El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

Archive for the ‘Media Esuarth’ Category

Reencuentro – Parte I

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-Acercaos a mí -ordenó Iridal. Todos los presentes obedecieron con prontitud, y se congregaron alrededor de la hechicera en el salón de recepciones del Castillo de Media Esuarth-. Voy a volvernos invisibles, y luego lanzaré un conjuro que nos llevará a la entrada de Qumran.

>>Cuando lleguemos allí, procurad no soltaros. No podremos vernos los unos a los otros, estando invisibles. Y si alguno se pierde en la niebla…

Dejó la frase sin terminar, paseando sus profundos y acerados ojos pardos y deteniéndolos en cada uno de los allí presentes.

Dart-Dos sintió cómo los dedos de Kaith se aferraban con fuerza a su hombro. A excepción de ese pequeño detalle que tan solo pudo percibir el enano, la semi-atlante, todavía con cicatrices en el rostro, ofrecía un aspecto decidido e impasible.

-¿Qué haremos una vez estemos dentro? -preguntó Nessa, impaciente-. ¿Solo tenemos que buscar a esa enana y ya está? ¿Ella tiene las gemas de Taryc?

Taryc asintió a las palabras de la salvaje, pero no añadió nada más. Dart-Dos sabía que le estaba observando, y no pudo evitar un escalofrío. Frunció el ceño, molesto.

-Es posible que, si tal y como dice Taryc, esa enana se encuentra en una situación temporal extraña, se trate de la perturbación que siento en las Montañas Azules -añadió Kaith-. Si es así, quiero hablar con ella.

-Insisto en que me parece muy peligroso, Kaith. En estos momentos las Montañas Azules son el territorio de Levain. El riesgo es enorme -era Ashazaar quien, con gran educación, casi con cariño, increpó a Kaith en estos términos.

-Si esa enana está en la misma situación que yo, quizás sea la única persona que pueda decirme qué me está ocurriendo. No hay otra opción: debo ir -contestó Kaith, tajante.

-Y no irás sola -declaró Ashazaar sin dudarlo.

El grupo se sumió en un ominoso silencio, mientras unos y otros se dedicaban miradas de confianza, de determinación. Cualquier cosa, se dijo Dart-Dos, que pudiese calmar el incipiente miedo que se iba extendiendo en cada uno de sus corazones.

Él lo conocía. Ya lo había visto y lo había sentido en innumerables ocasiones, siempre antes de una batalla, durante la Guerra de la Separación. Con la experiencia había llegado a la conclusión de que ese miedo era lo único que los  podía mantener vivos.

Solo los locos no tienen miedo.

El delicado silenció se rompió cuando Iridal comenzó a entonar su hechizo. Con una mano, fue tocando a cada uno de sus compañeros, que se apresuraron a agarrarse a ella y aferrarse entre ellos mismos. Y súbitamente, con un fuerte tirón, como si algo los estuviese arrancando de la tierra misma, desaparecieron.

—–

Maeron se quedó solo en el gran salón de recepciones, sentado en un pequeño trono de madera que todavía no había sido reparado del todo. Se mesaba una barba incipiente, negra como el carbón, mientras no dejaba de mirar el lugar exacto donde el grupo había estado hacía escasos segundos, antes de ser transportados por la magia.

-Odio que hagan eso -murmuró.

Un vez más, tocaba esperar.

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Castillo de Media Esuarth. 27 de Febrero del 1509 d.S.

Written by Erizo

17/02/2016 at 0:15

Famous Last Words

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Sun ardía. Todo su cuerpo, todo su ser, parecía incinerarse traspasado por el poder. Pero era necesario. Esta vez, por fin, ganaría. Aún a costa de su vida. Solo de su vida.

Sabía perfectamente que eran sus últimos momentos, y aún así se sentía orgulloso. Sentía orgullo por su raza, por lo que había sido y por lo que podría volver a ser. Sentía orgullo por los mensch, por aquello en lo que se habían convertido. Por aquello en que podrían convertirse, moldeando la tierra, SU tierra, SUS vidas, a sus deseos.

Y sobre todo, sentía orgullo por Kaith. Ella sería, sin duda, lo que más echaría de menos.

Como un cántico, sus palabras resonaron en el firmamento mientras su esencia se consumía, tal y como estaba escrito. Y mientras lo hacía, no dejaba de ver en su mente los rostros de todos los que lo habían ayudado, en muchos casos sin saberlo, a que él llegara hasta allí:

-El tiempo es un sendero por el que todos estamos destinados a pasar.
Por él caminamos solos, caminamos a ciegas
Sin darnos cuenta de cuántos otros caminan a nuestro lado.
El tiempo es un sendero sin intersecciones, una linea recta
que invariablemente nos llevará a un mismo final, a un mismo destino.
Nunca puedes salirte del camino. Porque más allá de él no hay nada.
Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado.
Y me empujó, tal y como planeó, a realizar este acto. El que será el último.
Y tú… perecerás conmigo…

Y en ese momento, con un desesperado esfuerzo de voluntad, un deseo sobrehumano, casi titánico, Sun prosiguió allí donde debería haber acabado. Y el mundo, el tiempo, se estremecieron…

-Aun sin saberlo, yo he tenido suerte. El destino me puso a tu lado, y a ti te puso en el mío.
Y ése fue su mayor error.
Allí donde caigamos, tú seguirás andando. Allí donde habíamos de morir, mi amor, tú seguirás viviendo.
Porque ese no era tu destino, mas así es como será.
Porque hoy ganamos una batalla como no se ha ganado nunca. Contra el verdadero enemigo:
Contra el tiempo.

Ciudad independiente de Media Esuarth.
Batalla de Media Esuarth, 10 de Enero del 1509 d.S.

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Han pasado diez días, y el cuerpo de Sun yace en un camastro destrozado en una pequeña alcoba sucia y destartalada. Los rayos de un sol rojizo se cuelan a través de enormes agujeros por el tejado de piedra, y bañan el rostro del que fue atlante, así como los rizos avellanados de Kaith, que caen en pequeños bucles alrededor de su joven y hermoso rostro.

Y sin embargo, ella ya no se siente hermosa. No se siente joven. De hecho, ya no siente nada. No es solo a causa de las llagas que recorren su cuerpo, sus brazos, que hasta ahora han demostrado no tener cura. Tampoco, siquiera, a su condición actual, a sus percepciones aumentadas, ultraterrenas.

Sencillamente, Kaith ha perdido aquello que más amaba, aquello que se había convertido en lo más importante del mundo. De su mundo.

Su frente se posa contra la piel fría del que una vez fuera atlante, hijo de Thrain, general del ejercito alado durante la Separación, faro de esperanza para la humanidad… Y en silencio, llora.

Ruinas de una capilla de Thrain en el Distrito Mercantil de Media Esuarth. Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Iridal se detiene ante el pequeño templo destrozado de Thrain. A pesar de los daños sufridos, es uno de los pocos edificios que queda todavía en pie en lo que fuera la ciudad entánica de Media Esuarth. Ante ella, un joven y mugriento sacerdote permanece haciendo guardia con una lanza rota en ristre. Al hacer la mujer un ademán para entrar en el edificio, el muchacho se enfrenta a ella anteponiendo estóicamente su arma. Su mirada destila decisión, a la vez que cansancio y tristeza.

-No podéis pasar, señora.

