El Camino del Erizo

Aventuras y desventuras de un Erizo dormilón… y friki!

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Hound Archon for Paizo

Hound Archon for Paizo

El aire tenía un olor extraño.

No se trataba solo del hedor de la muerte que inundaba aquellos campos, o el del fuego y las cenizas que lo impregnaba todo como si fuera una mortaja. No. Era una aroma tenue, discreto, pero que para él no podría pasar nunca desapercibido.

Olía a mal.

El canarconte oteaba los campos que había a su alrededor desde el tejado de una pequeña casa de madera que había sobrevivido milagrosamente a la incineración de la que había sido presa el resto de la aldea. Su potente vista le permitía distinguir las huellas de herraduras y los surcos dejados por los carros sobre la tierra blanda y arenosa. Eran antiguas. Se habían dirigido hacia el norte, destrozando jardines, prados y campos de cultivo. Por su parte, las que iban en dirección sur eran mucho más recientes. Y mucho menos numerosas.

La conclusión era clara: hacía tan solo unas semanas se había librado en aquella zona una batalla descomunal. Y como siempre, los inocentes habían sido los más perjudicados.

Dejó escapar un gruñido ronco mientras enseñaba los dientes al sol rojizo. En todos los siglos que había existido, eran pocas las veces que había visto los signos de un mal tan primitivo, tan abrumador. No había pisado nunca aquél mundo en el que ahora se hallaba. Dudaba mucho de que alguno de sus compañeros lo hubise hecho en más de un milenio: ni siquiera podía sentir desde allí el enlace con Celestia. No solo eso, sino que el mero hecho de utilizar su poder en aquél lugar lo extenuaba. No hacía poco que había intentado dejar aquel extraño plano material, después de haber cumplido la tarea encomendada, y había descubierto que le era imposible. Sea quien fuese la sacerdotisa que lo había invocado menos de veinticuatro horas antes, debía de ser muy poderosa para romper el cerco planar que parecía sufrir aquél mundo. O quizás debía estar muy desesperada.

Así que allí estaba: en un mundo abandonado de la mano los Señores de la Luz, perdido en un territorio arrasado por la guerra, bajo la luz enfermiza de un astro maligno y terrible, y sin posibilidad de irse de vuelta a su plano.

El canarconte tuvo que reconocerlo: estaba confuso. Y semejante estado lo hacía enfurecerse por momentos. Detrás de aquella situación debía de haber un poderoso mal acechando, obrando sin el conocimiento de los Planos Superiores. Con toda seguridad, era aquél poder el que le impedía usar sus hechizos y volver a casa. La sacerdotisa que lo había convocado debía de ser una cabecilla de algún grupo de rebeldes que huían de la masacre, quizás una de las pocas que todavía adoraba a alguna deidad del bien. Y mientras lo que fuese que estuviese impidiendo el contacto interplanar y el uso de la magia no fuese destruido, ni él ni las criaturas de aquél mundo estarían a salvo.

Aquél olor… El arconte oteó a su alrededor, olisqueando el ambiente, su poderoso hocico comprobando todas las direcciones una a una. Por fin identificó su origen: el norte. El hedor provenía del norte.

De un salto, bajó del tejado al que se había encaramado. Algunas tejas resquebrajadas lo siguieron. Concentrándose, invocó el poder divino que le quedaba en su interior e intentó amplificarlo con la magia ambiental que había en el ambiente. Le resultó extenuante. Aquella energía arcana no era en absoluto fácil de utilizar.

Pero aún así lo hizo. En segundos se encogió varios pies, se inclinó mientras sus brazos se convertían en patas acolchadas, y sintió como las rodillas de sus piernas cambiaban de posición. Un pelaje grueso y gris cubrió rápidamente su cuerpo mientras la ropa y sus armas se desvanecían, y sus músculos se hicieron menos abultados, más fibrosos, más resistentes aunque menos potentes. Donde antes hubiera un celestial, ahora había un lobo que observaba sus alrededores con ojos inteligentes y atentos.

