado silenció se rompió cuando Iridal comenzó a entonar su hechizo. Con una mano, fue tocando a cada uno de sus compañeros, que se apresuraron a agarrarse a ella y aferrarse entre ellos mismos. Y súbitamente, con un fuerte tirón, como si algo los estuviese arrancando de la tierra misma, desaparecieron.

—–

Maeron se quedó solo en el gran salón de recepciones, sentado en un pequeño trono de madera que todavía no había sido reparado del todo. Se mesaba una barba incipiente, negra como el carbón, mientras no dejaba de mirar el lugar exacto donde el grupo había estado hacía escasos segundos, antes de ser transportados por la magia.

-Odio que hagan eso -murmuró.

Un vez más, tocaba esperar.

—————-

Castillo de Media Esuarth. 27 de Febrero del 1509 d.S.

Written by Erizo

17/02/2016 at 0:15

Consejo

leave a comment »

Castle Skies - by =jasonwilde

Castle Skies – by =jasonwilde

-Podéis contar con mi lealtad y mis humildes habilidades, mi señor… si es que se me permite llamaros así -declamó Cyril Darson casi como si estuviese recitando de memoria, aunque sin perder por ello una pizca de pasión-. He servido a esta tierra durante toda mi vida y, si vos lo deseáis, lo seguiré haciendo.

Maeron asintió, satisfecho. No había sido muy difícil. Aquél hombre ya entrado en años parecía más que aliviado de que alguien se alzara dispuesto a mejorar la situación de la ciudad. Probablemente no conocía nada más que los edificios y las callejuelas que había tras los altos muros que habitaba. Podía moverse entre ellos con soltura y facilidad, casi como si fuera parte de su naturaleza. Haber tenido que plantearse abandonar Media Esuarth tenía que haberle dado pesadillas.

Por todo aquello, el Maestre Darson le resultaría muy útil. Sabía qué hacer para que la región saliera adelante: tenía experiencia a la hora de organizar las épocas de siembra y de cobrar los tributos, sabía lo que requería organizar un mercado y los aranceles que eran adecuados. Conocía qué les sobraba a los productores y qué les hacía falta a los artesanos. Los señores  de la región y muchos de sus capitanes, los principales mercaderes, los jefes gremiales, los líderes religiosos… Darson hubiese sido capaz de sacar adelante toda la nación él solo, si fuese consciente de sus capacidades. Sin embargo, el servil ingeniero tenía tendencia a inmiscuirse demasiado en los detalles de todas aquellas tareas como para poder formarse una imagen global de las necesidades que había en aquellos momentos en la ciudad. Realmente, las disfrutaba.

Darson era un gran consejero, pero no era un líder. Necesitaba a alguien con visión que fijase una meta clara y concreta, y que no despegase sus ojos de ella. Alguien que fuese guiando el proceso que él iría llevando a cabo. Y eso se proponía hacer Maeron… en cuanto exprimiese todo el conocimiento que Darson pudiera darle en aquellos momentos.

-Levantaos, Cyril -dijo Maeron, ayudándolo. Darson se había arrodillado como un caballero que fuese a prestar juramento-. Me alegro mucho de poder contar con vos. Kuthan me ha dicho cuán indispensable habéis sido para preparar la defensa de la ciudad antes de la batalla contra el ejército entánico. Yo mismo he podido ver que vuestros conocimientos de los asuntos de estado son amplios y vuesta disposición encomiable. Y por ello quiero haceros una pregunta que será crucial para meses que están por venir.

Cyril asintió, la mandíbula encajada y el rostro concentrado bajo las incipientes arrugas que le imponía la edad.

-Son muchos los aspectos que involucra la gestión de una ciudad tan grande como ésta. Vos sois consciente, no me cabe duda alguna: gestión de tierras, edificación, producción agraria, gremios de artesanos, comercio, organización militar, del tesoro…

-Y religiosa, mi señor. Y también en cuestiones de leyes y justicia, impuestos y censo. Y eso tan solo dentro de la ciudad. Cada región posee un terrateniente con aldeas y pueblos a su cargo, que tienen necesidades y realizan peticiones al Ducado. Y luego, por supuesto, la atención y servitud a la corona entánica, a los inmigrantes westfállicos…

-Creo que eso último no será necesario inmediatamente, Cyril -lo interrumpió Maeron-. Actualmente, la Corona Entánica sigue siendo nuestra enemiga, hasta que nos lleguen noticias del general Parvel.