Iridal frunce el ceño con impaciencia y contesta:

-Busco a Kaith,
-Ella está dentro, pero lo lamento: no podéis pasar.
-¿Y por qué no puedo pasar? -preguntó, exasperada.
-Porque en este sitio yace un Dios, y tan solo alguien de porte sacro puede traspasar este umbral.
-¿Y acaso Kaith tiene tal “porte”, sacerdote? -imprecó Iridal, sin saber si quitar al joven de en medio de un puñetazo.
-Ella murió y volvió a la vida. Siempre ha seguido al Hijo de Thrain. Ha sido su discípula, y lo ha amado. Aún lo ama. La respetamos.

Iridal pudo haber seguido discutiendo. Pudo haberse deshecho del joven clérigo con una palabra y un leve gesto de la mano. Incluso creía probable que hubiese podido dejarlo inconsciente y pasar sobre su cuerpo inerte. Pero en vez de eso, asintió y continuó su camino.

Ahora entendía. No solo respetaban a Kaith: la comprendían. Todos los supervivientes de la gran batalla que se había librado alrededor de la ciudad diez días atrás eran conscientes del sacrificio que el atlante había realizado. Eran conscientes, aunque fuera mínimamente, de cuánto se había perdido, de todo lo que se había ganado a cambio. Kaith no era la única que sufría por la pérdida de Sun. Todos ellos también lo hacían, y compartían su dolor.

La protegían, como mudo agradecimiento al hijo muerto de un Dios muerto.

Iridal comprendió que así es como nacían en realidad los lugares sagrados.

Ciudad Independiente de Media Esuarth.
20 de Enero del 1509 d.S.

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Song: “‘Cause I see you lying next to me
With words I thought I’d never speak
Awake and unafraid
Asleep or dead”
– Famous Last Words, My Chemical Romance.
http://grooveshark.com/#!/s/Famous+Last+Words/6RoihB?src=5

Movie: “There’s no one I’ld rather be than me.” – Wreck-it Ralph.
http://www.imdb.com/title/tt1772341/

Written by Erizo

13/05/2014 at 1:30

Abismos del alma

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Sigmund sentía el doloroso contacto del suelo desnudo sobre su espalda. Llevaba sintiéndolo ya bastante rato, pero algo en su subconsciente lo hacía resistirse a salir del sopor en el que se hallaba. Giró sobre sí mismo para intentar aliviar la molestia, y se dio cuenta de que estaba encogido y que apenas podía sentir las piernas ni los brazos. Estaba aterido de frío, y un viento helado azotaba su rostro.

Algo andaba mal.

El semiatlante se incorporó pesadamente, con esfuerzo, y comenzó a masajearse las piernas con los ojos entrecerrados. Durante un segundo echó de menos sus guantes, pero desechó rápidamente la idea con una sonrisa triste.

Se dio cuenta de que se encontraba a la intemperie, rodeado de cajas y de otras personas que también yacían encogidos. El sol comenzaba a alzarse sobre las Montañas Azules, y pudo ver que algunos de ellos temblaban. La mayoría, sin embargo, no se movían en absoluto. Trazos carmesí se mezclaban con el tono azulado de su piel.

¿Qué podía haber pasado? La noche anterior había sido tranquila. Sus compañeros y él habían encontrado indicios de que la Secta estaba preparando algún tipo de ritual. Parecía peligroso… muy peligroso. Pero no inminente. Recordaba haberse ido a dormir en las habitaciones del templo de Helm del Monasterio del Búho Rojo. Recordaba haber querido rezar, y haberse obligado a no hacerlo. Recordaba que había pedido a sus compañeros que mantuvieran los ojos abiertos.

Entonces, Sigmund se incorporó y miró a su alrededor. El Monasterio del Búho Rojo había desaparecido.

Sigmund no pudo hacer más que quedarse inmóvil. No se lo creía. No podía creérselo. ¿Qué había sucedido allí? ¿Qué había ocurrido en tan solo una noche?

-¡Sigmund! -el que fuera sacerdote escuchó que alguien lo llamaba, pero no fue sino hasta que notó que lo zarandeaban que no se dio cuenta de quién le estaba hablando. Coren lo miraba preocupado mientras intentaba conducirlo cerca de una inmensa carpa de tela que estaban alzando en aquél momento-. Sigmund, ¿estás bien? ¡Dioses, sigues vivo! Pensamos que te habíamos perdido.

Sigmund se apartó bruscamente del adivino y se detuvo.

-¿Qué ha pasado? -consiguió murmurar, con una voz tan ronca que lo sorprendió a él mismo. Tosió, notando por primera vez desde que había despertado que tenía la garganta seca y dolorida.

Coren lo miró fijamente, atónito.

-¿No lo has visto? ¿No te has enterado?

Sigmund negó con la cabeza, incapaz de hablar.

Con un suspiro, Coren respondió:

-Entonces será mejor que te sientes…

Sigmund observó a Coren atentamente, casi sin pestañear, mientras éste contaba su relato. Cuando terminó, el semiatlante continuó observándolo, inmóvil. O casi. Sigmund no podía evitar el temblor que en ese momento dominaba sus manos. Sabía que pronto se extendería al resto de su cuerpo. Y que llegaría a su alma…

Tenía que hacer algo antes de eso.

-Voy a avisar a Taryc -anunció con un murmullo apagado, que a Coren le costó escuchar. Sigmund comenzó a concentrarse, a abrir y expandir su mente.

-Espera -lo detuvo el adivino-. Si vas a hacer tu… lo que sea que hagas… Si vas a hablar con Taryc, pregúntale por su paradero y por lo que saben ellos. Pregúntales por Kaith y por Sun. Quizás estén con ellos.

Sigmund lo miró sin dar señales de comprensión, y acto seguido cerró los ojos. Coren suspiró, irritado.

-No sé para qué me preocupo… -dijo sin dirigirse a nadie en particular.

Nightmare, by kalessaradan

Nightmare, by kalessaradan

Taryc dormía. Al menos, su cuerpo lo hacía. Su mente no hacía más que seguir trabajando sin cesar, dando vueltas una y otra vez a lo mismo: la secta, el dragón, Luanor, los drow, Lescrom, los atlantes, Thurvack… su hermano…

Sentía que se acercaba la mañana. No sabía cómo, pero sabía que pronto llegaría el momento de levantarse y encarar un nuevo día. De nuevo el horror, la desesperación. Un mundo que se llenaba de tinieblas por momentos. Y en el que parecía que solo ella podía ofrecer un pequeño atisbo de luz. De esperanza.

Y sin embargo, lo único que podía sentir era fatiga… Sabía que despertaría, y seguiría fatigada. ¿Dónde estaba su luz? Solo podía ver tinieblas. Y tras ellas…

-¡Sigmund! -dijo en voz alta, y se incorporó en el lecho. Su mano ya se había cerrado alrededor de la daga que guardaba bajo la almohada. Miró a su alrededor, pero no vió nada. ¿Había escuchado realmente la voz de su amigo?

“Hola Taryc. -sintió, más que oír, una voz en su cabeza-. Hacía mucho tiempo que no hablábamos. Espero que aun recuerdes mi voz.”

-¿Sigmund? -preguntó la muchacha al aire, aún confusa.

“Veo que aun la recuerdas, me alegra oírlo. -las palabras de Sigmund parecían neutras, casuales. Pero Taryc pudo percibir que, en el fondo, estaban huecas-. ¿Qué tal os encontráis todos? ¿Por dónde andáis? ¿Estáis todos sanos y a salvo? ¿Sabéis algo del enano, o de Kaith y Sun?”

Eran muchas preguntas, y muy de repente. Aún así, Taryc intentó acometerlas tan bien como los vestigios de su sueño le permitían.