El canarconte volvió a olfatear el aire. Esta vez detectó vida. Gente. Tierra removida. Murallas. Basura. Una ciudad se alzaba al norte, y era allí donde aquél poder maligno se escondía. La criatura aulló al sentir el placer de la caza recorriendo sus venas y echó a correr con resolución.

Encontraría aquél mal. Lo destruiría. Y después, podría irse a casa.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
Penwood (pueblo, en ruinas), Provincia de Media Esuarth, Entanas.
25 de Enero del 1509 d.S.

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Song: Forbidden Friendship, John Powell.
How to Train your Dragon OST.
http://grooveshark.com/#!/s/Forbidden+Friendship/3Sjmjg/overview?src=5

Movie: “I don’t want to talk about time travel
because if we start talking about it
then we’re going to be here all day talking about it,
making diagrams with straws.”
– Old Joe, Looper.
With Joseph Gordon-Levitt, and Bruce Willis as main actors.
Directed and written by Rian Johnson

Written by Erizo

12/11/2012 at 1:55

Silver Void

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Astral Witch, by *StrangeKobold

Viajar a través del plano astral siempre resultaba peligroso.

No peligroso en el sentido de que pudieras hacerte daño durante el viaje. Que también. Sino porque cuando viajas a través del plano astral sueles saber cuál es el punto desde el que entras, al menos si tienes suerte, pero raramente sabes cuál es el punto al que vas a llegar cuando lo abandones.

Iridal había viajado multitud de veces a través del plano astral. En las últimas semanas, de hecho, y si el tiempo se midiese igual en aquél plano y en el terrenal, podría decirse que había pasado más tiempo y recorrido más distancia dentro del plano de plata que caminando a través de praderas, montañas y caminos. Incluso si sumabas los viajes que había hecho a caballo, a pie y volando, ni siquiera se acercaba a las cifras sobredimensionadas que se obtendrían si la distancia en aquél extraño espacio interplanar pudieran expresarse en un sistema métrico que permitiese hacer esos cálculos.

Son las pequeñas maravillas de la magia.

Y sin embargo, la mayor parte de los viajes que había realizado habían acabado sin incidentes más graves que aparecer a varios kilómetros del punto de destino deseado. Hasta ahora.

El plano astral está en su mayor parte vacío. Enormes extensiones de nada se pierden más allá de la vista entre neblinosos horizontes plateados. Iridal lo sabía no por el tiempo que había pasado recientemente allí, que desde el plano material se podría considerar segundos y que para sus sentidos habían supuesto poco más. Esos viajes los había realizado a través de senderos mágicos creados por conjuros, y no permitían que el conjurador pudiese admirar el paisaje. Es necesario entrar en el Astral de otra forma para poder admirar el enorme vacío gris, e Iridal lo había hecho algo más de un año atrás.

La experiencia la había horrorizado.

-Imagina que caes al mar, muy al fondo. Te envuelve completamente, lo sientes por todo tu cuerpo. Pero a diferencia de estar completamente oscuro, puedes ver todo lo que hay a tu alrededor. Que es nada.

Dart-Dos frunció el ceño con esfuerzo mientras Truy, Mae y Kaith se miraban confundidos. Iridal hizo un gesto de impotencia y lo intentó otra vez.

-No es que haya luz. Ni siquiera hay luz en el plano astral. A tu alrededor se extiende un vacío gris plata que no dificulta ni facilita la visión, como la oscuridad o la luz. No hay nada que ver. Tan solo tú mismo, que estás allí. Y a esas alturas ya sabes que no deberías estar allí.

-¿Y tampoco había suelo? ¿Cae uno por siempre? -preguntó Dart-Dos sin acabar de estar seguro de si entendía lo que escuchaba o no.