Aquello no le gustó lo más mínimo a Darson, que permaneció callado con aspecto preocupado. Así pues, Maeron continuó.

-Como bien puedo comprobar, sabes perfectamente a los aspectos de gobierno a los que me refiero.

-Sí, mi señor -contestó Cyril, obsequioso.

-Mientras el Duque Graham gobernaba la región, estoy seguro de que tendría a varias personas a su cargo para ayudarlo con todas estas tareas, llevando a cabo el cumplimiento de sus órdenes, ¿no es así?

-Sí, mi señor. El Duque Graham se servía de un consejo para estar informado y discutir sobre las decisiones que fuesen más acertadas para la ciudad.

-En ese caso, necesito saber a quiénes otorgaba el honor de formar parte de dicho consejo, y qué responsabilidades le otorgaba. Necesito dos cosas: saber qué aspectos necesito cubrir y delegar, y saber, de quienes ostentaban esos puestos, qué personas son de confianza… y están vivos.

El ingeniero asintió, y contestó con vehemencia:

-El Duque Graham se valía de los siguientes cargos para organizar su mandato. El Ingeniero Jefe soy yo mismo, mi señor, y me encargaba de las defensas de la fortaleza. También organizaba la construcción y la revisión de la mayor parte de las torres y de la muralla. Dado que este tipo de trabajo me ponía en constante contacto con los gremios de artesanos y albañiles de la ciudad, también los representaba en el consejo.

>>El cargo de Guardián del Tesoro lo ostentaba Sir Loid Harrin, hermano de Lord Gregory Harrin, terrateniente de la comarca de Endia Assai, una de las más importantes de Media Esuarth. Se encargaba de fijar los impuestos, los aranceles y las leyes de comercio. Gestionaba la Casa de Cambio de la ciudad y conocía a la mayoría de los mercaderes que pasaban por aquí. Mantenía a la Patrulla de la Mano Dorada, un grupo de recaudadores de impuestos que se hacía cargo del cobro en toda la región. También llevaba las cuentas del tesoro y gestionaba los gastos. Desapareció un par de semanas después de que el Hijo de Thrain llegara a la ciudad, cuando nos declaramos neutrales en la guerra entre Entanas y Westfallia, y no hemos sabido nada más de él…

-Eso me lleva a una pregunta importante -dijo Maeron-. ¿De cuánto oro disponemos?

-Pues disponemos de una buena reserva, mi señor, aunque menguada con respecto a lo que poseíamos anteriormente. Nuestro tesoro asciende a la suma de cuarenta mil piezas de oro, sin contar joyas y obras de arte. Nuestro mayor problema actualmente, en mi opinión, es encontrar dónde gastarlas…

-Está bien, sigue.

-Sí, mi señor. El cargo de Jefe de la Guardia, como sabréis, se concedió a Mark Volmer. Es un buen hombre, aunque detesta a la corona Entánica. Ha hecho un buen trabajo desde que está en el cargo, y es una de las personas más rectas que conozco.

>>Sir Aaron Lithern es un enviado del ejército entánico, y como tal también solía participar en las reuniones del consejo. Dado que no estábamos en guerra, su participación se limitaba a informar de las maniobras que llevaría a cabo su división y a proporcionar hombres a la guardia o coordinar patrullas siempre que se lo pidiesen. Es algo brusco, pero es un hombre capaz.

>>El pastor Eric Kromwell siempre ha estado a cargo de la agricultura, el pastoreo, los diezmos y el abastecimiento de la ciudad. Es un hombre devoto y servicial, que no se preocupa más que por la madre tierra y por sus hijos. Sus bendiciones siempre nos han proporcionado buenas cosechas.

>>El Padre Kerd lleva muchos años a cargo de la guía espiritual de la ciudad. Sirvió al padre del actual Duque Graham, y su palabra ha tenido siempre mucho peso en el consejo. Se encarga además de administrar justicia entre los peticionarios que acudían al castillo, y a los reos que habían cometido algún delito.

>>Por último, dos asientos más se reservaban para los primogénitos de algunas de las casas más importantes de la región, que hacían de representantes de la corte. Eran puestos muy disputados entre todas las familias de nobles. Los últimos en ocuparlas fueron Jerrin Eadmon y Steven Keaning. Ambos dejaron la ciudad poco antes de la batalla, y no hemos vuelto a tener noticias de ellos.