-Bueno… Estamos todos bien por ahora.. Nos encontramos ahora mismo en Media Esuarth, una ciudad entánica.. Han ocurrido tantas cosas… Por ahora hemos conseguido que esta ciudad sea nuestra aliada…

Y entonces se detuvo, dándose cuenta de sus palabras. Dándose cuenta de que aún no se creía lo que había sucedido en los días anteriores. Sonrió levemente y continuó:

-Sí, Sigmund. ¡Alguien nos cree!

>>Y sí, Kaith y Sun están aquí con nosotros… Pero el enano no… ¿No estaba con vosotros? -preguntó, extrañada.

“Sí, el enano estaba con nosotros -contestó Sigmund por su parte. No parecía que las palabras de Taryc lo hubiesen alegrado lo más mínimo-. Pero tuvo que separarse de nuestro grupo. Al parecer tenía cosas pendientes que arreglar por su cuenta. Pero, la verdad, no nos dijo el qué.”

A Taryc no le gustó aquello. Dart-Dos era un cabezota, pero era leal. La mayor parte del tiempo, al menos… ¿Qué había sido tan importante como para que abandonase a Sigmund en mitad del viaje? Esperaba que no fuese nada grave, ni nada personal entre él y el sacerdote de Crues.

-Bueno, pues cuéntame. -continuó Taryc ante el pesado silencio de su amigo-. ¿Cómo estáis vosotros? ¿Qué estáis haciendo?

“¿Nosotros? Bueno… -la voz de Sigmund tembló. La preocupación de Taryc aumentaba por momentos-. Nosotros nos encontramos todo lo bien que nos podemos encontrar después de alguna que otra rencilla, ya sabes… cosas que pasan…

“Durante mi camino nos tuvimos también que despedirnos de Azareus -continuó, cambiando bruscamente de tema-. Al parecer decidió dejar todo esto, y lo último que sé es que ahora mismo está en un monasterio Taoísta, en Wingstar. 
“También me encontré con Coren, espero que lo recuerdes: Sigue tan “gracioso” como siempre. Sigue siendo un buen compañero a pesar de eso.”

Eso podría explicar la marcha de Dart-Dos, pensó Taryc. Sin embargo, se abstuvo de interrumpir a su amigo.

“Me alegra saber que Kaith y Sun están bien. Dales recuerdos de mi parte…”

Sigmund volvió a detenerse. Taryc estaba a punto de gritarle a su amigo para que dejase la charla casual. Sus palabras eran tan vacías… La muchacha estaba segura de que ocultaba algo, pero que no se atrevía a decirlo. Le hubiese gustado tenerlo delante para darle un buen bofetón y que se centrase.

“Bueno ahora que sabemos dónde estás… -continuó el semiatlante-. Deberán ir a buscarte… Sí, deben encontrarte…

“Antes de que cierre, ¿quieres saber algo más?”

¿Cómo? ¿Ya? ¿No tenía nada más que decirle? Decididamente algo andaba muy mal. Taryc dudó tan solo un segundo. No permitiría que la comunicación se cortase.

-Nosotros también hemos encontrado compañeros nuevos. -comenzó a trompicones-. Por ejemplo, a Hansi y a su amiga Tarja. Ayudamos a salvar a la madre d Hansi, que había sido secuestrada por José Luanor… Recuerdas a Luanor, ¿verdad? Y además, hace unos días, conocimos a Raaven pero… -aquí se detuvo, pesarosa, y con un murmulló concluyó- Murió…

La tristeza la inundó, y por un instante esperó escuchar la voz de Sigmund, bondadosa, consolándola, guiándola. Pero el semiatlante no dijo nada. Taryc continuó con pesar, sintiendo como si un puño estuviese oprimiendo su corazón.

-Y concretamente ayer nos encontramos también a un grupo de caza recompensas. Venían buscándonos, ¿sabes? Por lo que pasó en Escisión, y el cartel de “Se busca”… Pero bueno, al final parece que nos van a ayudar.

>>La marcha de Daga, Hansi y Tarja ha sido inminente. Nuestros caminos se han separado. Por ahora, Ashazaar, algunos miembros del grupo de caza recompensas, Rielek, dos amigos más, un explorador y yo vamos a ir en busca d una nueva piedra del Dragoon que se encuentra, al parecer, en el desierto de Krilie. Que, bueno, no te lo he dicho, pero ahora somos cuatro Dragoons en total. Se nos han unido Idan y su mujer Iridal. Dragoon del fuego y de la luz, respectivamente.

>>Por supuesto, pasaremos por las Montañas Azules antes para buscar a la mujer de Ashazaar.
Daga, junto con otra de las personas que nos estaba dando caza, va a ir al bosque de Warath. Cosas extrañas están allí ocurriendo…

Taryc se quedaba sin nada más que contar, y Sigmund parecía seguir inmutable.

-Y bueno -continuó a la desesperada-, te vuelvo a decir que tenemos a un archiduque a nuestra disposición, junto con unos cuatrocientos soldados… Son muy pocos, pero la verdad es que es una alegría tener a gente que por fin cree en nosotros. Nos han ayudado todo lo que han podido. Les estoy eternamente agradecidos…

>>¿Y vosotros qué habéis averiguado? Cuéntame, porque quizás pueda ser crucial para nuestros próximos pasos.

El enlace mental quedó en silencio. Taryc llegó a preguntarse si los últimos minutos los había pasado hablando sola, en su cuarto. Pero entonces, las lejanas palabras de Sigmund llegaron hasta su mente de nuevo. Lentas, cautelosas. Amargas.

“Tal vez. Nosotros no hemos hecho cosas tan sumamente importantes como vosotros, siento decirlo. Nos hemos unido también a algunos nuevos compañeros, pero no hemos hecho demasiado.

“Encontramos unas excavaciones lideradas por un grupo de arqueólogos. Exploraban una tumba cerca de Wingstar, en mitad de las Montañas Azules. Descubrimos y conseguimos derrotar a una criatura que aterrorizaba al campamento, aunque con patético resultado, lamentablemente. Tuvimos que huir de allí debido a que el kender tuvo algunos pequeños problemas con un par de dagas… y un par de muertos…

“Poco después seguimos nuestro camino, hasta que éste desapareció a los pies de una pequeña villa que estaba gobernada por una abadía… se llama… llamaba… el Monasterio del Búho Rojo. Este monasterio, dedicado a Helm, guardaba una Muralla que separa la torre de Crues del resto del mundo. Aquí nos separamos de Kaith y de Sun.

“Estuvimos intentando ayudar a los sacerdotes que guardaban la muralla con un pequeño problema que tenian, pero…”

Entonces la voz de Sigmund se quiebra por fin, rompiendo su soniquete monótono, distante y vacío. Los instantes de silencio que lo sucedieron parecieron alargarse horas.

“Taryk… -la voz de Sigmund sonaba ronca, débil… destrozada. La muchacha no podía verlo, pero sabía que en aquél momento, en las mejillas del que fuera sacerdote de los muertos, relucían las lágrimas-. ¿Que he hecho? ¿Cómo he podido hacer lo que he hecho? ¿Por qué he sido tan sumamente egoísta?”

-Sigmund… -empezó Taryc débilmente, pero no tuvo tiempo de continuar.