-No, no caes -explicó Iridal-. No hay suelo, pero tampoco hay aire o gravedad. Permaneces en el sitio en donde has aparecido, a menos que decidas moverte. Y si lo decides, sencillamente te mueves. No en una dirección, ni hacia algo… solo te mueves y ya está.

-¿Quieres decir que tampoco puedes respirar, como debajo del agua? -aventuró Truy sorprendido-. No creo que pudieras aguantar allí mucho, ¿no?

Iridal empezaba a cansarse. Explicar cosas tan insustanciales a personas no instruidas en la magia era cansado y frustrante. El Astral no era un mundo, ni siquiera un plano. Llamarlo así no era más que abuso del lenguaje. Por contra, el astral era lo que había entre un infinito número de planos. Algo en lo que ningún ser vivo debería estar nunca, pues estos habían sido diseñados para habitar mundos. Incluso aunque los mundos fueran simas abisales o infiernos llameantes. El astral era distinto incluso al espacio. Allí al menos había estrellas.

De todas formas, a la mujer todavía le dolía todo el cuerpo, y apenas podía mover los brazos o las piernas. Las manos y los dedos le temblaban, y no dejaba de sujetárselos en un intento de evitar que los demás lo vieran. Queriendo prolongar el tiempo que tenía para descansar, contestó:

-No hay aire, pero no necesitas respirar. Tampoco comer ni beber. No sudas, ni te ensucias, ni te mojas. Tan solo te cansas, y necesitas dormir de vez en cuando. Pero nada más.

>>Tampoco envejeces.

-¿Es como la criogenización de los atlantes, entonces? -preguntó Kaith en voz baja, preocupada.

Iridal consideró aquello unos segundos antes de responder. Ciertamente, cabía la posibilidad de que lo que fuese que habían hecho los Alados con su pueblo podía estar relacionado con el plano astral. La psiónica tiene una naturaleza astral muy intensa por el hecho de ser una disciplina mental. Sin embargo, al no ser tan distinta de la magia arcana, no podía estar segura de si aquellas cámaras inmensas que se ocultaban en las Montañas Azules los transportaban parcialmente al Astral o era algo completamente distinto.

Por otro lado, eso explicaría porqué muchos de ellos no habían despertado aún. Y quizás, que no fueran a hacerlo nunca.

-No sabría decirlo, Kaith -explicó finalmente-. La psiónica está fuera de mi conocimiento. Puedo explicarte como funciona el multiverso… o bueno, como entiendo yo que funciona, que no es poco. Pero no he estudiado vuestra disciplina, y mucho menos lo que sea que han hecho los Atlantes en Txultal-Chib.

Aún así, le gustaría poder hacerlo, se dijo a sí misma.

Kaith asintió y se sumió de nuevo en un silencio pensativo. Fue Dart-Dos quien habló esta vez.

-Entonces, ¿qué nos ha pasado? ¿Por qué estamos en mitad de una pradera, Xitrain sabe dónde, cuando se suponía que íbamos a Nívola?

Eso, por lo menos, sí sabía contestarlo, aunque no por ello la hacía sentir mejor. No pudo evitar un escalofrío. Hubiese dado una mano, y con ella parte del Arte, por no conocer la respuesta.

-La teleportación es un arte difícil e inexacto. Involucra una transición a través del Plano Astral, que como os he contado, es un lugar más allá de cualquier lugar. Allí no hay nada: ni siquiera espacio o tiempo. Es algo que está más allá de la realidad.

>>Cuando nos teleportamos, es como si abriésemos un pequeño agujero en nuestro mundo a través del cuál nos internamos en el vacío de plata. Es un agujero hecho con magia, por lo que ella nos guía creando un conducto a través del astral. El conducto se dirige de nuevo hacia Vilia una vez ha pasado por el astral, y abre un agujero idéntico en otro punto. Sin embargo, al tener que tomar el punto de destino antes de entrar en el plano astral, la mejor de las veces el cálculo de dónde debe crearse ese punto es aproximado. De ahí que a menudo no nos teleportemos directamente en el lugar exacto al que queremos ir.