-Entiendo -dijo Maeron, meditabundo-. Y dime, Cyril… El Duque Graham, ¿en qué basaba sus decisiones? ¿Cómo decidía cuáles eran las necesidades de la ciudad?

Darson observó al ex-paladín sorprendido y asustado. Se humedeció los labios antes de contestar.

-El señor Graham siempre se preocupó enormemente por el bienestar de la ciudad, mi señor. Atendía todas las reuniones del consejo sin falta, y prestaba oidos a todas las peticiones y asuntos que surgiesen. Le afectaba muchísimo la violencia y el crimen, y solía decir que las enormes murallas no protegían a la ciudad del verdadero peligro que nos amenazaba a todos, y que se encontraba aquí -dijo, haciendo un gesto con sus brazos que abarcaba el castillo, los distintos barrios y, posiblemente toda la ciudad.

-Ya… -contestó Maeron-. ¿Y salía mucho del castillo, el Duque Graham?

-Pues… no, mi señor. Excepto para cazar algunos fines de semana, o para visitar alguna de los castillos de la provincia. No demasiado.

Maeron asintió con gesto entendido, y se dirigió a la ventana. Darson lo acompañó, sumiso.

-Mira, Cyril -dijo, y su mirada recorrió buena parte de la ciudad: edificios destrozados, calles llenas de escombros, personas que caminaban pesadamente perdiéndose entre la niebla, los restos de muralla destrozada-. Estoy seguro de que ves lo mismo que yo, y piensas en que hay que limpiar las calles, reconstruir edificios, levantar de nuevo la muralla… pero el verdadero problema al que nos estamos enfrentando no es de ese tipo.

Maeron se volvió hacia el ingeniero, que lo miraba sin comprender:

-Lucius Graham tenía razón. El verdadero pelgro está aquí -dijo, y se llevó un dedo al pecho-. Media Esuarth, sus gentes, han sufrido más de lo que nadie se merece sufrir. Están pasando hambre, frío… Y miedo, tristeza, perdida. No bastará con levantar muros o proporcionar comida. Es preciso que levantemos también a todas esas personas: su espíritu, su ánimo, sus ganas de luchar.

>>Formaré un consejo, Cyril, pero éste no se reunirá en el castillo. Tampoco me quedaré yo aquí. Las calles de Media Esuarth son el problema y, al mismo tiempo, la solución para esta situación. Ellos son la esperanza de todos nosotros. De la raza humana -Maeron no pudo evitar suspirar al recordar las palabras de Kuthan saliendo de su boca-. A ellos es a quienes debemos acudir.

>>Cyril, harás lo siguiente: irás al gremio de tejedores y encargarás cuarenta banderas y banderines. Media Esuarth tendrá un nuevo blasón. Pedirás a los sacerdotes de Thrain que bendigan todos y cada uno de esos estandartes y los colgarás de todas las torres del castillo y de todos los torreones de la muralla. Darás uno a cada patrulla de la guardia, uno para las plazas del mercado y uno para cada una de las puertas. Media Esuarth va a volver a nacer de sus cenizas, y se alzará más alta, más fuerte, más brillante.

-¿Y cuál será ese nuevo blasón, mi señor?

Maeron se volvió de nuevo hacia la ventana. Recorrió la ciudad entera con la mirada, en silencio. Por fin, sonrió. Desde luego, era una visión que a él mismo le inspiraba. ¿Por qué no iba a inspirar a los demás?

-Dos torres doradas unidas por una muralla -dijo al final-, tras la que se alza, en verde, un roble enorme. El Guardián de Media Esuarth.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
21 de Enero del 1509 d.S.

———————-

Song:
“Quien no cree en milagros,
sabe que querer es poder.
Aquel que nada tiene,
nada puede perder.”
– Contra en Viento, Warcry.
https://www.youtube.com/watch?v=Ti3PCer4a30

Movie: “If you had a chance to change your fate, would you?”
– Princess Merida. Brave (2012). Directed by Mark Andrews, Brenda Chapman and Steve Purcell

Written by Erizo

24/09/2012 at 0:38

Despedidas en la niebla

leave a comment »

Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Una pequeña comitiva se congregó aquella mañana ante las puertas de la derruida fortaleza de Media Esuarth. Mientras cinco compañeros terminaban de cargar sus fardos a lomos de sus caballos, una veintena de personas se había reunido para despedirse de ellos. No sonaban trompetas ni había desfiles. No había banderas al viento, ni brillantes armaduras. Tampoco había risas. Y apenas algunas palabras.