“Taryc, escúchame… He dejado que una gran sierpe alada azul destruya toda la villa que yo estaba protegiendo… Y lo peor es que no pude hacer nada, quedé inconsciente… ¡Me dormí! Debí de haber muerto… O debí de haberme enfrentado con ese ser y haberlo destruido… pero sin embargo… no hice nada… por mi completa estupidez…

“Debo… He de pedirte un último favor. Quiero que os encontréis con Coren y el resto de mi grupo. En el pueblo en que nos separamos. En Wingstar. Debes dejar que ellos se unan a vosotros. Al menos ellos podrán ayudar en la guerra. Prométeme que harás eso, por mí. Por favor…”

-Más dragones… -dijo Taryc, alarmada-. Nosotros ya nos hemos encontrado con dos, Sigmund. Parece que la Secta está consiguiendo lo que se propone. Tres dragones, y saben los Dioses cuantos más…

-Los Dioses no existen… -la interrumpió Sigmund, destrozado. La muchacha lamentó al momento sus palabras.

-Sigmund, tú no tienes la culpa de lo que ha ocurrido. Es imposible luchar con esos seres. Por ahora sólo te pido que no flaquees, no huyas… Sigue con tus compañeros. Estamos todos juntos en esto, ¿no es así? ¡Tú mismo lo dijiste!

>>Por favor, Sigmund. No caigas ahora… Hemos visto mucha muerte… Mucha destrucción… Mucho odio… Pero a pesar de ello seguimos juntos, por muy lejos que estemos… Míranos, estamos hablando ahora como si estuviésemos uno al lado del otro. ¡Tú nos has reunido!

>>No sé en qué estás pensando, pero por favor… sea lo que sea, no lo hagas solo… Recuerda que somos amigos. Somos un grupo…

>>En una semana habremos llegado a las Montañas Azules, y entonces podremos reunirnos en persona. Pero mientras, no te atormentes… Puedo sentir que vamos por buen camino, Sigmund…

“No Taryc, ya no puedo más -lo interrumpió el semiatlante, desesperado-. Aún oigo los lamentos de aquellos que quedaron encerrados en la abadía. Fueron destruidos por el mortífero ataque de la sierpe. Los relámpagos en la noche, los gritos, el olor a carne quemada…

“No. He decidido quedarme aquí. Ayudaré a los pocos supervivientes que han quedado. Voy a ayudarlos a reconstruir el lugar y a que vuelvan, como mínimo, a su estado anterior. Se lo debo.”

-Pero Sigmund, ¡puedes hacer mucho más que eso!

“Por favor, Taryc -la interrumpió Sigmund, y Taryc pudo sentir el restallido de cada palabra en su cabeza. Se llevó las manos a la frente mientras apretaba los dientes para mitigar el dolor-. Por favor… Espero que vayáis a encontraros con Coren y los demás. Tienen documentos de suma importancia. Y, además, ellos aun pueden ser útiles en este sin sentido.

“-Por favor, respetad mi decisión. Espero que nos volvamos a ver, cuando todo esto haya acabado. No vengáis a por mí, no quiero tener que enfrentarme a ninguno de vosotros…

“Adios Taryc. Por favor, vive, y no mueras… como yo he hecho.”

La joven pudo sentir como su mente se despejaba, y una profunda sensación de soledad la envolvía en su lugar. Se quedó allí, tiritando, con los brazos apretados contra su cuerpo, sin saber exactamente qué había pasado.

Así la encontró el amanecer, cuyos rayos de sol bañaron su habitación y trajeron luz hasta su rostro. Allí se reflejaron en lágrimas, que recorrían sus mejillas. Lagrimas por un amigo muerto en vida.

-Adios Sigmun… -susurró al aire-. Cuidate.

Lágrimas que nadie más vería.

Sigmund y Coren: Ruinas del Monasterio del Búho Rojo, Montañas Azules. Al norte de la Muralla de los Dioses.
Taryc: Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
8 de Diciembre del 1508 d.S.

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Song: “Devil came to me, and he said: You belong to me”.
– Devil Came to Me, Dover.
http://grooveshark.com/#!/s/Devil+Come+To+Me/4oB2I8?src=5

Original Threadhttp://vilia.mforos.com/982396/4515008-the-contact/

Book: “Do what you will, you cannot annihilate that eternal relic in the heart of man, love”.
– Les Misérables, Victor Hugo
https://www.goodreads.com/book/show/24280.Les_Mis_rables?from_search=true

Quote: “Acepta que no tienes control, que puede pasar cualqueir cosa, que puede salir mal, incluso… Y disfruta del viaje.” – Erizo.

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Hound Archon for Paizo

Hound Archon for Paizo

El aire tenía un olor extraño.

No se trataba solo del hedor de la muerte que inundaba aquellos campos, o el del fuego y las cenizas que lo impregnaba todo como si fuera una mortaja. No. Era una aroma tenue, discreto, pero que para él no podría pasar nunca desapercibido.

Olía a mal.

El canarconte oteaba los campos que había a su alrededor desde el tejado de una pequeña casa de madera que había sobrevivido milagrosamente a la incineración de la que había sido presa el resto de la aldea. Su potente vista le permitía distinguir las huellas de herraduras y los surcos dejados por los carros sobre la tierra blanda y arenosa. Eran antiguas. Se habían dirigido hacia el norte, destrozando jardines, prados y campos de cultivo. Por su parte, las que iban en dirección sur eran mucho más recientes. Y mucho menos numerosas.

La conclusión era clara: hacía tan solo unas semanas se había librado en aquella zona una batalla descomunal. Y como siempre, los inocentes habían sido los más perjudicados.

Dejó escapar un gruñido ronco mientras enseñaba los dientes al sol rojizo. En todos los siglos que había existido, eran pocas las veces que había visto los signos de un mal tan primitivo, tan abrumador. No había pisado nunca aquél mundo en el que ahora se hallaba. Dudaba mucho de que alguno de sus compañeros lo hubise hecho en más de un milenio: ni siquiera podía sentir desde allí el enlace con Celestia. No solo eso, sino que el mero hecho de utilizar su poder en aquél lugar lo extenuaba. No hacía poco que había intentado dejar aquel extraño plano material, después de haber cumplido la tarea encomendada, y había descubierto que le era imposible. Sea quien fuese la sacerdotisa que lo había invocado menos de veinticuatro horas antes, debía de ser muy poderosa para romper el cerco planar que parecía sufrir aquél mundo. O quizás debía estar muy desesperada.

Así que allí estaba: en un mundo abandonado de la mano los Señores de la Luz, perdido en un territorio arrasado por la guerra, bajo la luz enfermiza de un astro maligno y terrible, y sin posibilidad de irse de vuelta a su plano.

El canarconte tuvo que reconocerlo: estaba confuso. Y semejante estado lo hacía enfurecerse por momentos. Detrás de aquella situación debía de haber un poderoso mal acechando, obrando sin el conocimiento de los Planos Superiores. Con toda seguridad, era aquél poder el que le impedía usar sus hechizos y volver a casa. La sacerdotisa que lo había convocado debía de ser una cabecilla de algún grupo de rebeldes que huían de la masacre, quizás una de las pocas que todavía adoraba a alguna deidad del bien. Y mientras lo que fuese que estuviese impidiendo el contacto interplanar y el uso de la magia no fuese destruido, ni él ni las criaturas de aquél mundo estarían a salvo.

Aquél olor… El arconte oteó a su alrededor, olisqueando el ambiente, su poderoso hocico comprobando todas las direcciones una a una. Por fin identificó su origen: el norte. El hedor provenía del norte.

De un salto, bajó del tejado al que se había encaramado. Algunas tejas resquebrajadas lo siguieron. Concentrándose, invocó el poder divino que le quedaba en su interior e intentó amplificarlo con la magia ambiental que había en el ambiente. Le resultó extenuante. Aquella energía arcana no era en absoluto fácil de utilizar.

