El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

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Despedidas en la niebla

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Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Una pequeña comitiva se congregó aquella mañana ante las puertas de la derruida fortaleza de Media Esuarth. Mientras cinco compañeros terminaban de cargar sus fardos a lomos de sus caballos, una veintena de personas se había reunido para despedirse de ellos. No sonaban trompetas ni había desfiles. No había banderas al viento, ni brillantes armaduras. Tampoco había risas. Y apenas algunas palabras.

Las miradas se cruzaban unas con otras por doquier. Allí estaba Bardomero, que para variar no había despegado los labios. Llevaba un pequeño laúd del que dejaba escapar algunos acordes que se desvanecían tristes en la niebla del amanecer. Se encontraban allí también Hansi y su madre, Sylvia. La mujer, otrora general de las fuerzas militares entánicas, había envejecido literalmente en los últimos meses. Aún así era una mujer fuerte, y se empeñaba en mantener erguido su torturado cuerpo sin apoyo alguno, aún a pesar de que unos días atrás no podía ni levantarse de la cama. Hansi la vigilaba con semblante preocupado, algo inédito en él. Estaba claro que, si había algo que le importaba en ese mundo, era su madre.

También se hallaba allí Coren: tan solo una figura envuelta en una túnica de un verde que parecía casi negro. Su rostro estaba cubierto, y sus manos ocultas bajo las amplias mangas, que cruzaba sobre el pecho como el monje que, se decía, había aprendido a ser. Sin embargo, el brillo de una sonrisa que dejaba mostrar sus dientes destacaba en su figura. Una sonrisa que nadie de los presentes sabía a qué se debía, o a quién se dirigía.

Maeron también estaba allí. No solo porque sintiese que les debía su presencia a aquellos que habían viajado y luchado a su lado, sino porque ahora también era el señor de Media Esuarth. Era su deber despedirlos. Al igual que lo era el darles las gracias.

No pudo evitar rechinar los dientes. Era consciente de que la situación en la que se encontraba la ciudad era a causa de buena parte de los allí presentes. Si no hubieran estado jugando a cazar sombras contra un grupo capaz de controlar dragones, Media Esuarth seguiría en pie.

Y por supuesto, si no se hubiese estado mezclando con ellos, la ciudad no sería ahora mismo suya.

-Hay mucho en lo que pensar, ¿eh? -Saryvon se había acercado a él, que ni siquiera se había dado cuenta. Sonreía, aunque su sonrisa distaba mucho de ser alegre. Algo le dijo que nunca volvería a ver a aquél hombre con una sonrisa de verdad en los labios. Puede que ni siquiera volviera a verlo.

-Pues sí -respondió el que fuera paladín-. Para empezar, en lo bien que voy a dormir esta noche cuando os hayáis marchado.

-No te pongas muy cómodo, no vaya a ser que cuando vuelvan los orcos se encuentren con las puertas abiertas y a ti metido en la cama.

-Tengo la sensación de que buena parte de esos orcos van a ir siguiendo vuestros pasos, algo de lo que no me pienso quejar. Pero en cualquier caso, para cuando lleguen los estaremos esperando.

Saryvon asintió, distraido, y observó las almenas de la muralla interior. Maeron sabía que buscaba. Entre la niebla pudo divisar las figuras lejanas de los soldados que vigilaban la ciudad, organizados en grupos de tres o cuatro, además de parejas que patrullaban pequeños tramos. Los carpinteros de la ciudad habían erigido a petición suya una empalizada temporal para cubrir los trozos de muro que habían caido durante la batalla. Pero la madera debería ser cambiada por piedra y arena en breve si es que Media Esuarth quería tener alguna oportunidad de alzarse fuerte, como había sido hasta hace poco.

-Los guardias hacen sus rondas -comentó Saryvon-. No flaquean.

-Son hombres de la guardia y soldados de Mion Boider. Son conscientes de lo que se nos viene encima. No piensan dejar que nos pillen desprevenidos.

-Protegen su tierra, sus familias, sus vidas -Kuthan se había acercado a la pareja, su voz susurrante rompiendo el fino silencio tachonado de murmullos. Maeron estaba cansado de que hubiese tantos hombres sigilosos por las inmediaciones-. Tienes suerte. Algunos también protegen su honor. Son buenos hombres.