Las miradas se cruzaban unas con otras por doquier. Allí estaba Bardomero, que para variar no había despegado los labios. Llevaba un pequeño laúd del que dejaba escapar algunos acordes que se desvanecían tristes en la niebla del amanecer. Se encontraban allí también Hansi y su madre, Sylvia. La mujer, otrora general de las fuerzas militares entánicas, había envejecido literalmente en los últimos meses. Aún así era una mujer fuerte, y se empeñaba en mantener erguido su torturado cuerpo sin apoyo alguno, aún a pesar de que unos días atrás no podía ni levantarse de la cama. Hansi la vigilaba con semblante preocupado, algo inédito en él. Estaba claro que, si había algo que le importaba en ese mundo, era su madre.

También se hallaba allí Coren: tan solo una figura envuelta en una túnica de un verde que parecía casi negro. Su rostro estaba cubierto, y sus manos ocultas bajo las amplias mangas, que cruzaba sobre el pecho como el monje que, se decía, había aprendido a ser. Sin embargo, el brillo de una sonrisa que dejaba mostrar sus dientes destacaba en su figura. Una sonrisa que nadie de los presentes sabía a qué se debía, o a quién se dirigía.

Maeron también estaba allí. No solo porque sintiese que les debía su presencia a aquellos que habían viajado y luchado a su lado, sino porque ahora también era el señor de Media Esuarth. Era su deber despedirlos. Al igual que lo era el darles las gracias.

No pudo evitar rechinar los dientes. Era consciente de que la situación en la que se encontraba la ciudad era a causa de buena parte de los allí presentes. Si no hubieran estado jugando a cazar sombras contra un grupo capaz de controlar dragones, Media Esuarth seguiría en pie.

Y por supuesto, si no se hubiese estado mezclando con ellos, la ciudad no sería ahora mismo suya.

-Hay mucho en lo que pensar, ¿eh? -Saryvon se había acercado a él, que ni siquiera se había dado cuenta. Sonreía, aunque su sonrisa distaba mucho de ser alegre. Algo le dijo que nunca volvería a ver a aquél hombre con una sonrisa de verdad en los labios. Puede que ni siquiera volviera a verlo.

-Pues sí -respondió el que fuera paladín-. Para empezar, en lo bien que voy a dormir esta noche cuando os hayáis marchado.

-No te pongas muy cómodo, no vaya a ser que cuando vuelvan los orcos se encuentren con las puertas abiertas y a ti metido en la cama.

-Tengo la sensación de que buena parte de esos orcos van a ir siguiendo vuestros pasos, algo de lo que no me pienso quejar. Pero en cualquier caso, para cuando lleguen los estaremos esperando.

Saryvon asintió, distraido, y observó las almenas de la muralla interior. Maeron sabía que buscaba. Entre la niebla pudo divisar las figuras lejanas de los soldados que vigilaban la ciudad, organizados en grupos de tres o cuatro, además de parejas que patrullaban pequeños tramos. Los carpinteros de la ciudad habían erigido a petición suya una empalizada temporal para cubrir los trozos de muro que habían caido durante la batalla. Pero la madera debería ser cambiada por piedra y arena en breve si es que Media Esuarth quería tener alguna oportunidad de alzarse fuerte, como había sido hasta hace poco.

-Los guardias hacen sus rondas -comentó Saryvon-. No flaquean.

-Son hombres de la guardia y soldados de Mion Boider. Son conscientes de lo que se nos viene encima. No piensan dejar que nos pillen desprevenidos.

-Protegen su tierra, sus familias, sus vidas -Kuthan se había acercado a la pareja, su voz susurrante rompiendo el fino silencio tachonado de murmullos. Maeron estaba cansado de que hubiese tantos hombres sigilosos por las inmediaciones-. Tienes suerte. Algunos también protegen su honor. Son buenos hombres.

-Sí. Pero estoy seguro de que un dragoon les ayudaría mucho en la tarea -respondió Maeron.