Pero aún así lo hizo. En segundos se encogió varios pies, se inclinó mientras sus brazos se convertían en patas acolchadas, y sintió como las rodillas de sus piernas cambiaban de posición. Un pelaje grueso y gris cubrió rápidamente su cuerpo mientras la ropa y sus armas se desvanecían, y sus músculos se hicieron menos abultados, más fibrosos, más resistentes aunque menos potentes. Donde antes hubiera un celestial, ahora había un lobo que observaba sus alrededores con ojos inteligentes y atentos.

El canarconte volvió a olfatear el aire. Esta vez detectó vida. Gente. Tierra removida. Murallas. Basura. Una ciudad se alzaba al norte, y era allí donde aquél poder maligno se escondía. La criatura aulló al sentir el placer de la caza recorriendo sus venas y echó a correr con resolución.

Encontraría aquél mal. Lo destruiría. Y después, podría irse a casa.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Penwood (pueblo, en ruinas), Provincia de Media Esuarth, Entanas.
25 de Enero del 1509 d.S.

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Song: Forbidden Friendship, John Powell.
How to Train your Dragon OST.
http://grooveshark.com/#!/s/Forbidden+Friendship/3Sjmjg/overview?src=5

Movie: “I don’t want to talk about time travel
because if we start talking about it
then we’re going to be here all day talking about it,
making diagrams with straws.”
– Old Joe, Looper.
With Joseph Gordon-Levitt, and Bruce Willis as main actors.
Directed and written by Rian Johnson

Written by Erizo

12/11/2012 at 1:55

Consejo

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Castle Skies - by =jasonwilde

Castle Skies – by =jasonwilde

-Podéis contar con mi lealtad y mis humildes habilidades, mi señor… si es que se me permite llamaros así -declamó Cyril Darson casi como si estuviese recitando de memoria, aunque sin perder por ello una pizca de pasión-. He servido a esta tierra durante toda mi vida y, si vos lo deseáis, lo seguiré haciendo.

Maeron asintió, satisfecho. No había sido muy difícil. Aquél hombre ya entrado en años parecía más que aliviado de que alguien se alzara dispuesto a mejorar la situación de la ciudad. Probablemente no conocía nada más que los edificios y las callejuelas que había tras los altos muros que habitaba. Podía moverse entre ellos con soltura y facilidad, casi como si fuera parte de su naturaleza. Haber tenido que plantearse abandonar Media Esuarth tenía que haberle dado pesadillas.

Por todo aquello, el Maestre Darson le resultaría muy útil. Sabía qué hacer para que la región saliera adelante: tenía experiencia a la hora de organizar las épocas de siembra y de cobrar los tributos, sabía lo que requería organizar un mercado y los aranceles que eran adecuados. Conocía qué les sobraba a los productores y qué les hacía falta a los artesanos. Los señores  de la región y muchos de sus capitanes, los principales mercaderes, los jefes gremiales, los líderes religiosos… Darson hubiese sido capaz de sacar adelante toda la nación él solo, si fuese consciente de sus capacidades. Sin embargo, el servil ingeniero tenía tendencia a inmiscuirse demasiado en los detalles de todas aquellas tareas como para poder formarse una imagen global de las necesidades que había en aquellos momentos en la ciudad. Realmente, las disfrutaba.

Darson era un gran consejero, pero no era un líder. Necesitaba a alguien con visión que fijase una meta clara y concreta, y que no despegase sus ojos de ella. Alguien que fuese guiando el proceso que él iría llevando a cabo. Y eso se proponía hacer Maeron… en cuanto exprimiese todo el conocimiento que Darson pudiera darle en aquellos momentos.

-Levantaos, Cyril -dijo Maeron, ayudándolo. Darson se había arrodillado como un caballero que fuese a prestar juramento-. Me alegro mucho de poder contar con vos. Kuthan me ha dicho cuán indispensable habéis sido para preparar la defensa de la ciudad antes de la batalla contra el ejército entánico. Yo mismo he podido ver que vuestros conocimientos de los asuntos de estado son amplios y vuesta disposición encomiable. Y por ello quiero haceros una pregunta que será crucial para meses que están por venir.

Cyril asintió, la mandíbula encajada y el rostro concentrado bajo las incipientes arrugas que le imponía la edad.

-Son muchos los aspectos que involucra la gestión de una ciudad tan grande como ésta. Vos sois consciente, no me cabe duda alguna: gestión de tierras, edificación, producción agraria, gremios de artesanos, comercio, organización militar, del tesoro…

-Y religiosa, mi señor. Y también en cuestiones de leyes y justicia, impuestos y censo. Y eso tan solo dentro de la ciudad. Cada región posee un terrateniente con aldeas y pueblos a su cargo, que tienen necesidades y realizan peticiones al Ducado. Y luego, por supuesto, la atención y servitud a la corona entánica, a los inmigrantes westfállicos…

-Creo que eso último no será necesario inmediatamente, Cyril -lo interrumpió Maeron-. Actualmente, la Corona Entánica sigue siendo nuestra enemiga, hasta que nos lleguen noticias del general Parvel.

Aquello no le gustó lo más mínimo a Darson, que permaneció callado con aspecto preocupado. Así pues, Maeron continuó.

-Como bien puedo comprobar, sabes perfectamente a los aspectos de gobierno a los que me refiero.

-Sí, mi señor -contestó Cyril, obsequioso.

-Mientras el Duque Graham gobernaba la región, estoy seguro de que tendría a varias personas a su cargo para ayudarlo con todas estas tareas, llevando a cabo el cumplimiento de sus órdenes, ¿no es así?

-Sí, mi señor. El Duque Graham se servía de un consejo para estar informado y discutir sobre las decisiones que fuesen más acertadas para la ciudad.

-En ese caso, necesito saber a quiénes otorgaba el honor de formar parte de dicho consejo, y qué responsabilidades le otorgaba. Necesito dos cosas: saber qué aspectos necesito cubrir y delegar, y saber, de quienes ostentaban esos puestos, qué personas son de confianza… y están vivos.

El ingeniero asintió, y contestó con vehemencia:

-El Duque Graham se valía de los siguientes cargos para organizar su mandato. El Ingeniero Jefe soy yo mismo, mi señor, y me encargaba de las defensas de la fortaleza. También organizaba la construcción y la revisión de la mayor parte de las torres y de la muralla. Dado que este tipo de trabajo me ponía en constante contacto con los gremios de artesanos y albañiles de la ciudad, también los representaba en el consejo.

>>El cargo de Guardián del Tesoro lo ostentaba Sir Loid Harrin, hermano de Lord Gregory Harrin, terrateniente de la comarca de Endia Assai, una de las más importantes de Media Esuarth. Se encargaba de fijar los impuestos, los aranceles y las leyes de comercio. Gestionaba la Casa de Cambio de la ciudad y conocía a la mayoría de los mercaderes que pasaban por aquí. Mantenía a la Patrulla de la Mano Dorada, un grupo de recaudadores de impuestos que se hacía cargo del cobro en toda la región. También llevaba las cuentas del tesoro y gestionaba los gastos. Desapareció un par de semanas después de que el Hijo de Thrain llegara a la ciudad, cuando nos declaramos neutrales en la guerra entre Entanas y Westfallia, y no hemos sabido nada más de él…

-Eso me lleva a una pregunta importante -dijo Maeron-. ¿De cuánto oro disponemos?

-Pues disponemos de una buena reserva, mi señor, aunque menguada con respecto a lo que poseíamos anteriormente. Nuestro tesoro asciende a la suma de cuarenta mil piezas de oro, sin contar joyas y obras de arte. Nuestro mayor problema actualmente, en mi opinión, es encontrar dónde gastarlas…

-Está bien, sigue.