-Sí. Pero estoy seguro de que un dragoon les ayudaría mucho en la tarea -respondió Maeron.

Kuthan sonrió y se encogió de hombros.

-Seguimos nuestros destino. Cuando volvamos, seremos seis.

-Bueno, yo solo cuento uno -lo interrumpió el guerrero-. Parece que se te han escapado cuatro. ¿Dónde se han metido?

-Aldur nos escribió desde Kipavilla, contándonos la situación allí -explicó Saryvon-. Y Taryc dijo que volvería pronto, que nos encontraríamos en la ciudad. En cuanto a Iridal…

-Bueno, no es que sea yo precisamente quien vaya a echar de menos a la bruja -comentó Maeron-, pero entiendo que podría veniros bien. No deberíais haberla dejado marchar.

Los tres se miraron sin pronunciar palabra. Con Iridal no podía hacerse nada.

-Por otro lado, si queréis un mago… -prosiguió Maeron señalando con la cabeza a Coren.

-Me parece que quieres que se quede aquí, amigo -contestó Saryvon, exhibiendo su sonrisa ligeramente torcida-. O lo que te encontrarás una noche tendrá más cuernos y olerá peor que un orco.

En ese momento, Sigmund se despidió de Hansi y se dirigió hacia su montura. Subió a la grupa con habilidad, y el sonido de cascos anunció el momento de partir.

-Bueno, espero que volvamos a vernos -dijo Saryvon golpeando con la mano el hombro de su compañero de armas-. Cuida bien esta ruina que te has ganado, y conviértelo en un sitio bonito y respetable.

Maeron se limitó a gruñir.

-¿Has hablado ya con Darson? -al parecer Kuthan quería aprovechar el tiempo que le quedaba volviendo a repetir lo mismo que llevaba diciéndole los últimos días.

-Hablaré con él hoy mismo, deja de insistir. ¡Tienes un viaje que hacer, por el Trueno! ¿Por qué no te olvidas ya de Media Esuarth y te preparas para los no-muertos que te están esperando?

-Media Esuarth es importante -insistió el explorador-. Es un bastión. El último. De toda la humanidad. Necesitas a Darson. Conoce todos los engranajes de la política de la provincia. Influye en los gremios de artesanos. Incluso en el ejército. No lo pierdas.

-Que no, no hay de qué preocuparse -suspiró Maeron-. Ahora márchate. Te están esperando.

Kuthan asintió, puede que conforme, o puede que a modo de despedida. Quizás ambas cosas. Acto seguido se dio la vuelta y se marchó en silencio. Pronto cinco jinetes estuvieron preparados para partir, rodeados de una triste veintena de personas y de la niebla, que los abrazaba. La enorme puerta que quedaba en la muralla interior se abrió para dejarles paso, pero ninguna despedida brotó de los labios de los soldados que las manejaban. Tan solo una muda súplica se destilaba de sus ojos. La de que volvieran pronto.

Una mano se posó en el hombro de Maeron, que se volvió para descubrir los ojos de Marian Thosbale observándolo con cariño.

-Los echaremos de menos -dijo con voz dulce y una sonrisa trémula.

-En absoluto -susurró Maeron.

Sus ojos siguieron al grupo hasta que se perdieron entre las calles de Media Esuarth, envueltos en la niebla. Y durante unos minutos más los estuvo buscando, intentando distinguirlos. Esperando él también que volvieran.

A su alrededor, los congregados se dispersaban poco a poco, y un acorde triste arrancado de las cuerdas de un laúd los acompañó. Y Maeron esperó un poco más.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
21 de Enero del 1509 d.S.

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Movie: “The world’s a playground. You know that when you are a kid, but somewhere along the way everyone forgets it.” – Allison
Yes Man,  2008. With Jim Carrey. Directed by Peyton Reed. With Jim Carrey as main star.

Song: “When you’re weary,
feeling small.
When tears are in your eyes,
I’ll dry them all…”
Bridge Over Troubled Water, Simon & Garfunkel.

Written by Erizo

18/09/2012 at 0:07