Kuthan sonrió y se encogió de hombros.

-Seguimos nuestros destino. Cuando volvamos, seremos seis.

-Bueno, yo solo cuento uno -lo interrumpió el guerrero-. Parece que se te han escapado cuatro. ¿Dónde se han metido?

-Aldur nos escribió desde Kipavilla, contándonos la situación allí -explicó Saryvon-. Y Taryc dijo que volvería pronto, que nos encontraríamos en la ciudad. En cuanto a Iridal…

-Bueno, no es que sea yo precisamente quien vaya a echar de menos a la bruja -comentó Maeron-, pero entiendo que podría veniros bien. No deberíais haberla dejado marchar.

Los tres se miraron sin pronunciar palabra. Con Iridal no podía hacerse nada.

-Por otro lado, si queréis un mago… -prosiguió Maeron señalando con la cabeza a Coren.

-Me parece que quieres que se quede aquí, amigo -contestó Saryvon, exhibiendo su sonrisa ligeramente torcida-. O lo que te encontrarás una noche tendrá más cuernos y olerá peor que un orco.

En ese momento, Sigmund se despidió de Hansi y se dirigió hacia su montura. Subió a la grupa con habilidad, y el sonido de cascos anunció el momento de partir.

-Bueno, espero que volvamos a vernos -dijo Saryvon golpeando con la mano el hombro de su compañero de armas-. Cuida bien esta ruina que te has ganado, y conviértelo en un sitio bonito y respetable.

Maeron se limitó a gruñir.

-¿Has hablado ya con Darson? -al parecer Kuthan quería aprovechar el tiempo que le quedaba volviendo a repetir lo mismo que llevaba diciéndole los últimos días.

-Hablaré con él hoy mismo, deja de insistir. ¡Tienes un viaje que hacer, por el Trueno! ¿Por qué no te olvidas ya de Media Esuarth y te preparas para los no-muertos que te están esperando?

-Media Esuarth es importante -insistió el explorador-. Es un bastión. El último. De toda la humanidad. Necesitas a Darson. Conoce todos los engranajes de la política de la provincia. Influye en los gremios de artesanos. Incluso en el ejército. No lo pierdas.

-Que no, no hay de qué preocuparse -suspiró Maeron-. Ahora márchate. Te están esperando.

Kuthan asintió, puede que conforme, o puede que a modo de despedida. Quizás ambas cosas. Acto seguido se dio la vuelta y se marchó en silencio. Pronto cinco jinetes estuvieron preparados para partir, rodeados de una triste veintena de personas y de la niebla, que los abrazaba. La enorme puerta que quedaba en la muralla interior se abrió para dejarles paso, pero ninguna despedida brotó de los labios de los soldados que las manejaban. Tan solo una muda súplica se destilaba de sus ojos. La de que volvieran pronto.

Una mano se posó en el hombro de Maeron, que se volvió para descubrir los ojos de Marian Thosbale observándolo con cariño.

-Los echaremos de menos -dijo con voz dulce y una sonrisa trémula.

-En absoluto -susurró Maeron.

Sus ojos siguieron al grupo hasta que se perdieron entre las calles de Media Esuarth, envueltos en la niebla. Y durante unos minutos más los estuvo buscando, intentando distinguirlos. Esperando él también que volvieran.

A su alrededor, los congregados se dispersaban poco a poco, y un acorde triste arrancado de las cuerdas de un laúd los acompañó. Y Maeron esperó un poco más.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
21 de Enero del 1509 d.S.

—————

Movie: “The world’s a playground. You know that when you are a kid, but somewhere along the way everyone forgets it.” – Allison
Yes Man,  2008. With Jim Carrey. Directed by Peyton Reed. With Jim Carrey as main star.

Song: “When you’re weary,
feeling small.
When tears are in your eyes,
I’ll dry them all…”
Bridge Over Troubled Water, Simon & Garfunkel.

Written by Erizo

18/09/2012 at 0:07

Media Esuarth

leave a comment »

Castle Ruins by *JonasDeRo

Castle Ruins by *JonasDeRo

Maeron dejó los pergaminos sobre la mesa, y echó a andar por su habitación. Se había empezado a dejar una barba recia y oscura, que ahora se acariciaba lentamente mientras intentaba ordenar sus pensamientos. Pero parecía que eran demasiados como para que aquél ejercicio fuese útil.