-Sí, mi señor. El cargo de Jefe de la Guardia, como sabréis, se concedió a Mark Volmer. Es un buen hombre, aunque detesta a la corona Entánica. Ha hecho un buen trabajo desde que está en el cargo, y es una de las personas más rectas que conozco.

>>Sir Aaron Lithern es un enviado del ejército entánico, y como tal también solía participar en las reuniones del consejo. Dado que no estábamos en guerra, su participación se limitaba a informar de las maniobras que llevaría a cabo su división y a proporcionar hombres a la guardia o coordinar patrullas siempre que se lo pidiesen. Es algo brusco, pero es un hombre capaz.

>>El pastor Eric Kromwell siempre ha estado a cargo de la agricultura, el pastoreo, los diezmos y el abastecimiento de la ciudad. Es un hombre devoto y servicial, que no se preocupa más que por la madre tierra y por sus hijos. Sus bendiciones siempre nos han proporcionado buenas cosechas.

>>El Padre Kerd lleva muchos años a cargo de la guía espiritual de la ciudad. Sirvió al padre del actual Duque Graham, y su palabra ha tenido siempre mucho peso en el consejo. Se encarga además de administrar justicia entre los peticionarios que acudían al castillo, y a los reos que habían cometido algún delito.

>>Por último, dos asientos más se reservaban para los primogénitos de algunas de las casas más importantes de la región, que hacían de representantes de la corte. Eran puestos muy disputados entre todas las familias de nobles. Los últimos en ocuparlas fueron Jerrin Eadmon y Steven Keaning. Ambos dejaron la ciudad poco antes de la batalla, y no hemos vuelto a tener noticias de ellos.

-Entiendo -dijo Maeron, meditabundo-. Y dime, Cyril… El Duque Graham, ¿en qué basaba sus decisiones? ¿Cómo decidía cuáles eran las necesidades de la ciudad?

Darson observó al ex-paladín sorprendido y asustado. Se humedeció los labios antes de contestar.

-El señor Graham siempre se preocupó enormemente por el bienestar de la ciudad, mi señor. Atendía todas las reuniones del consejo sin falta, y prestaba oidos a todas las peticiones y asuntos que surgiesen. Le afectaba muchísimo la violencia y el crimen, y solía decir que las enormes murallas no protegían a la ciudad del verdadero peligro que nos amenazaba a todos, y que se encontraba aquí -dijo, haciendo un gesto con sus brazos que abarcaba el castillo, los distintos barrios y, posiblemente toda la ciudad.

-Ya… -contestó Maeron-. ¿Y salía mucho del castillo, el Duque Graham?

-Pues… no, mi señor. Excepto para cazar algunos fines de semana, o para visitar alguna de los castillos de la provincia. No demasiado.

Maeron asintió con gesto entendido, y se dirigió a la ventana. Darson lo acompañó, sumiso.

-Mira, Cyril -dijo, y su mirada recorrió buena parte de la ciudad: edificios destrozados, calles llenas de escombros, personas que caminaban pesadamente perdiéndose entre la niebla, los restos de muralla destrozada-. Estoy seguro de que ves lo mismo que yo, y piensas en que hay que limpiar las calles, reconstruir edificios, levantar de nuevo la muralla… pero el verdadero problema al que nos estamos enfrentando no es de ese tipo.

Maeron se volvió hacia el ingeniero, que lo miraba sin comprender:

-Lucius Graham tenía razón. El verdadero pelgro está aquí -dijo, y se llevó un dedo al pecho-. Media Esuarth, sus gentes, han sufrido más de lo que nadie se merece sufrir. Están pasando hambre, frío… Y miedo, tristeza, perdida. No bastará con levantar muros o proporcionar comida. Es preciso que levantemos también a todas esas personas: su espíritu, su ánimo, sus ganas de luchar.

>>Formaré un consejo, Cyril, pero éste no se reunirá en el castillo. Tampoco me quedaré yo aquí. Las calles de Media Esuarth son el problema y, al mismo tiempo, la solución para esta situación. Ellos son la esperanza de todos nosotros. De la raza humana -Maeron no pudo evitar suspirar al recordar las palabras de Kuthan saliendo de su boca-. A ellos es a quienes debemos acudir.

>>Cyril, harás lo siguiente: irás al gremio de tejedores y encargarás cuarenta banderas y banderines. Media Esuarth tendrá un nuevo blasón. Pedirás a los sacerdotes de Thrain que bendigan todos y cada uno de esos estandartes y los colgarás de todas las torres del castillo y de todos los torreones de la muralla. Darás uno a cada patrulla de la guardia, uno para las plazas del mercado y uno para cada una de las puertas. Media Esuarth va a volver a nacer de sus cenizas, y se alzará más alta, más fuerte, más brillante.

-¿Y cuál será ese nuevo blasón, mi señor?

Maeron se volvió de nuevo hacia la ventana. Recorrió la ciudad entera con la mirada, en silencio. Por fin, sonrió. Desde luego, era una visión que a él mismo le inspiraba. ¿Por qué no iba a inspirar a los demás?

-Dos torres doradas unidas por una muralla -dijo al final-, tras la que se alza, en verde, un roble enorme. El Guardián de Media Esuarth.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
21 de Enero del 1509 d.S.

———————-

Song:
“Quien no cree en milagros,
sabe que querer es poder.
Aquel que nada tiene,
nada puede perder.”
– Contra en Viento, Warcry.
https://www.youtube.com/watch?v=Ti3PCer4a30

Movie: “If you had a chance to change your fate, would you?”
– Princess Merida. Brave (2012). Directed by Mark Andrews, Brenda Chapman and Steve Purcell

Written by Erizo

24/09/2012 at 0:38

Despedidas en la niebla

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Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Goodnight, Farewell. by =JPtHart

Una pequeña comitiva se congregó aquella mañana ante las puertas de la derruida fortaleza de Media Esuarth. Mientras cinco compañeros terminaban de cargar sus fardos a lomos de sus caballos, una veintena de personas se había reunido para despedirse de ellos. No sonaban trompetas ni había desfiles. No había banderas al viento, ni brillantes armaduras. Tampoco había risas. Y apenas algunas palabras.

Las miradas se cruzaban unas con otras por doquier. Allí estaba Bardomero, que para variar no había despegado los labios. Llevaba un pequeño laúd del que dejaba escapar algunos acordes que se desvanecían tristes en la niebla del amanecer. Se encontraban allí también Hansi y su madre, Sylvia. La mujer, otrora general de las fuerzas militares entánicas, había envejecido literalmente en los últimos meses. Aún así era una mujer fuerte, y se empeñaba en mantener erguido su torturado cuerpo sin apoyo alguno, aún a pesar de que unos días atrás no podía ni levantarse de la cama. Hansi la vigilaba con semblante preocupado, algo inédito en él. Estaba claro que, si había algo que le importaba en ese mundo, era su madre.

También se hallaba allí Coren: tan solo una figura envuelta en una túnica de un verde que parecía casi negro. Su rostro estaba cubierto, y sus manos ocultas bajo las amplias mangas, que cruzaba sobre el pecho como el monje que, se decía, había aprendido a ser. Sin embargo, el brillo de una sonrisa que dejaba mostrar sus dientes destacaba en su figura. Una sonrisa que nadie de los presentes sabía a qué se debía, o a quién se dirigía.

Maeron también estaba allí. No solo porque sintiese que les debía su presencia a aquellos que habían viajado y luchado a su lado, sino porque ahora también era el señor de Media Esuarth. Era su deber despedirlos. Al igual que lo era el darles las gracias.