>>Ese es el comportamiento normal del conjuro. Sin embargo, en esta ocasión, no se trata solo de que nos hayamos desviado. En este caso… hemos chocado.

-¿Chocado? -la interrumpió de nuevo el enano, desconfiado-. Nos has dicho que el sitio por donde pasamos está vacío. No hay nada. ¿Con qué podríamos haber chocado?

-El Vacío de Plata es ciertamente vacío por naturaleza y nada debería existir allí. -Iridal sabía que se acercaba la parte complicada. Era un inconveniente a la vez confuso y muy entretenido, la dualidad que solía existir en el multiverso-. Sin embargo, muchos seres han pasado por el Astral a lo largo de los siglos, aunque se supone que no deberían haberlo hecho. Algunos lo siguen haciendo, como nosotros, aunque sea a través de conductos mágicos.

-Hemos chocado con otro grupo de viajeros, entonces -sentenció Dart-Dos, pero Iridal negó con la cabeza. No pudo evitar estremecerse al recordarlo.

-Existen… seres. Criaturas que habitan en el Astral, y que lo usan como hogar. Es difícil cruzarse con ellos, pero a veces ocurre -la mujer hizo una pausa-. Y existen otros seres que habitaron… y aunque ya no viven, permanecen allí.

-Como un cementerio -aventuró Truy, y por la expresión de la hechicera supo que había acertado.

-Así es. El cementerio más grande que ha existido nunca.

-¿Y qué tipo de criaturas se enterrarían en un lugar como el que nos describes? -preguntó Dart-Dos, que no lograba imaginarse cómo se enterraba a un enano en un sitio donde no había montañas y, según apuntaban todos los indicios, ni siquiera tierra-. ¿Monstruos?

Iridal negó con la cabeza lentamente.

-Dioses -dijo.

Todos se sumergieron en un silencio que mezclaba solemnidad e incredulidad. Dart-Dos observaba a la hechicera como si estuviera loca, mientras Kaith reflejaba una intensidad antinatural en sus ojos.

-Dioses muertos… -murmuró.

-Así es -contestó Iridal-. Solo que hay una salvedad.

Todos esperaron a que continuara. La hechicera tomó aliento.

-Los dioses que flotan en el Astral suelen estar muertos. Un choque con uno de ellos es altamente improbable, pero sus consecuencias son fatales. Deberíamos estar…

-Muertos -terminó Kaith por ella.

-¿Y por qué no lo estamos, entonces? -gruñó Dart-Dos mientras acariciaba el pomo de madera de su hacha, intranquilo.

-Cuando chocamos, pude volver a verlo todo -explicó Iridal lentamente, haciendo un esfuerzo porque la entendiesen tanto sus compañeros como ella misma-. El vacío de plata, moteado de blanco. La neblina gris perdiéndose en un horizonte eterno. La carencia de aire, de calor, de frío, de peso… Vi al Dios. Vi su cuerpo. Inerte, inmóvil.

>>Pero por Mystra, que sea lo que fuese lo que pasó, cuando chocamos no nos quedamos allí. No se rompió el hechizo. No quedamos atrapados, ni morimos.

>>Sea lo que fuese lo que pasó, y cómo fuera que pasara, aquél ser supuestamente inerte… nos dejó marchar.

Vilia, capítulo 4: Caminantes de Planos.
En algún lugar entre el Bosque de Warath y la ciudad de Nívola, Entanas.
2 de Febrero del 1509 d.S.

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Song: “Now we’re standing side by side
What it takes to come alive
It’s the way i’m feeling i just can’t deny
Got to let it go”
– We found Love, Lindsay Stirling
http://grooveshark.com/s/We+Found+Love/4KzxRP?src=5

Written by Erizo

19/10/2012 at 10:24