Media Esuarth se caía a pedazos. No solo el castillo o las murallas: la misma ciudad, su fundación y sus gentes, estaban sumidas en la confusión, escondidas en la campiña o rumbo a alguna otra ciudad, o lo que era aún peor. Muertos. Todo con lo que contaba en aquél momento era con doscientos renegados entánicos de los que tan solo podía confiar en la mitad, si era afortunado, un amasijo de esclavos y gladiadores sin orden ni concierto, y la guardia de una ciudad convertida en ruinas.

Por otra parte, las tierras de cultivo se estaban perdiendo sin nadie que las cuidara. Las que no habían ardido ni habían sido saqueadas al paso del ejército entánico se llenaban de hierbajos o sufrían el ataque de los cuervos y las alimañas. Los poblados que habían llenado la región de luces, carromatos y monedas estaban ahora desiertos y desvalijados, o suficientemente lejos como para que no pudiese acudir a ellos con rapidez. Y los señores y caballeros que los gestionaban…

Echó otro vistazo al pergamino que acababa de soltar en la mesa, y maldijo en el idioma de las ciudades libres de Nebin. El hijo de uno de esos señores, los Hamthon, le había dedicado una hermosa sarta de consejos sobre la lealtad, el honor y la justicia. Toda la cuál debía, en su juicio, a los Sigheon de Escisión, legítimos señores de la Antigua y Gloriosa Corona Entánica, y un buen número de preciosos adjetivos que no dejaban lugar a dudas sobre su postura frente a un posible conflicto. Con lo fácil que sería ir a ver a aquél señoritingo a decirle un par de palabras, a golpe de martillo si hiciera falta, y hacerlo entrar en razón. Quizás un buen golpe en la cabeza es lo que les hiciera falta, a él y a otros tantos que estaban igual de ciegos, para que abrieran los ojos y se dieran cuenta de lo que estaba en juego en aquél conflicto. Y no se trataba solo de Entanas, Media Esuarth y Westfalia. La humanidad al completo formaba parte de la apuesta.

-Debería mandar allí a Dalton Mazanegra con cien hombres, y que se encargasen de poner a alguien más abierto al mando de ese castillo… -masculló pasándose la mano por el rostro, cansado.

-Serían cien hombres menos que defendería Media Esuarth -apuntó Kuthan quedamente, su voz tan solo un susurro ronco que hablaba de tierra húmeda y árboles cubiertos de musgo-. No nos faltan enemigos, y si no nos ataca Escisión, lo harán las sombras verdes desde el Bosque de Warath. Además, no puedes confiar en Mazanegra ni en sus hombres. Muchos esperan la primera oportunidad que se les presente para cambiar el emblema de sus escudos.

-Lo sé, lo sé -masculló Maeron, y clavó la mirada en los ojos pardos de su compañero, que lo observaban impertérrito-. Y la verdad, si yo estuviese en su situación haría la misma maldita cosa. Por Sior, quién se quedaría aquí esperando a ver volver a esos dragones.

El que fuera paladín se estremeció solo de pensarlo, recordando el horror que parecía desprenderse de aquellas horribles bestias de alas correosas y dientes como espadas. Él se consideraba un hombre valiente, bravo y fuerte, pero no podía negar que el valor de un hombre, de cualquier hombre, no era nada en comparación con la inmensidad y el poder insondable, antiguo, de aquellas criaturas. Era como si las leyendas y los cuentos que le contaba su madre siendo niño se hubiesen hecho reales de repente, y en aquél momento no era capaz de recordar ni una sola de aquellas historias que hubiese acabado bien.

-La situación es complicada -admitió Kuthan-, pero aún queda esperanza. Aún nos queda tiempo.

-Aún nos quedan los dragoons, y nos apoyan atlantes -apostilló Coren, en aquellos momentos tan solo una figura oscura envuelta en sombras, su rostro oculto tras los pliegues de una capucha. El misterioso y excéntrico mago parecía haberse hecho más serio desde la batalla de Media Esuarth, pero en el fondo nadie sabía por dónde cogerlo y, mucho menos, qué esperar de él. Aún así, era el único mago que tenían, y sus conocimientos sobre materia arcana superaba con mucho el del resto de sus compañeros… si exceptuaban a Iridal, claro. Y a Iridal había que exceptuarla. No cabía otra opción.