No pudo evitar rechinar los dientes. Era consciente de que la situación en la que se encontraba la ciudad era a causa de buena parte de los allí presentes. Si no hubieran estado jugando a cazar sombras contra un grupo capaz de controlar dragones, Media Esuarth seguiría en pie.

Y por supuesto, si no se hubiese estado mezclando con ellos, la ciudad no sería ahora mismo suya.

-Hay mucho en lo que pensar, ¿eh? -Saryvon se había acercado a él, que ni siquiera se había dado cuenta. Sonreía, aunque su sonrisa distaba mucho de ser alegre. Algo le dijo que nunca volvería a ver a aquél hombre con una sonrisa de verdad en los labios. Puede que ni siquiera volviera a verlo.

-Pues sí -respondió el que fuera paladín-. Para empezar, en lo bien que voy a dormir esta noche cuando os hayáis marchado.

-No te pongas muy cómodo, no vaya a ser que cuando vuelvan los orcos se encuentren con las puertas abiertas y a ti metido en la cama.

-Tengo la sensación de que buena parte de esos orcos van a ir siguiendo vuestros pasos, algo de lo que no me pienso quejar. Pero en cualquier caso, para cuando lleguen los estaremos esperando.

Saryvon asintió, distraido, y observó las almenas de la muralla interior. Maeron sabía que buscaba. Entre la niebla pudo divisar las figuras lejanas de los soldados que vigilaban la ciudad, organizados en grupos de tres o cuatro, además de parejas que patrullaban pequeños tramos. Los carpinteros de la ciudad habían erigido a petición suya una empalizada temporal para cubrir los trozos de muro que habían caido durante la batalla. Pero la madera debería ser cambiada por piedra y arena en breve si es que Media Esuarth quería tener alguna oportunidad de alzarse fuerte, como había sido hasta hace poco.

-Los guardias hacen sus rondas -comentó Saryvon-. No flaquean.

-Son hombres de la guardia y soldados de Mion Boider. Son conscientes de lo que se nos viene encima. No piensan dejar que nos pillen desprevenidos.

-Protegen su tierra, sus familias, sus vidas -Kuthan se había acercado a la pareja, su voz susurrante rompiendo el fino silencio tachonado de murmullos. Maeron estaba cansado de que hubiese tantos hombres sigilosos por las inmediaciones-. Tienes suerte. Algunos también protegen su honor. Son buenos hombres.

-Sí. Pero estoy seguro de que un dragoon les ayudaría mucho en la tarea -respondió Maeron.

Kuthan sonrió y se encogió de hombros.

-Seguimos nuestros destino. Cuando volvamos, seremos seis.

-Bueno, yo solo cuento uno -lo interrumpió el guerrero-. Parece que se te han escapado cuatro. ¿Dónde se han metido?

-Aldur nos escribió desde Kipavilla, contándonos la situación allí -explicó Saryvon-. Y Taryc dijo que volvería pronto, que nos encontraríamos en la ciudad. En cuanto a Iridal…

-Bueno, no es que sea yo precisamente quien vaya a echar de menos a la bruja -comentó Maeron-, pero entiendo que podría veniros bien. No deberíais haberla dejado marchar.

Los tres se miraron sin pronunciar palabra. Con Iridal no podía hacerse nada.

-Por otro lado, si queréis un mago… -prosiguió Maeron señalando con la cabeza a Coren.

-Me parece que quieres que se quede aquí, amigo -contestó Saryvon, exhibiendo su sonrisa ligeramente torcida-. O lo que te encontrarás una noche tendrá más cuernos y olerá peor que un orco.

En ese momento, Sigmund se despidió de Hansi y se dirigió hacia su montura. Subió a la grupa con habilidad, y el sonido de cascos anunció el momento de partir.

-Bueno, espero que volvamos a vernos -dijo Saryvon golpeando con la mano el hombro de su compañero de armas-. Cuida bien esta ruina que te has ganado, y conviértelo en un sitio bonito y respetable.

Maeron se limitó a gruñir.

-¿Has hablado ya con Darson? -al parecer Kuthan quería aprovechar el tiempo que le quedaba volviendo a repetir lo mismo que llevaba diciéndole los últimos días.

-Hablaré con él hoy mismo, deja de insistir. ¡Tienes un viaje que hacer, por el Trueno! ¿Por qué no te olvidas ya de Media Esuarth y te preparas para los no-muertos que te están esperando?

-Media Esuarth es importante -insistió el explorador-. Es un bastión. El último. De toda la humanidad. Necesitas a Darson. Conoce todos los engranajes de la política de la provincia. Influye en los gremios de artesanos. Incluso en el ejército. No lo pierdas.

-Que no, no hay de qué preocuparse -suspiró Maeron-. Ahora márchate. Te están esperando.

Kuthan asintió, puede que conforme, o puede que a modo de despedida. Quizás ambas cosas. Acto seguido se dio la vuelta y se marchó en silencio. Pronto cinco jinetes estuvieron preparados para partir, rodeados de una triste veintena de personas y de la niebla, que los abrazaba. La enorme puerta que quedaba en la muralla interior se abrió para dejarles paso, pero ninguna despedida brotó de los labios de los soldados que las manejaban. Tan solo una muda súplica se destilaba de sus ojos. La de que volvieran pronto.

Una mano se posó en el hombro de Maeron, que se volvió para descubrir los ojos de Marian Thosbale observándolo con cariño.

-Los echaremos de menos -dijo con voz dulce y una sonrisa trémula.

-En absoluto -susurró Maeron.

Sus ojos siguieron al grupo hasta que se perdieron entre las calles de Media Esuarth, envueltos en la niebla. Y durante unos minutos más los estuvo buscando, intentando distinguirlos. Esperando él también que volvieran.

A su alrededor, los congregados se dispersaban poco a poco, y un acorde triste arrancado de las cuerdas de un laúd los acompañó. Y Maeron esperó un poco más.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
21 de Enero del 1509 d.S.

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Movie: “The world’s a playground. You know that when you are a kid, but somewhere along the way everyone forgets it.” – Allison
Yes Man,  2008. With Jim Carrey. Directed by Peyton Reed. With Jim Carrey as main star.

Song: “When you’re weary,
feeling small.
When tears are in your eyes,
I’ll dry them all…”
Bridge Over Troubled Water, Simon & Garfunkel.

Written by Erizo

18/09/2012 at 0:07

Media Esuarth

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Castle Ruins by *JonasDeRo

Castle Ruins by *JonasDeRo

Maeron dejó los pergaminos sobre la mesa, y echó a andar por su habitación. Se había empezado a dejar una barba recia y oscura, que ahora se acariciaba lentamente mientras intentaba ordenar sus pensamientos. Pero parecía que eran demasiados como para que aquél ejercicio fuese útil.

Media Esuarth se caía a pedazos. No solo el castillo o las murallas: la misma ciudad, su fundación y sus gentes, estaban sumidas en la confusión, escondidas en la campiña o rumbo a alguna otra ciudad, o lo que era aún peor. Muertos. Todo con lo que contaba en aquél momento era con doscientos renegados entánicos de los que tan solo podía confiar en la mitad, si era afortunado, un amasijo de esclavos y gladiadores sin orden ni concierto, y la guardia de una ciudad convertida en ruinas.

Por otra parte, las tierras de cultivo se estaban perdiendo sin nadie que las cuidara. Las que no habían ardido ni habían sido saqueadas al paso del ejército entánico se llenaban de hierbajos o sufrían el ataque de los cuervos y las alimañas. Los poblados que habían llenado la región de luces, carromatos y monedas estaban ahora desiertos y desvalijados, o suficientemente lejos como para que no pudiese acudir a ellos con rapidez. Y los señores y caballeros que los gestionaban…

Echó otro vistazo al pergamino que acababa de soltar en la mesa, y maldijo en el idioma de las ciudades libres de Nebin. El hijo de uno de esos señores, los Hamthon, le había dedicado una hermosa sarta de consejos sobre la lealtad, el honor y la justicia. Toda la cuál debía, en su juicio, a los Sigheon de Escisión, legítimos señores de la Antigua y Gloriosa Corona Entánica, y un buen número de preciosos adjetivos que no dejaban lugar a dudas sobre su postura frente a un posible conflicto. Con lo fácil que sería ir a ver a aquél señoritingo a decirle un par de palabras, a golpe de martillo si hiciera falta, y hacerlo entrar en razón. Quizás un buen golpe en la cabeza es lo que les hiciera falta, a él y a otros tantos que estaban igual de ciegos, para que abrieran los ojos y se dieran cuenta de lo que estaba en juego en aquél conflicto. Y no se trataba solo de Entanas, Media Esuarth y Westfalia. La humanidad al completo formaba parte de la apuesta.

-Debería mandar allí a Dalton Mazanegra con cien hombres, y que se encargasen de poner a alguien más abierto al mando de ese castillo… -masculló pasándose la mano por el rostro, cansado.

-Serían cien hombres menos que defendería Media Esuarth -apuntó Kuthan quedamente, su voz tan solo un susurro ronco que hablaba de tierra húmeda y árboles cubiertos de musgo-. No nos faltan enemigos, y si no nos ataca Escisión, lo harán las sombras verdes desde el Bosque de Warath. Además, no puedes confiar en Mazanegra ni en sus hombres. Muchos esperan la primera oportunidad que se les presente para cambiar el emblema de sus escudos.

-Lo sé, lo sé -masculló Maeron, y clavó la mirada en los ojos pardos de su compañero, que lo observaban impertérrito-. Y la verdad, si yo estuviese en su situación haría la misma maldita cosa. Por Sior, quién se quedaría aquí esperando a ver volver a esos dragones.

El que fuera paladín se estremeció solo de pensarlo, recordando el horror que parecía desprenderse de aquellas horribles bestias de alas correosas y dientes como espadas. Él se consideraba un hombre valiente, bravo y fuerte, pero no podía negar que el valor de un hombre, de cualquier hombre, no era nada en comparación con la inmensidad y el poder insondable, antiguo, de aquellas criaturas. Era como si las leyendas y los cuentos que le contaba su madre siendo niño se hubiesen hecho reales de repente, y en aquél momento no era capaz de recordar ni una sola de aquellas historias que hubiese acabado bien.

-La situación es complicada -admitió Kuthan-, pero aún queda esperanza. Aún nos queda tiempo.

-Aún nos quedan los dragoons, y nos apoyan atlantes -apostilló Coren, en aquellos momentos tan solo una figura oscura envuelta en sombras, su rostro oculto tras los pliegues de una capucha. El misterioso y excéntrico mago parecía haberse hecho más serio desde la batalla de Media Esuarth, pero en el fondo nadie sabía por dónde cogerlo y, mucho menos, qué esperar de él. Aún así, era el único mago que tenían, y sus conocimientos sobre materia arcana superaba con mucho el del resto de sus compañeros… si exceptuaban a Iridal, claro. Y a Iridal había que exceptuarla. No cabía otra opción.

-Los dragoons sólo son cinco, y se marchan mañana -repuso Maeron-. Los atlantes… bueno, Ashazaar parece que va a reunirse con su pueblo, aunque no apostaría porque su vuelta sea tan alegre como su partida. Para mí, al menos… Ése ser lleva buscando a su gente desde que despertó, y descubrir ahora que viven y que tienen sus propios objetivos puede que reorganice sus ideas. Una pena que esos objetivos pasen por matarnos a todos y esclavizar al resto. No creo que el color de sus alas permanezca inmaculado por mucho más tiempo. Además, está la mujer que capturó, Ishilia. ¡Ha pedido su indulto, y se la lleva de vuelta al enemigo! ¡Y nadie dice nada! ¿Qué pasará cuando vuelvan como enemigos? Conocen nuestras ideas, nuestros planes mejor que nadie.

-Ashazaar no dará la espalda a la palabra que otorgó a Sun. Volverá, o morirá en el intento. -contestó Coren.

-¿Y qué te hace pensar eso? La palabra de un atlante se pierde en el viento, según he podido comprobar hasta ahora. Y esa mujer era su prometida en otro tiempo. ¿Crees que no lo hará cambiar de idea?

-Kaith piensa que no. Y yo confío en Kaith -concluyó el mago, y sus ojos se clavaron en los de Maeron, desafiantes.

El guerrero soltó un bufido en respuesta:

-Pues entonces estás tan ciego como ella. El atlante vuelve a su pueblo, no contéis más con él.

-Los dragoons vamos en busca del sexto predestinado, pero volveremos -los interrumpió Kuthan-. Y mientras tanto, tú debes anticipar nuestra llegada. Westfallia y Entanas deben saber que los hombres se unirán de nuevo bajo el símbolo del dragón.

-Claro, les mandaré una postal a todos los señores de ambos reinos: ¿quieres saber más sobre tu futuro? “Ven a Media Esuarth y espera el retorno de los jinetes alados. Es fácil encontrarnos: somos la única ciudad con un demonio en el sótano”.

Maeron pudo ver la sonrisa socarrona que le obsequiaba Coren. Probablemente, no hace mucho, ese tipo de bromas era el que él solía utilizar. El mago le ponía los pelos de punta, y que él fuese el único que pudiese matener a aquella bestia abisal encerrada no lo tranquilizaba en absoluto. Solo esperaba que no cayese presa de la ponzoñosa lengua del demonio.

-Créeme, Maeron -dijo Kuthan, y posó una mano enguantada sobre el hombro del nebinés-. Te comprendo. La tarea que tienes ante ti es ardua, pero también necesaria. Lo único que puede oponerse a la secta del dragón, a los atlantes, o como prefieras llamarlo, es que nos unamos y luchemos juntos. Parece una tarea imposible, lo sé… pero ya contamos con el apoyo del rey westfállico, y entanas comienza a darse cuenta del engaño al que lo tienen sometido. Incluso Inakiru debe tomar parte en la guerra que se avecina.

>>El enemigo que nos acecha no solo es poderoso, sino también serpentino. Si mantiene divididos, nos hará débiles. Necesitamos un ejército, o por lo menos la semilla de uno. Necesitamos Media Esuarth, aunque sea en ruinas, porque necesitamos crear un símbolo. Aquí es donde la humanidad ha comenzado a despojarse del yugo, ha comenzado a ver la verdad. Y aquí será adonde retornen los dragoons, listos para liderar al ejército de los hombres. El ejército que tú habrás creado.

>>Si hay alguien que puede hacerlo, Maeron, ése eres tú.

Maeron sonrió, y se apartó el brazo de su amigo con un gesto rudo.

-Y una mierda -contestó-. Si voy a crear un ejército, quien lo dirija seré yo.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Castillo de Media Esuarth, en ruinas. Ciudad de Media Esuarth, Entanas.
18 de Enero del 1509 d.S.

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Mood: Quiero querer jugar a rol, hacer partida y escribir. Pero no me sale… -.-

Book:
“Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquél que nunca lee vive sólo una” – Jojen Reed
Danza de Dragones, Canción de Hielo y Fuego

Movie:
“Yipikaiyei” – Arnold Schwarzenegger
The Expendables 2

Written by Erizo

25/08/2012 at 5:16