-Los dragoons sólo son cinco, y se marchan mañana -repuso Maeron-. Los atlantes… bueno, Ashazaar parece que va a reunirse con su pueblo, aunque no apostaría porque su vuelta sea tan alegre como su partida. Para mí, al menos… Ése ser lleva buscando a su gente desde que despertó, y descubrir ahora que viven y que tienen sus propios objetivos puede que reorganice sus ideas. Una pena que esos objetivos pasen por matarnos a todos y esclavizar al resto. No creo que el color de sus alas permanezca inmaculado por mucho más tiempo. Además, está la mujer que capturó, Ishilia. ¡Ha pedido su indulto, y se la lleva de vuelta al enemigo! ¡Y nadie dice nada! ¿Qué pasará cuando vuelvan como enemigos? Conocen nuestras ideas, nuestros planes mejor que nadie.

-Ashazaar no dará la espalda a la palabra que otorgó a Sun. Volverá, o morirá en el intento. -contestó Coren.

-¿Y qué te hace pensar eso? La palabra de un atlante se pierde en el viento, según he podido comprobar hasta ahora. Y esa mujer era su prometida en otro tiempo. ¿Crees que no lo hará cambiar de idea?

-Kaith piensa que no. Y yo confío en Kaith -concluyó el mago, y sus ojos se clavaron en los de Maeron, desafiantes.

El guerrero soltó un bufido en respuesta:

-Pues entonces estás tan ciego como ella. El atlante vuelve a su pueblo, no contéis más con él.

-Los dragoons vamos en busca del sexto predestinado, pero volveremos -los interrumpió Kuthan-. Y mientras tanto, tú debes anticipar nuestra llegada. Westfallia y Entanas deben saber que los hombres se unirán de nuevo bajo el símbolo del dragón.

-Claro, les mandaré una postal a todos los señores de ambos reinos: ¿quieres saber más sobre tu futuro? “Ven a Media Esuarth y espera el retorno de los jinetes alados. Es fácil encontrarnos: somos la única ciudad con un demonio en el sótano”.

Maeron pudo ver la sonrisa socarrona que le obsequiaba Coren. Probablemente, no hace mucho, ese tipo de bromas era el que él solía utilizar. El mago le ponía los pelos de punta, y que él fuese el único que pudiese matener a aquella bestia abisal encerrada no lo tranquilizaba en absoluto. Solo esperaba que no cayese presa de la ponzoñosa lengua del demonio.

-Créeme, Maeron -dijo Kuthan, y posó una mano enguantada sobre el hombro del nebinés-. Te comprendo. La tarea que tienes ante ti es ardua, pero también necesaria. Lo único que puede oponerse a la secta del dragón, a los atlantes, o como prefieras llamarlo, es que nos unamos y luchemos juntos. Parece una tarea imposible, lo sé… pero ya contamos con el apoyo del rey westfállico, y entanas comienza a darse cuenta del engaño al que lo tienen sometido. Incluso Inakiru debe tomar parte en la guerra que se avecina.

>>El enemigo que nos acecha no solo es poderoso, sino también serpentino. Si mantiene divididos, nos hará débiles. Necesitamos un ejército, o por lo menos la semilla de uno. Necesitamos Media Esuarth, aunque sea en ruinas, porque necesitamos crear un símbolo. Aquí es donde la humanidad ha comenzado a despojarse del yugo, ha comenzado a ver la verdad. Y aquí será adonde retornen los dragoons, listos para liderar al ejército de los hombres. El ejército que tú habrás creado.

>>Si hay alguien que puede hacerlo, Maeron, ése eres tú.

Maeron sonrió, y se apartó el brazo de su amigo con un gesto rudo.

-Y una mierda -contestó-. Si voy a crear un ejército, quien lo dirija seré yo.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Castillo de Media Esuarth, en ruinas. Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
18 de Enero del 1509 d.S.

———————————————

Mood: Quiero querer jugar a rol, hacer partida y escribir. Pero no me sale… -.-

Book:
“Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquél que nunca lee vive sólo una” – Jojen Reed
Danza de Dragones, Canción de Hielo y Fuego

Movie:
“Yipikaiyei” – Arnold Schwarzenegger
The Expendables 2

Written by Erizo

25/08/2012 at 5:16